Espectáculos Domingo, 14 de abril de 2019 | Edición impresa

Game of Thrones: feminismo en tiempos de guerra

Pese a que el cuerpo femenino está presente como objeto de deseo, hay en la trama múltiples signos de un viraje en la mirada.

Por Nicolás Nicolli - nnicolli@losandes.com.ar

El final de “Game of Thrones” encuentra a mujeres empoderadas como pocas veces se vio en otros vetustos productos medievales y/o de fantasía. Sin ir más lejos, las campañas en el norte y en el sur están encabezadas por Daenerys Targaryen (Emilia Clarke) y Cersei Lannister (Lena Headey). En el frente de batalla, Brienne de Tarth (Gwendoline Christie) asoma como una líder nata y despojada de estereotipos. Incluso, en Winterfell, el lazo entre Sansa (Sophie Turner) y Arya Stark (Maisie Williams) funciona como un llamado de atención a la representación machista del poder.

Sin embargo, a prima facie, las decisiones de los productores y guionistas no hacen más que subrayar al cuerpo femenino como un objeto de deseo. En ese sentido, podría calificarse de ambiguas ciertas escenas con contenido sexual, donde la mujer no está en una posición de goce, sino más bien de lo contrario. Uno de los casos más comentados fue la violación perpetrada por Ramsay Bolton (Iwan Rheon) a Sansa. Pero resultaría ingenuo haber pasado por alto la misoginia en el contexto opresor del universo.

 

“Quería que mis libros estuvieran fuertemente arraigados en la historia. La mayoría de las historias representaban la ‘Edad Media de Disney’, con príncipes en brillantes armaduras. Pero nunca mostraban cómo funcionaban esas sociedades. La América del siglo XXI tampoco es igualitaria. Todavía hay barreras contra las mujeres”, reflexiona George R. R. Martin, autor de la saga literaria. En otras palabras, si vas a retratar guerras para sólo exaltar a héroes resplandecientes y pasás por alto la violencia sexual, estás pecando de deshonesto. “La violación, desafortunadamente, sigue siendo parte de la guerra en la actualidad”, agrega el escritor.

Con el correr de la historia, la explicación toma sentido. En la tercera temporada, Dany libera a los esclavos de Astapor, entre ellos a Missandei (Nathalie Emmanuel), su posterior consejera y confidente. La charla es tan concisa como poderosa. “Te estoy llevando a la guerra. Sabés que podés enfermar o morir”, le advierte la madre de dragones, a lo que su amiga le responde: “Valar Morghulis” (en alto valyrio, ‘Todos los hombres deben morir’). Sin embargo, el remate de la Targaryen deja en claro la cuestión: “Sí, todos los hombres deben morir, pero nosotras no somos hombres”.

 

Ambas vuelven a tener otro momento brillante en la séptima y más reciente temporada. Una conocida profecía adquiere otro significado por una palabra que, en el alto valyrio, tenía género neutro. Missandei es la encargada de corregir que no se trata de un príncipe, sino del príncipe o la princesa que fue prometida. De ahondar en la pequeña intervención, podría verse un obvio tirón de orejas en tiempos de discusión sobre la exclusión lingüística.

En “Game of Thrones”, el arco de cada personaje no es al azar. Sansa es ultrajada por cada hombre que se le cruza en su camino luego de la ejecución de su padre. En el principio, sus aspiraciones se resumían en vestidos elegantes, buenos modales y un esposo protector, pero ser testigo de tantos horrores le brindó otra perspectiva. Liberada de Ramsay, fue crucial en la unión norteña y en la estocada final durante la batalla de los bastardos. Ya en la séptima temporada, se mostró como estratega, además de fortalecer el lazo con su hermana Arya, quien rompió la estructura patriarcal desde pequeña y se convirtió en una letal contrincante, sin depender de otros.

 

Afortunadamente, la lista de ejemplos continúa, lejos de estereotipos y claroscuros. Cersei no pudo ponerse la corona hasta más avanzada la serie, pero no le impidió incidir en el rumbo político del reino. Lo mismo para Margaery Tyrell (Natalie Dormer), quien aprovechó la torpeza de Joffrey y Tommen Baratheon para alcanzar sus propósitos. Ni hablar de la matriarca Olenna Tyrell (Diana Rigg), cuya edad no es impedimento para manejar los hilos de poder a su antojo y luego echarle en la cara a Jaime Lannister (Nikolaj Coster-Waldau): “He conocido a muchos hombres inteligentes, los he superado a todos, ¿sabes por qué? Los he ignorado”. O la siempre efectiva Lyanna Mormont (Bella Ramsey), una adolescente que no quiere quedarse a tejer junto al fuego mientras los hombres luchan por ella.

A favor de la serie, siempre supo dejar de lado los personajes planos y profundizar la ruptura de ciertas estructuras y roles de género que, lamentablemente, siguen vigentes.

 

De allí que hablemos del tema, ¿verdad? Quién se quedará con el trono de hierro resulta, a esta altura, anecdótico. “Dejaron el mundo peor de lo que lo encontraron. Nosotras no vamos a hacer eso; vamos a dejarlo mejor de lo que lo encontramos”, vitorea la rompedora de cadenas.