Opinión Lunes, 9 de septiembre de 2019 | Edición impresa

Groenlandia ¿Se puede vender? Un acto jurídica y políticamente posible - Por R. Vacarezza

Un estado puede considerar conveniente la venta/cesión de una parte de su territorio por diversos motivos políticos.

Por Rodolfo Vacarezza - Licenciado en Relaciones Internacionales. 

La compraventa de parte de un territorio de un estado por otro estado es jurídica y políticamente posible y tiene antecedentes históricos. 

En el ordenamiento jurídico internacional no existe una convención o tratado general que regule el asunto, que técnicamente es una cesión de territorio, por lo que en definitiva se rige por las disposiciones del Tratado que celebren los estados.

Un estado puede considerar conveniente la venta/cesión de una parte de su territorio por diversos motivos políticos, que se precisan y resuelven internamente (ley, plebiscito, consulta, etc.). 

En todo caso es un tema en íntima conexión con la política internacional. Históricamente se presentaron en un contexto de conflicto, con ribetes de “venta forzada”, donde las partes no se encontraban en un pie de igualdad y los vendedores generalmente eran imperios declinantes, pequeños reinos, estados en guerra civil o en apuros financieros, etc. y los compradores estados industriales, poderosos, expansionistas. 

Si bien los casos son contados, las propuestas y ofertas entre estados son innumerables. En el siglo XXI aparecen formas más sutiles, como cesión o arrendamientos por muchos años de puertos, islas y enclaves, por la cual los estados buscan proyectar su poder militar y económico en ultramar (por ejemplo, China).  

Los EEUU es el país que más ha recurrido a esta práctica, que ha moldeado sus fronteras actuales (*). El caso de Groenlandia, parece responder a imperativos estratégicos (según la administración de Donald Trump) y tiene un antecedente concreto (propuesta de compra en la presidencia de Harry S. Truman al fin de la Segunda Guerra Mundial). 

Pero la seguridad de Washington ya está cubierta por la presencia militar en la isla y el paraguas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), por cuando EEUU y Dinamarca son parte de esa alianza. Evidente es el valor de la isla, por su dimensión, recursos y ubicación.

El quid del asunto es si su población, los inuit –que se autogobiernan– quieren ser ciudadanos estadounidenses. 

Que Trump encare el asunto como una compraventa inmobiliaria resulta anecdótico y se verá si es efectiva. Pero los movimientos y presiones están en marcha como demostró la cancelación del viaje del presidente norteamericano al país escandinavo.  

* En 1917 los EEUU compraron a Dinamarca las Islas Vírgenes en Caribe, por su posición estratégica respecto al Canal de Panamá y en el contexto de la Primera Guerra Mundial.