Espectáculos Domingo, 21 de julio de 2019 | Edición impresa

Guillermo Lavado: el músico que inspiró al “Guille” de Mafalda

El flautista es sobrino de Quino. Mantiene una estrecha relación con el dibujante, que le inculcó el gusto por el cine y el arte.

Por Lorena Misetich - Especial para Estilo

Desde pequeño, Joaquín Salvador Lavado, más conocido como Quino, fue muy especial en la vida de Guillermo. No solo por ser su tío directo, hermano de su padre César (ya fallecido), sino porque sin querer, Guillermo Lavado se convirtió en uno de los personajes de Mafalda.

Ser el hermano menor de la familia Lavado lo coronó como fuente de inspiración del gran Quino cuando creó a Guille, el tierno hermano de Mafalda. Uno de los últimos personajes que incluyó en la icónica historieta del dibujante y creador mendocino.

 

Pero este detalle resulta anecdótico ante la historia y el cariño que unen al músico con su tío Quino. Justamente el miércoles pasado, el dibujante mendocino cumplió 87 años y festejó su natalicio junto a su círculo más íntimo en su casa de Chacras de Coria. Volvió a la provincia en 2017 tras el fallecimiento de su compañera Alicia Colombo y desde ese momento, sus sobrinos se transformaron en un pilar esencial en sus días. 

“Volví a Mendoza con mi familia para festejar el cumpleaños de Quino. Nos une una rica historia familiar, llena de historias y cariño. En este último período en el que él está viviendo en Mendoza, desde la distancia tratamos de estar lo más presentes posible. Y el apoyo de mi hermano Diego, y mi cuñada María Elena, ha sido fundamental después del fallecimiento de mi tía”, comenta Guillermo Lavado, flautista y músico que desde hace 28 años vive en Chile y es solista de la Orquesta Sinfónica Nacional. 

 

Niñez y juventud junto al dibujante

Aunque Guillermo y sus hermanos Alfredo y Diego se criaron en San Rafael, la distancia no fue impedimento para crear un lazo estrecho con Quino. Incluso fueron testigos de uno de los momentos más duros del dibujante antes de su exilio. 

“Quino se refugió en mi casa antes de irse a Italia. En el ’75, antes del golpe militar estuvo dos meses en mi casa en San Rafael, hasta que se calmó un poco el panorama y pudo planear su viaje a Europa”.

 

Después de ese duro momento, y ya instalado en Milán, el dibujante continuó proyectando su carrera, mientras Guille crecía y años después eligió el camino del arte y la música. 

“También mi tía Alicia fue muy importante. Yo estudié con Lars Nilsson en Mendoza y en 1984 me fui a trabajar a Buenos Aires. Ellos me apoyaron un montón en esos primeros pasos. Después me fui a Suiza a realizar un posgrado y estuvieron muy presentes, porque en ese tiempo vivían en Milán. Ahí nos veíamos periódicamente cuando podíamos viajar. Pero siempre fueron muy importantes culturalmente para mí, en relación a la música y principalmente al cine. Es una relación muy linda de muchos años desde chico”, recuerda con cariño el músico de 55 años, la huella que dejó tanto Quino como Alicia en su juventud. 

 

La curiosidad lleva a pensar, qué tan parecidas son las personas reales a los personajes de la historieta. Algo que Guille no deja dilucidar demasiado. 

“Es un personaje que no creció mucho y nació al final de la creación de Mafalda: apareció en los últimos dos o tres libros. Seguramente ha tenido un guiño de simpatía, pero cada personaje tiene mucho de la personalidad de Quino. Son una proyección sobre ciertos gustos propios. Y hay una reflexión social que Guille no tiene porque es el más pequeño”

 

La universalidad de la obra de Quino va más allá de Mafalda. Una obra impregnada por una mirada crítica, sensible y única sobre los problemas que nos aquejan como humanidad. El más universal de los mendocinos, que continúa sacando una sonrisa y reflexión a generaciones enteras. 

“Es una de las grandes riquezas de Quino, sigue siendo un clásico que toca en distintos períodos de la historia, los mismos problemas que nos aquejan, toca temas neurálgicos. Y sin hablar de Mafalda, las páginas de humor que hizo antes y después de esas historietas. Creo que aún no se termina de reconocer la importancia de esa obra, con una profundidad y consistencia que lo convierte en un clásico. Quino es un personaje único de la cultura. Si bien hubo una transformación en el humor gráfico, lo comparás con sus contemporáneos y no hay nadie que aparezca a la altura de lo que es su obra, en cuanto a permanencia y actualidad. Porque pareciera que todos los días sale una idea nueva, y son historias de hace 40 años”, sintetiza el sobrino menor del dibujante. 

 

La música, la vocación de Guille

El flautista y músico en el comienzo de su carrera se formó con el maestro Lars Nilson y fue miembro de la Orquesta Sinfónica de la UNCuyo. Tras un breve período en Buenos Aires, viajó a Suiza para continuar su formación y desde hace 28 años, se radicó en el país vecino. Miembro estable de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, también es docente en la Universidad Católica.

“Siempre he sido un poco nómade. No soñé nunca con establecerme en un lugar. Me moví por una combinación de emociones e intereses. Llegué a Chile por un ofrecimiento y en 1991 gané un concurso como solista en la orquesta Sinfónica Nacional. Uno puede cambiar un montón de cosas, pero la relación con la propia vocación te establece en algún lugar. En el período en el que viví en Buenos Aires y posteriormente con toda la inestabilidad política y económica, tuve la impresión de que sería incapaz de vivir de mi profesión en la Argentina. Cosa que no es verdad, pero me marcó bastante”.

 

En contacto con nuestro país, el flautista participó del ciclo “Música Clásica por los Caminos del Vino” y también dio conciertos en distintas provincias. 

“En los próximos meses tenemos una gira por Perú y un concierto en la Ballena Azul en el CCK con la Orquesta. Y en la Universidad gané un proyecto para grabar un repertorio que incluye canto y flauta, es de música francesa de mediados del siglo XX. Es un sueño para cualquier flautista poder grabar ese repertorio y dejar un registro”, comenta con entusiasmo sobre los desafíos que lo esperan hacia adelante. 

 

Sin renegar de sus decisiones, Guillermo Lavado se siente muy conforme con su trayectoria en Chile y no siente nostalgia por trabajar en la provincia.  

En países como la Argentina, la cultura parece un lujo en una sociedad con necesidades básicas incumplidas. Acá tampoco es fácil y decidí instalarme justo cuando estaba en un momento muy bueno laboral en Suiza. Si lo comparo, es mucho más enriquecedor lo que hice acá, que lo que podría haber hecho en Europa en una situación mucho más cómoda. Y creo que hice un aporte a la música contemporánea y latinoamericana. Y tanto acá como en Argentina eso es muy difícil. Son espacios para la cultura muy hostiles, no es nada fácil. Creo que hay que arremangarse y ser pionero”.