Opinión Sup. Economía Domingo, 26 de mayo de 2019 | Edición impresa

Falta que la política aporte certidumbre - Por Rodolfo Cavagnaro

Con mercados tranquilos, los papelones de los políticos dieron la nota peleando porciones de poder sin contenidos.

Por Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes

La economía sigue avanzando lentamente en medio de un clima electoral que termina confundiendo todo. La política tiene cada vez más incidencia pero no para clarificar sino para confundir. Mientras tanto, se cruzan indicadores viejos con otros más nuevos y realidades distintas a la espera de nuevos indicadores que confirmen esperanzas y expectativas.

Esta semana se conocieron datos de caída de la producción industrial, donde se destaca la caída del sector automotriz cuyo peso es muy grande en la matriz industrial, de la misma forma que se difundieron los datos que corresponden a los ingresos exigidos para no caer en la pobreza del mes de abril, que arrojó el dato de $ 26.500, mientras que el Indec detectó una canasta de $ 29.600 para el área metropolitana de Buenos Aires.

Por otra parte, los precios mayoristas de abril cerraron en 4,6%, lo que abre un gran interrogante sobre el traslado que se pueda generar al índice de precios de mayo. En principio, los especialistas no creen que el índice de ese mes pueda bajar de 3%, lo que muestra que la inercia inflacionaria es persistente. Y se esperan nuevos aumentos de combustibles para Junio que, aunque no sean muy grandes, generan una traslación a toda la cadena de precios.

Otro dato del Indec fue la publicación del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que confirmó lo que se esperaba, y es una caída del nivel de actividad en marzo respecto del mismo mes de 2018. La diferencia con el año pasado fue de 6,8% y era un dato esperado pero lo preocupante es que se frenó la tibia recuperación que había comenzado en diciembre y en marzo la actividad retrocedió 1,6% respecto de febrero.

La actividad estuvo muy influida por la turbulencia cambiaria que terminó impactando en la inflación de ese mes y de abril. La esperanza está puesta en comenzar a ver indicadores mejores en mayo y los meses siguientes, siempre que la inflación se vaya dominando y que el dólar no sufra embates externos, en medio de la guerra entre EE.UU. y China más otros conflictos latentes. 

Por otra parte ya comienzan a cerrarse acuerdos paritarios en varios gremios, lo que significa que muchos trabajadores tendrán incrementos para mejorar su capacidad de compra, aunque también implicará incrementos en los costos de las empresas. Si la inflación comienza bajar y los salarios se comienzan a recuperar podría esperarse una pequeña recuperación de la actividad económica.

Un elemento a tener en cuenta es el gran resultado que generó la decisión, negociada con el FMI, de darle al BCRA la posibilidad de intervenir en el mercado cuando haga falta. Esa capacidad de fuego es la que ha tranquilizado al mercado cambiario y ha mejorado el humor general. A pesar que nunca debió usarla, la sola disponibilidad persuadió al mercado y alejó a los especuladores al menos por ahora.

Obstáculos no removidos

A pesar de las expectativas positivas y el cambio de humor hay cosas que siguen siendo obstáculos que se deben remover para que se produzca un proceso de inversiones que permitan la creación de puestos de trabajo y un aumento del consumo. El más grave es la tasa de interés que paga el Banco Central en la emisión de las Leliq. Este mecanismo de absorción monetaria, sucesor de las Lebac, es simplemente, inflación reprimida. Son los grandes remanentes que quedaron del financiamiento del déficit fiscal en el gobierno de Cristina Fernández y luego en el de Mauricio Macri. Y esto es así porque las Leliq son una promesa de emisión monetaria futura ya que el BCRA no tiene ingresos genuinos para poder pagarlas y solo podría hacerlo con emisión.

El volumen es muy grande y, si bien la tasa ha venido bajando, todavía está en el orden del 70% y esta tasa motiva plazos fijos entre 50 y 55%, pero también tasas activas de los bancos que no bajan del 90% y llegan hasta el 200%. Con estos niveles no existe el crédito y sin este es impensable esperar que haya inversión y mucho menos que mejoren los niveles de consumo, sobre todo en rubros que así lo requieren como indumentaria, calzado, bienes durables (heladeras, cocinas, electrónica) y automóviles.

El gobierno deberá encontrar una solución rápida para alinear la tasa con las expectativas inflacionarias, que ya parecen alineadas a un número cercano al 40% para este año, pero en proyecciones privadas a un año desde ahora están en el 30%. En este orden, las tasas actuales son un despropósito porque nadie sabe de dónde saldrán los recursos para pagarlas o será un nuevo motor inflacionario.

Y la otra tarea pendiente está en comenzar a bajar la tasa impositiva porque el nivel de presión que ejerce la Nación, la provincia y los municipios, sumados a los elevados costos de los servicios públicos (básicamente luz y gas) hacen cada día más difícil la actividad, sobre todo de las pequeñas y medianas empresas. Pero para bajar impuestos se debe bajar el gasto para no caer nuevamente en déficit fiscal y para eso hacen falta decisiones políticas consensuadas. No se puede bajar todo de golpe pero hay que establecer un cronograma y cumplirlo seriamente.

Las propuestas de los presuntos candidatos no abordan estos temas y no se saben si es porque no los identifican como tales o porque no quieren dar opinión para no pagar costos políticos. Lo peor es pagan costos más altos por la falta de seriedad y una indisimulada búsqueda del poder de cualquier manera, aunque pongan la felicidad del pueblo en cualquier discurso fácil. Si la clase política no es seria, no habrá un futuro promisorio.