Opinión Lunes, 30 de diciembre de 2019 | Edición impresa

Gasto político: el “viejo truco” de rebajarse la dieta - Por Antonio Las Heras

Por Antonio Las Heras - Doctor en Psicología Social, filósofo y escritor

Aunque mi lugar habitual de residencia es la ciudad de Buenos Aires, por mi actividad profesional viajo por todo el país y, por ello, leí con especial atención el proyecto de la diputada Mercedes Llano, divulgado por Los Andes, destinado a bajar 30% las dietas de los legisladores mendocinos. Tengo especial interés en realizar mi análisis sobre el particular, pues la cuestión excede las jurisdicciones. Mientras escribo esto, leo que el intendente de Pinamar, Martín Yesa, bajó su sueldo al mínimo legal posible así como que el de Mar del Plata –Guillermo Montenegro– decidió disminuir su salario en un 20%. En tanto, senadores nacionales de Juntos por el Cambio presentaron un proyecto para congelar sus dietas durante medio año. Queda claro, entonces, que el tema tiene alcance nacional. 

En principio, ¿quién podría negar la importancia de que nuestros políticos tomen decisiones de ésta índole? Pero, cabe preguntarse, ¿es lo que, en verdad, necesitamos? ¿Qué ocurre que –de golpe– se iluminan con este pensamiento? No habían notado la importancia de hacerlo ni hace dos meses, ni hace cuatro, ni hace seis meses, ni hace un año. Salvo alguna excepción y, como tal, hecho aislado. 

Lleva esto a deducir que los políticos comprendieron la “buena prensa” que tiene autodisminuirse sus dietas. Medida simpática, bien recibida por el pueblo, la cual –en apariencia– implica un sacrificio. Entonces, ¿se trata de un acto sincero o estamos frente a una inversión en propaganda?

Enseñaba el prestidigitador Fu Man Chú que cuándo se hace el truco al público espectador hay que hacerlo mirar en la dirección equivocada. ¡Así no percibe el engaño! Tengo la idea de que aquí está pasando algo parecido. Y hasta muy grave. Pues el árbol de la disminución de la dieta no nos está ocultando un frondoso bosque.

Disminuir la cantidad de dinero mensual que perciben legisladores y políticos que ocupan otros cargos, ¡no es el verdadero esfuerzo! El esfuerzo real que, como ciudadanos, tenemos que exigir es que cumplan con eficacia e idoneidad las tareas. ¡Ese es el punto clave! Necesitamos legisladores que estén en las bancas cada vez que hay sesión. Que haya sesiones con la frecuencia correspondiente. Que tengan tiempo para reunirse con sus representados. Que realicen proyectos acordes a las necesidades presentes y –sobre todo– futuras, que tendremos. 

Que sean capaces de trabajar con menor cantidad de asesores y otros empleados. Obvio que eso les provocará más despliegue de sus propias fuerzas; más tiempo dedicado a la actividad que implica el cargo ocupado.

Cantidad y calidad de lo realizado. Allí tiene que verse el esfuerzo, la dedicación, la entrega de esa persona que – por decisión propia – se ocupa en hacer política. Si de legisladores se trata, que cada seis meses exhiban a sus representados la labor parlamentaria realizada, explicando los beneficios logrados para el pueblo.