Sup. Economía Domingo, 17 de noviembre de 2019 | Edición impresa

Indicadores viejos no sirven para ver el futuro - Por Rodolfo Cavagnaro

Por Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes

Los actores económicos en la Argentina se encuentran frente a un serio dilema. Siguen apareciendo datos estadísticos del Indec que sólo sirven para quienes quieran sacar algún provecho político pero, con el resultado electoral puesto, no sirven para mucho. El problema es que estos indicadores nos marcan resultados del gobierno que termina pero no nos dicen nada del gobierno que viene.

Los datos de  Inflación serían los únicos que se pueden seguir porque siguen teniendo valor de actualidad. Como se esperaba, el IPC de octubre marcó un índice bastante menor al de setiembre (3,3%). Se espera que también sea menor al de noviembre, cuando aparecerán aumentos de combustibles y remarcaciones preventivas de precios, lo que llevaría al penúltimo índice del año cerca del 5%.

Del resto, sólo se puede observar el comportamiento de las tasas de interés y el riesgo país que dan una muestra diaria de la temperatura y siguen explicando una parte de los motivos del brutal estancamiento económico que lleva más de 18 meses.

Ambos indicadores serán los que deberán responder en la medida que el nuevo gobierno comience a tomar decisiones. El riesgo país está directamente relacionado con las negociaciones para refinanciar los vencimientos de deuda con acreedores privados, nacionales y extranjeros y con el FMI. Para que baje, debería conseguirse una refinanciación favorable que, sobre todo, permita visualizar que los mismos podrán ser pagados, para lo cual deberán presentar un programa fiscal y monetario sustentable

Tasa de interés y reactivación

La utilización de la tasa de interés como herramienta para manejar los flujos de moneda es una vieja ortodoxia monetarista que ha fracasado varias veces, incluso en EEUU donde aún se aplica pero con poco éxito. En Argentina decidieron usarla sin medir las consecuencias ya que los flujos monetarios que había que controlar, originalmente, eran alentados vía emisión del Banco Central. 

La mayor demanda en el mercado no era fruto de una mejora de la economía o de mayor empleo sino de mayor gasto público. En lugar de bajar el gasto se decidió bajar fuertemente la demanda con una tasa que prácticamente destruyó el crédito con el que se manejaban empresas y consumidores.

El nuevo gobierno intenta modificar esta situación, pero sabe que un exceso de inyección monetaria puede resultar perjudicial para bajar la inflación para lo cual intentaría recrear una situación similar a la vivida entre 2012 y 2015. En esa época, con un cepo muy fuerte, los bancos tenían excedentes monetarios y podían financiar el consumo en base a que pagaban tasas negativas respecto de la inflación y podían cobrar menos, además de algunas líneas de tasas subsidiadas.

El equipo de Alberto Fernández estima que el fuerte cepo les dejará un gran colchón disponible para prestar a los bancos. Además, el Banco Central actual ya generó una fuerte baja del 68% a 63% y se continuará en diciembre para seguir desarmando las posiciones de Leliq. Este dinero que no se ha renovado comenzó a dirigirse a operatorias como el descuento de cheques para empresas que, en el caso de la Bolsa, ha llevado a tasas cercanas al 45% para cheques avalados.

Los trascendidos indican que los nuevos funcionarios son conscientes de que en los primeros meses no se podrán dar grandes aumentos salariales por lo que acelerarán la baja de tasas para que la reactivación de consumo se genere mediante el crédito, sobre todo para bienes de consumo durable. El problema es que este tipo de estímulos sólo puede ayudar a una reactivación de corto plazo y corta duración, pero no elimina las restricciones para volver a invertir y aumentar la producción.

Aumentos de impuestos

Para poder generar aumentos de gastos el nuevo gobierno no podrá recurrir a las tasas de las Leliq, ya que significaría sacar plata al Banco Central que, como no tiene ingresos, debería recurrir a la emisión monetaria. Para esto, estarían planificando algunos nuevos impuestos y, entre ellos, vuelven a figurar las retenciones a las exportaciones de granos, aunque éste no  sería el mejor momento dado que, ante el clima internacional, la perspectiva es que los precios se mantengan deprimidos.

Entre los rumores se hablaba de un impuesto extraordinario a quienes entraron al blanqueo, aunque es peligroso porque implicaría una hipoteca a futuro. Si esto ocurre, el mercado lo tomaría como una traición y nadie volvería a entrar a un blanqueo o moratoria. Otra salida que se ha pensado es un impuesto a los que tienen depósitos en el exterior, con un efecto similar.

Pero, además, se han prometido nuevas exenciones para las pymes por lo que, visto a vuelo de pájaro, la cuenta les daría deficitaria y deberían recurrir al financiamiento del Banco Central ya que el crédito externo estará cortado por un largo período y la reactivación que pueda verse en el mercado no alcanzaría para compensar lo necesario.

Pero les queda algo más difícil. Salvo las retenciones, el resto de los impuestos serían coparticipables, con lo cual tendrían que negociar con las provincias para que renuncien a la parte que les corresponde y éstas contestarán que así no podrán seguir con las bajas de impuestos provinciales comprometidas. Un panorama muy complejo si se quieren obtener resultados demasiado rápidos.