Sociedad Por las redes Viernes, 13 de septiembre de 2019

Fin del mito: ¿Tomar gaseosa light es más peligroso que la regular?

Un estudio asegura que quienes toman bebidas edulcoradas artificialmente tienen una probabilidad mayor de morir prematuramente.

Por Andrew Jacobs - The New York Times © 2019

Los adeptos a la Coca-Cola sin azúcar y a la Pepsi de dieta expresaron su angustia en los últimos días después de reportes noticiosos sobre un nuevo estudio, según el cual quienes toman frecuentemente esas bebidas edulcoradas artificialmente tienen una probabilidad 26% mayor de morir prematuramente que las personas que rara vez beben gaseosas sin azúcar.

El estudio, publicado en la revista JAMAL Internal Medicine, dio seguimiento a 450.000 europeos a lo largo de 16 años con un registro de la mortandad entre todo tipo de consumidores de gaseosa, tanto los que prefieren bebidas azucaradas como aquellos que gustan de las versiones con sustitutos de azúcar.

 

Dados los consabidos efectos de consumir demasiada azúcar, no sorprendió que los autores encontraran que la posibilidad de morir joven era 8% mayor para la gente que bebía dos o más vasos de bebidas azucaradas al día en comparación con las personas que consumían menos de un vaso al mes.

Sin embargo, el tema que acaparó la atención y que creó un nerviosismo generalizado fue la insinuación de que beber Coca-Cola de dieta podría ser aún más mortífero que ingerir la versión clásica.

“Si ponemos en contexto nuestros resultados con otros estudios publicados, quizá sería prudente reducir el consumo de todas las gaseosas y remplazarlas con alternativas más saludables, como el agua”, sostuvo Amy Mullee, nutrióloga en University College Dublin y una de cincuenta investigadores que trabajaron en el estudio, uno de los más grandes de su tipo que se han llevado a cabo hasta la fecha.

El estudio no fue algo único. Durante el último año, otras investigaciones en Estados Unidos han encontrado una correlación entre las bebidas con edulcorantes artificiales y la muerte prematura.

 

El problema, sostienen los expertos, es que estos y otros estudios no han logrado responder una pregunta esencial: ¿Consumir bebidas endulzadas con aspartame o sacarina daña tu salud o sucede que la gente que bebe mucho Snapple de dieta o Sprite sin azúcar en general ya lleva un estilo de vida menos saludable?

Algunos nutriólogos, epidemiólogos y científicos del comportamiento creen que suponer lo segundo es lo más acertado.

“Podría ser que la gente que bebe gaseosas dietéticas también come mucho tocino o quizá es porque hay gente que racionaliza su estilo de vida insano: ‘Si ya me tomé una soda de dieta, puedo comerme unas papas a la francesa’”, dijo Vasanti S. Malik, investigadora de la Escuela de Salud Pública T. H. Chan de Harvard y autora principal de otro estudio. Ese análisis, publicado en abril, señaló que el vínculo entre un consumo de edulcorantes artificiales y una mayor mortalidad en las mujeres no tenía una correlación concluyente.

 

Los autores del artículo de JAMA intentaron tomar en cuenta estos factores de riesgo respecto a la alimentación general al retirar del estudio a participantes con obesidad o fumadores; además, trataron de mejorar la precisión con modelado estadístico.

Pero David Ludwig, especialista en obesidad en el Hospital Infantil de Boston, dijo que estos supuestos estudios observacionales no pueden realmente determinar la causa y el efecto. “Tal vez los edulcorantes no son los que están aumentando la mortalidad”, comentó. “Quizá es que la gente con un riesgo mayor de mortalidad, como quienes tienen sobrepeso u obesidad, eligen beber refrescos de dieta, pero eso no resuelve sus problemas de peso y mueren prematuramente” indistinto.

Las preocupaciones sobre los edulcorantes artificiales han existido desde la década de 1970, cuando algunos estudios descubrieron que ingerir grandes cantidades de sacarina causaba cáncer en ratas de laboratorio. La Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense (FDA) emitió una prohibición temporal del edulcorante, pero investigaciones subsecuentes encontraron que el químico era seguro para el consumo humano. Los edulcorantes químicos creados más recientemente, como el aspartame o la sucralosa, también se han estudiado mucho; de acuerdo con la FDA, hay poca evidencia de que afecten de manera negativa la salud de una persona.

Algunos estudios han encontrado una correlación entre los edulcorantes artificiales y la pérdida de peso, mientras que otros han sugerido que es posible que incrementen el deseo de consumir alimentos dulces.

 

“No hay ninguna evidencia de que sean nocivos para la gente con una dieta saludable que intenta vivir una vida sana”, afirmó Barry M. Popkin, nutriólogo de la Universidad de Carolina del Norte, campus Chapel Hill. A él y a otros les sigue preocupando que dar bebidas dietéticas a niños jóvenes les provoque un gusto por lo dulce.

No obstante, muchos científicos afirman que se necesitan más investigaciones para determinar los efectos a largo plazo de los edulcorantes artificiales. La misma nutrióloga Mullee advirtió que no se debían sacar conclusiones determinantes de los datos del estudio del que es autora, aunque también mencionó que los efectos nocivos de los edulcorantes artificiales no se pueden descartar. Hizo alusión a estudios que sugieren un posible vínculo entre el aspartame y los niveles elevados de glucemia e insulina en humanos.

Para los consumidores, la falta de precisión puede ser confusa. Jim Krieger, el fundador y director ejecutivo de Healthy Food America, un grupo de defensa en Estados Unidos que aboga por establecer impuestos a las bebidas azucaradas, dijo que el nuevo estudio y otros como éste generan más preguntas de las que resuelven.

“A estas alturas lo mejor sería tomar agua, té o café sin azúcar y no arriesgarte con bebidas de las que sabemos poco”, opinó.