Opinión Jueves, 28 de noviembre de 2019 | Edición impresa

Enseñar historia de las ciencias - Por Armando Fernández Guillermet

Por Armando Fernández Guillermet - Cátedra de Historia de la Ciencia, FCEN.Universidad Nacional de Cuyo.

En esta nota me propongo considerar el desafío educativo de incorporar una perspectiva histórica en la formación universitaria de licenciados y profesores en Ciencias. En primer lugar, como introducción a sus motivaciones educativas clave, presento sinópticamente dos experiencias internacionales que se convirtieron en clásicos del siglo XX. Posteriormente me ocupo de una iniciativa en desarrollo en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEN) de la UNCuyo. 

 Después de la Segunda Guerra Mundial diversas universidades de Estados Unidos y Europa se interesaron en la difusión de la Historia de la Ciencia. Así, en 1948 el profesor Herbert Butterfield ofreció en la Universidad de Cambridge una serie de conferencias, compiladas en el libro “Los orígenes de la ciencia moderna” que es aún utilizado como material de referencia. En el mismo, Butterfield plantea que el campo de mayor importancia para los fines de la educación, en Humanidades y en Ciencias, es el de la Revolución Científica (RC), la cual se ubica usualmente entre los siglos XVI y XVII, pero tiene sus orígenes en un período mucho más antiguo. Butterfield argumenta que la RC transformó el modelo del universo físico y cambió el carácter de las operaciones mentales habituales, incluso en las ciencias no materiales, afectando así la vida misma de los humanos. Por esto la RC cobra una dimensión tal, como la verdadera fuente de la mentalidad moderna que, para este autor, dejaría en la sombra todo lo acaecido desde el nacimiento de la Cristiandad. 

En 1957 Stephen Toulmin y June Goodfield dictaron en la Universidad de Leeds un curso de Historia de la Ciencia, el cual dio origen a otro libro clásico: “La trama de los cielos”. Dedicado a los orígenes de la ciencia moderna, el curso fue seguido con creciente interés por estudiantes de Humanidades y de Ciencias. Esto afianzó en Toulmin y Goodfield la convicción de que la evolución de las ideas científicas, en particular, la génesis de nuestra visión “de sentido común” del mundo, es una parte importante del ámbito en que convergen los estudios científicos, históricos y literarios. Por tal razón el estudio del proceso por el cual esta concepción alcanzó su forma presente, es de interés para quienes se forman en Ciencias y para quienes lo hacen en Humanidades. Según Toulmin y Goodfield, este fundamento común constituye, además, la base sobre la cual existiría la esperanza de reanudar el diálogo entre personas de las denominadas “dos culturas” –la de las Humanidades y la de las Ciencias–, un diálogo debilitado o interrumpido, que en otros tiempos se daba por supuesto. 

Sobre esta base de ideas e ideales dialógicos y humanistas retornaremos al siglo XXI para analizar la experiencia de formación de licenciados y profesores en Ciencias Básicas (CsBs) –con orientaciones en Biología, Física, Matemática o Química– y de licenciados en Geología, que lleva adelante en Mendoza la FCEN-UNCuyo. El  ciclo básico de dichas carreras incluye un curso obligatorio de Historia de la Ciencia, que se dicta desde 2006, el cual está centrado en el estudio de la RC, con los siguientes objetivos generales: (i) ofrecer conocimientos sobre el surgimiento y evolución de las CsBs; (ii) explorar las raíces históricas de las relaciones entre las áreas temáticas de las CsBs incorporadas al Ciclo Básico; y,  (iii) ofrecer mapas histórico-conceptuales que tornen inteligible el surgimiento y evolución de las CsBs en el contexto de una tradición cultural más amplia, a la cual pertenecen también: (a) la reflexión y el diálogo filosófico; (b) el estudio sistemático del ser humano y las sociedades; (c) el Arte; (d) las Humanidades; y, (e) la invención de técnicas y tecnologías para el desarrollo y control de materiales y procesos.  

Sobre estas bases se seleccionaron las siguientes áreas temáticas generales: (I) La ciencia en el contexto de la tradición intelectual europea;  (II) La Revolución Copernicana; (III) Matemática y experimento en la “Nueva Ciencia”: Gilbert, Bacon, Galileo; (IV) Descartes: filosofía mecanicista y ciencia mecanicista; y, (V) La obra Isaac Newton en el marco de la RC.

Teniendo en cuenta los fines formativos más amplios de la asignatura se adoptó, desde el inicio, una metodología de dictado que se propuso favorecer una interacción académica intensa entre los estudiantes y la Cátedra, mediante la incorporación de instancias de lectura, interpretación y análisis de los textos sugeridos, el intercambio amplio de ideas, la reflexión compartida y el diálogo crítico. 

A partir de 2013 la Cátedra incorporó también: (a) la realización, individual o en grupo, de un trabajo denominado “Proyecto de Iniciación a la Investigación (PII)” en un tema seleccionado entre los contenidos del Programa o motivado por un interés personal o grupal; y, (b) nuevas instancias de orientación y asesoramiento para el desarrollo del PII.  

Estas innovaciones se enmarcan en el interés en diseñar, implementar y evaluar alternativas de intervención pedagógica que favorezcan el desarrollo progresivo, por parte de los estudiantes, de las capacidades para: (i) la interrogación y contextualización; (ii) el abordaje de diversos discursos y niveles de interpretación; y, (iii) la identificación de premisas, supuestos cognitivos y condicionantes extra-cognitivos. 

La expectativa es que este curso de Historia de la Ciencia aporte a la formación interdisciplinaria de profesores y licenciados, creando un contexto de saberes e ideales propicio para el diálogo y la alianza solidaria entre las CsBs y las Humanidades. De esta manera se avanzaría hacia el logro de los fines multidimensionales de la Educación Superior, los cuales son, a la vez, científicos, humanistas y emancipadores.