Fincas Lunes, 9 de septiembre de 2019

Heladas: cómo proteger los cultivos

Hay acciones activas y pasivas, pero lo central es no perder lo que se cuidó durante todo el año. Algunos tips para prevenir daños.

Por Redacción LA

Llega setiembre y con él las temidas heladas tardías. Este fenómeno de frío intenso puede destruir una cosecha, porque es una época crítica: cuando las yemas de la viña están cerradas no hay riesgo de que sufran con las heladas. Los órganos preformados dentro de la yema, las futuras hojas y racimos, están recubiertos de unas fibras muy ricas en azúcar que se llaman borra.

Pero en esta época , las yemas se abren y la borra sale al exterior, por lo que los órganos quedan expuestos al frio. Las heladas tardías se dan cuando las temperaturas bajan de los -2°C y el frio congela el agua de los tejidos.

 

Como el hielo ocupa más que el agua, al formarse provoca roturas en los tejidos, haciendo que mueran. Las noches más peligrosas son las noches estrelladas y sin viento, ya que el aire helado puede actuar rápidamente congelando las yemas.

Según las particularidades que las provoquen, las heladas pueden ser de dos formas:

-Helada por convección: Sucede cuando un viñedo es invadido por una masa de aire cuya temperatura es inferior a 0 grados. Las plantas se enfrían por contacto y pueden sufrir diferentes daños según su estado fenológico (etapa del crecimiento anual en que se encuentren). Dichas masas de aire pueden ser acompañadas por vientos y precipitaciones, usualmente de nieve, y la variación de la temperatura con la altura es negativa, sin inversión térmica.

Helada por irradiación: Aquí la explicación es un tanto más compleja. Este tipo de heladas transcurren durante la noche. Sucede que la superficie terrestre y los vegetales emiten energía calorífica bajo la forma de rayos infrarrojos, y al mismo tiempo reciben las irradiaciones atmosféricas y solares que compensan la pérdida de calor. De día, la irradiación atmosférica y solar es mayor que la terrestre, por lo tanto la superficie se calienta.

 

Acciones: Todo viñatero sabe que existen la protección pasiva y la protección activa.

La diferencia es que la pasiva lleva meses de antelación y sirve para apaciguar los afectos de ese brusco cambio de temperatura que puede dañar la fruta.

La activa es un conjunto de actividades que se realizan mientras se produce la helada, para combatirla directamente.

Llegado el punto de la primavera, con acciones pasivas de por medio y con amaneceres congelados, lo que se puede hacer, dependiendo de las posibilidades de cada productor, es:

- Riego por aspersión: La utilización de aspersores se basa en que la película de agua que cae sobre el fruto se congele, y sea el mismo hielo el que mantenga aislado al fruto de una temperatura inferior a cero grados, que es la que va a registrar a su abrigo. El uso de esta técnica implica todo un estudio sobre cuando comenzar, cuando detenerlos, y el caudal de agua a utilizar, además de la elección entre las distintas variedades de aspersores disponibles.

- Las estufas: Consiste en proporcionar calor seco al ambiente con calefactores o quemadores alimentados con diferentes tipos de combustibles, haciendo subir la temperatura del aire que rodea a las plantas. Hemos visto cómo en Francia llegaron a calentar las uvas con antorchas.

 

Es conveniente colocar muchas y pequeñas, para evitar la pérdida de calor proyectada al espacio por una combustión muy grande. Suelen colocarse la mayoría en las puntas de las hileras. Se trata de un sistema complejo, caro y difìcil.

- Ventiladores: Se utilizan ventiladores de grandes hélices para realizar una “mezcla” de las distintas capas de aire y evitar el descenso de la temperatura de aquellas capas más bajas. Consumen menos energía y son más “limpios” que las estufas, pero la inversión es mayor. Su modo de funcionamiento consiste en extraer el aire de la parte superior y empujarlo con una ligera inclinación entre la torre y el suelo, mezclando así las diferentes capas.

- Riego de superficie: Se trata de un riego por inundación o “manto”, con el fin que el agua libere paulatinamente su calor al enfriarse. Es económico, pero puede acarrear una serie de peligros como enfermedades por humedad o asfixia de las raíces. Funciona mejor durante heladas por irradiación.

¿Y si la helada ya pasó?

Se puede actuar de manera rápida tras este descenso de temperaturas para ayudar a las plantas a reponerse en la medida de lo posible.

La primera labor que implica una helada tardía es el riego. El cultivo está atravesando una situación delicada, en gran medida porque ha sufrido un golpe de estrés y necesita de nuestra ayuda para volver a brotar. La clave es aumentar sus reservas hídricas. De esta manera, la planta podrá adquirir los nutrientes que necesita para poder volver a rebrotar.

Sin embargo, no es la única tarea a llevar a cabo tras una helada tardía de primavera. Una vez pasado el frío, es imprescindible revisar rigurosamente las plantas para ver el estado de una de sus partes fundamentales: los pámpanos, esa amalgama de hojas que forman las de la vid antes de abrirse. Lo ideal es esperar entre una semana y diez días para poder realizar esta evaluación del impacto de la helada tardía sobre el viñedo.

Una vez transcurrido ese tiempo, el estado de los pámpanos será el que marque la actividad. Si se han helado por completo, tendremos que esperar a que caigan esperando a que brote de ellos una yema secundaria. Si la helada ha afectado a la parte superior del brote pero no a los racimos, dejaremos que la naturaleza siga su curso para ver si pueden llegar a buen puerto. En caso de que sí haya afectado al racimo, entonces no queda más remedio que cortar.