Policiales Domingo, 21 de julio de 2019 | Edición impresa

Gil Pereg: un “gato encerrado” que vive entre la locura y las chances de zafar

Su estadía en una celda aislada en el penal San Felipe, donde escribe las paredes con su excremento. ¿Es loco o se hace? ¿Es inimputable?.

Por Facundo García - Especial para Los Andes*

Adriana Benítez, la primera vecina que denunció a Gil Pereg por dañar a los animales en inmediaciones de calle Roca en Guaymallén, sigue yendo todos los días a cuidar y darles de comer a los gatos que quedaron sin dueño tras la detención del israelí acusado de asesinar a su madre Pyrhia Saroussy (63) y a su tía Lily Pereg (54).

Los felinos eran más pero algunos murieron de forma inverosímil: “Siete en una sola noche”, puntualiza Adriana. A los tres perros que sobrevivieron, en cambio, se los llevó a su casa. Todos los bichos están en adopción, aunque nadie se lo comenta a Pereg por temor a que reaccione mal.

Hoy el detenido ocupa una celda aislada en el penal San Felipe. Tiene prisión preventiva a la espera del juicio oral y tres abogados defensores. 

 

Insiste en su inocencia. “¡Pero si yo amaba a mi madre! ¡Quería tener un hijo con ella mediante inseminación artificial!”, ha dicho.

Está imputado por homicidio agravado por el vínculo -en el caso de su mamá- y por homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego, en el caso de su tía. Ambos son delitos con pena de prisión perpetua. 

Varios perros fueron retirados del predio que habitaba el israelí. Algunos son alimentados por los vecinos. | Los Andes

Gato encerrado

Desde que su situación se complicó, Pereg repite que es un gato. Pide que lo regresen con sus “congéneres”, que lo metan en un zoológico o que le lleven algunos de sus animales al penal. Le han ofrecido hacer llamadas: él pide que pongan los felinos al teléfono.

No se baña, se orina en las audiencias y a veces escribe con su excremento en las paredes de la celda: “Pantera”, “Draki”, “Flafit”. Son los nombres de sus “hijos” maulladores. 

El preso, que afirma estar recibiendo medicación psiquiátrica por parte del personal penitenciario, se niega a limpiar. Otros internos tienen que usar una hidrolavadora para higienizar el sitio.

 

Hasta se viralizó un video en el que Pereg se “defendía” de los guardias por medio de arañazos. Para algunos es prueba de insanía; para otros, mera simulación ya que al rugir dentro del calabozo se tapa la zona genital, signo de que conoce el valor moral de sus actos.

La enajenación, real o fingida, alcanza las fronteras de lo novelesco. En otra jornada memorable, el reo juró haber recibido la visita del “Señor Badjus”, al que describió como un “gato de 500 años que vino a advertirme acerca de un diablo” que lo quería atacar. 

¿Es o se hace?

Entre múltiples disputas legales, un enigma intriga a la opinión pública: ¿es loco o se hace? Hay quien pide que lo internen en un neuropsiquiátrico. Otros subrayan que hasta hace semanas parecía un tipo consciente, orientado en tiempo y espacio.

Según Maximiliano Legrand, uno de los abogados que lo defiende, “puede haber en Gil Pereg un grado de simulación, pero eso no significa que esté cuerdo”. Es decir que a lo mejor Pereg es y se hace.

 

“Asesino de sangre fría”, “trastornado”, “psicópata”: las etiquetas que le endilgan al israelí van del mal puro a la inimputabilidad. A favor de la defensa hay algunos informes, como el que envió la Policía de Israel a través de la Oficina de Enlace que tiene ese país para América Latina. De acuerdo con el documento, Pereg “sufre paranoia”. La calificación contrasta con la perspectiva del Cuerpo Médico Forense, que desde el vamos lo declaró apto para someterse a juicio. 

La fiscal de Homicidios Claudia Ríos Ortiz no parece tener dudas. El Ministerio Público Fiscal estima que la investigación está cerrada, lista para elevarse a juicio. No será tan rápido, desde luego. Aún falta conocer los resultados de una nueva pericia sobre la salud mental del imputado ordenada por el juez Sebastián Sarmiento. 

La defensa intentará que la suerte de Gil Pereg se desvíe por otros afluentes. 
¿Finge? ¿Sufre? ¿Miente? Los últimos informes psicológicos del Cuerpo Médico Forense sostienen que Pereg ama y odia a su madre, como si se le apretujaran en la mente varios seres en disputa. Y lo que es peor, “reúne características de quien podría ejercer violencia hacia personas de sexo femenino”.

 

El escrito detalla que en su desbande simbólico, Pereg ha creado un lenguaje propio -los humanos, dice, son “criaturas de dos patas”- y es un hombre con “trastorno de personalidad esquizotípico” y “rasgos antisociales”. Eso conlleva “un alto grado de capacidad criminal, debiendo ser considerado peligroso para sí y para terceros”.

Hay otro dato que puede inclinar la balanza: los expertos opinan que, a pesar de las creencias mágicas, los gatos y los demonios en danza, Pereg es capaz de “comprender la irrealidad” de su fábula. 

Recuerdos: lejos quedó la estampa de aquel muchacho que vivía en San Martín. | Los Andes

La defensa disiente y consiguió que se efectúen nuevas pericias psiquiátricas, para las que ha convocado al prestigioso médico Mariano Castex, uno de los peritos del caso Nisman. Pronto se conocerán los resultados de esos estudios. 

“Intentamos que no haya otra víctima más. Ya tenemos a dos víctimas. Ahora estamos tratando de evitar que nuestro defendido sea la tercera. ¡Es una persona que no está en sus cabales!”, resume el abogado Legrand. 

Es la punta del iceberg. El caso sigue abierto y las incógnitas se ahondan, al igual que la compulsa entre fiscalía y defensa. 

La Escuela Canina de Adiestramiento Mendoza (Escam) recibió los 50.000 pesos de recompensa ofrecidos por la familia de Pyrhia y Lily, más otros 15.000 que se destinaron a Ayelén y su perra Ruca, que permitió la captura del israelí. 

La historia seguirá en el juicio oral que, entre recursos y apelaciones, puede demorarse.

 

Lo concreto hoy es que alguien asesinó a dos mujeres en Mendoza, un triste hábito que se perpetúa mes a mes. La posibilidad de que Gil Pereg haya matado a su madre y a su tía es injustificable y atroz.

También es atroz que un alma haya gritado de pena durante años, noche tras noche, sin que su barrio le ofreciera una mano para salir de ese infierno. Y en el centro una certeza: no hay abandono, ni delito, ni dolor que sea estrictamente individual.

Facundo García: (Mendoza, 1980) Escritor,  periodista y docente. Su libro “Preguntas de los elefantes” reúne las crónicas que escribió mientras cruzaba África. Es licenciado en Comunicación (UBA) y actualmente prepara su tesis del Doctorado en Letras (UNCuyo).