+ SUSTENTABILIDAD Sábado, 28 de septiembre de 2019

Entre el fuego y un sabor amargo

En sólo un mes pasaron múltiples cosas, pero hay dos en las cuales quiero centrar especialmente la atención.

Por Tais Gadea Lara, Editora de contenidos periodísticos - @TaisGadeaLara

Parece que fue ayer cuando inauguramos este suplemento con la primera edición y acá estamos, ya con una segunda parte con material listo para informar y concientizar. Gracias a quienes han enviado mensajes de apoyo y alegría por este nuevo espacio, gracias a los que nos leen y a los que consideran que podemos (y debemos) generar impacto positivo.

Tais Gadea Lara

En sólo un mes pasaron múltiples cosas, pero hay dos en las cuales quiero centrar especialmente la atención. En primer lugar, los incendios en la Amazonía que, contrario a lo que se cree, en algunos focos continúan activos. Entre imágenes fake news que no correspondían al lugar y/o al momento, el contacto con colegas y organizaciones locales fue la clave para mantenernos informados y para informar. Las cifras de focos de incendio del 2019 evidenciaron un notable incremento en Brasil respecto del mismo período del año anterior. ¿Las causas?. Múltiples y consideradas por unos u otros, según conveniencia.

La época del año marcaba temporada de sequía en el calendario, pero lo cierto es que las del 2019 no fue tan severa; por lo que los incendios no pueden atribuirse únicamente a una cuestión meteorológica. Otra de las temporadas en esta época es la quema, práctica de uso del fuego para manejo del suelo. Y ahí es donde se complementan esas otras dos causas de las que algunos prefieren no hablar: los intereses del agronegocio para expandir la frontera agrícola y la ganadería intensiva, y una serie de medidas del gobierno de Jair Bolsonaro tendientes favorecer el desarrollo comercial del área en lugar de su conservación.

Fue el propio Bolsonaro quien esta semana, en su discurso ante el Debate General de la Asamblea en Nueva York, acusó a los medios de comunicación locales e internacionales de ataques sensacionalistas, y limitó las causas de la situación a la sequía y a las prácticas de quemas locales.

Los incendios no sólo afectaron el territorio brasileño, sino que también se extendieron por otros países de la región amazónica, como Bolivia. Pensar en la gravedad de los efectos que estos incendios pueden tener es considerar algunas cifras del Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF): es el hogar del 10% de la biodiversidad conocida y contiene entre el 17 y 20% del agua dulce del planeta. Pensar en esa gravedad es también considerar a las comunidades originarias que allí habitan y que históricamente han tenido un vínculo más armonioso con la naturaleza.

La Amazonía posee el 10% de la reserva mundial de dióxido de carbono (CO2) almacenado, situación que es fundamental para la lucha ante el cambio climático. Y esto me lleva a pasar al segundo tema: los eventos climáticos que se sucedieron esta última semana en Nueva York. Los habíamos anticipado en la primera edición y finalmente llegaron. Con algunos anuncios que buscan incrementar la ambición de acción climática, el sabor general que dejó la Cumbre sobre la Acción Climática fue amargo. No estuvo a la altura de lo que exige la ciencia como necesario ni de lo que los jóvenes reclamaron en una movilización histórica en las calles. La nota central de esta edición, escrita desde Nueva York, busca profundizar sobre lo allí ocurrido.

Los cambios drásticos que se requieren para hacer frente al cambio climático no dependerán únicamente de los gobiernos, sino de todos los actores, incluyendo el sector privado. Y por ello resulta imprescindible leer a Yolanda Kakabadse en la conversación que tuvimos durante su visita a Mendoza. Los hechos de este mes nos movilizan desde la información, pero, sobre todo, nos tienen que movilizar para la acción.