Mundo Viernes, 19 de abril de 2019

Francisco pidió por los inmigrantes, las prostitutas y los hambrientos en el Vía Crucis

El Papa eligió para las meditaciones del Viernes Santo a la religiosa Eugenia Bonetti, quien misionó en África durante varios años.

Por AFP

El papa Francisco asistió el viernes al Vía Crucis en el Coliseo, acompañado por el texto militante de una religiosa de 80 años dedicado a las esclavas modernas, incluidas las prostitutas, en las carreteras de Italia.

El Vía Crucis revive en la tradición cristiana el calvario de Jesús, desde su condena a muerte a su crucifixión, su muerte y sepultura.

 

Este año, el Papa eligió para las "meditaciones" del Viernes Santo a la religiosa Eugenia Bonetti, una italiana que durante mucho tiempo misionó en Africa y que desde hace 20 años se dedica en Italia a asistir a las víctimas de la esclavitud.

Bonetti puso en adelante a los "nuevos crucificados de la historia". En primer lugar las esclavas sexuales "utilizadas" pero "condenadas por una sociedad que rechaza ver este tipo de explotación".

Eugenia Bonetti brindó un conmovedor mensaje. | AFP

Su texto crudo y directo fue leído mientras se cargaba una larga cruz gris en el fondo del Coliseo de Roma, luego en el exterior de este lugar emblemático de las persecuciones contra los cristianos durante el imperio romano.

La religiosa enumeró los destinos de jóvenes mujeres, como el de una "menor, encontrada una noche en Roma, que hombres a bordo de coches lujosos, explotaban por turno. Y sin embargo, podría tener la edad de sus hijas". O el de tres africanas "mutiladas" por adolescentes con objetos incendiarios.

 

Bonetti llamó a "comprometerse" contra "los horribles centros de alojamiento de migrantes en Libia" y criticó a Italia evocando "los buques a los que se rechaza un puerto seguro, las largas negociaciones burocráticas sobre los destinos finales".

Alrededor del anfiteatro había unos 20.000 fieles que siguieron en silencio la ceremonia nocturna.

Más de 20.000 fieles se reunieron en el Coliseo. | AFP

En una corta oración final, Francisco pidió que se vieran "todas las cruces del mundo", las de las personas con hambre o abandonadas, pero también la "de los migrantes que encuentran las puertas cerradas por el miedo y los corazones blindados por los cálculos políticos", la de los "pequeños, heridos en su inocencia".

 

También aludió a una sociedad en plena secularización, con religiosos que se sienten "rechazados, ofendidos, humillados", y creyentes "marginados y rechazados incluso por sus allegados".