Opinión Fincas Sábado, 18 de enero de 2020 | Edición impresa

Esto es lo que hace Coviar por la vitivinicultura argentina - Por Carlos Fiochetta

Por Carlos Fiochetta - Gerente General de COVIAR

Generar propuestas basadas en información técnica, mantener mesas de diálogo en las que interactuen instituciones públicas y privadas para consensuar, ejecutar –a través de unidades ejecutoras– y gestionar acciones concretas, y rendir cuentas, son las premisas que sustentan el trabajo de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) como institución encargada de coordinar la implementación del Plan Estratégico Argentina Vitivinícola 2020.

Un ejemplo de esta forma de trabajar fue la reducción de las cargas laborales conseguida el año pasado que significó aumentar el descuento (mínimo no imponible) de las contribuciones patronales por empleado al máximo establecido y le permitió a la vitivinicultura un ahorro de 1.800 a 2.000 millones de pesos por año.

Esta fue una propuesta elaborada por técnicos del Observatorio Vitivinícola Argentino, analizada en las mesas de Coviar entre las entidades y a partir de ello respaldada por los gobiernos de las provincias vitivinícolas. En marzo de este año la Corporación Vitivinícola Argentina, como todos los años, rendirá cuentas a la vitivinicultura institucionalizada sobre ésta, las demás acciones realizadas y las que están pendientes. 

La eliminación de derechos de exportación (retenciones) para empresas que exporten por encima de su promedio, la actualización del protocolo del Sello “Alimentos Argentinos” que permite obtener un 0,5% adicional en reintegros a la exportación, la construcción de laboratorios en la zona Este de Mendoza y en San Juan, la aplicación gratuita de herramientas de viticultura de precisión para pequeños productores, la celebración del Vino Argentino “Bebida Nacional”, el “Malbec World Day” y no contar aún con la ley de uso de jugos naturales en bebidas sin alcohol serán parte de esta rendición, pero no hay que adelantarse.

Es por ello que la mesa y los espacios de trabajo de Coviar y el Plan Estratégico siempre han estado abiertos, negar esto es falaz. 

Solo el año pasado en el seno de la Corporación Vitivinícola Argentina se realizaron más de 60 encuentros y reuniones de directorio, mesa ejecutiva, mesa de competitividad vitivinícola, encuentros con funcionarios nacionales, provinciales y departamentales y talleres regionales coordinados por el INTA, para la construcción participativa y democrática de la estrategia al 2030 en los que intervinieron más de 200 organizaciones, instituciones y empresas.

Sin embargo, a quienes les resulta difícil, tedioso, incomprensible o simplemente no les gusta trabajar con estas premisas –propuestas, consenso y rendición– en un marco amplio, probablemente les complique ser parte y por eso se fueron hace ya varios años y no responden a las invitaciones periódicas a participar. 

Otra de las incógnitas que surge es ¿a que dedican su tiempo, integrantes de organizaciones como el Centro de Viñateros y Bodegueros del Este que juzgan cómodamente, mientras la cadena vitivinícola se enfrenta a cambios en el contexto social, coyunturas macroeconómicas difíciles que se hacen cada vez más largas y competidores más fuertes y concentrados? Habría que preguntarles a estas personas, no es Coviar quien puede responder esto. 

Porque mientras se genera información para entender a los consumidores, se declaró al vino como bebida nacional, se permitió al vino nuevamente hacer publicidad en la vía pública de la Ciudad de Buenos Aires o se evitó un castigo dañino para la producción genuina como era el impuesto interno al vino, a través del dialogó con el gobierno nacional y con un fuerte apoyo del Gobierno de Mendoza. Entonces, una incógnita que surge es ¿Dónde estaban? No se vio a estos directivos, directores ejecutivos y demás, en los lugares de acción.

Estas ausencias incluyen la negociación del acuerdo Mercosur– Unión Europea. Trabajar en este acuerdo significó establecer plazos para las modificaciones arancelarias y de esta manera trabajar intertanto en disminuir las asimetrías que existen entre ambos bloques, al tiempo que el acuerdo permitirá el ingreso con arancel cero de la uva de mesa y la pasa argentina a la Unión Europea y una desgravación en el tiempo para terminar con arancel cero para el mosto argentino. La gestión del reclamo fue acordada en la mesa de Coviar. 

Las mejoras en el acceso al mercado europeo incluyen el reconocimiento de 140 indicaciones geográficas argentinas, y de las expresiones tradicionales (como “reserva” o “gran reserva”) que hace años los productores de vino de Argentina buscan que se autorice en la Unión Europea. También se reconocen las prácticas enológicas, las regulaciones en materia de etiquetado, embotellado, contenido de azúcar, entre otros aspectos. Todo eso fue posible, una vez más, por la interacción público-privada en intercambios permanentes con el Instituto Nacional de Vitivinicultura.

Señalar que Coviar se opuso al acuerdo Mercosur– Unión Europea, entre otras falsedades que se dijeron en este mismo medio en una columna de la semana pasada, es desgastante. 

La crítica sin propuestas es el cero, no es más que eso lo que se advierte, denostar sin proponer, ya que incluso cuando eran parte “allá lejos y hace tiempo” tampoco eran impulsores de acciones quienes hoy critican con odio.

Se entiende que las diferencias se resuelven a través del diálogo y la cooperación, proponiendo, escuchando y debatiendo, no juzgando desde afuera y con argumentos, falsos. 

En las instituciones democráticas, la defensa ferviente de las posiciones que se hace sobre la mesa es una virtud, no un defecto y hay que reivindicarlas, buscando permanente el consenso. Es deshonesto lo opuesto, cuando las críticas se hacen desde afuera, poniendo la responsabilidad en otro por no ser capaz de defender las propias ideas y convencer a los demás de su viabilidad. 

Todas las instituciones y formas de trabajo son perfectibles y el Plan Estratégico Vitivinícola y la Corporación Vitivinícola no escapan a ello, con propuestas, apertura y la búsqueda permanente de consensos las herramientas de política sectorial se pueden transformar. Solo con la crítica y el reclamo no alcanza.