Espectáculos Sábado, 9 de noviembre de 2019 | Edición impresa

Enríquez, Almada, Gainza y Guerriero: semana dorada para la literatura argentina

En una seguidilla de premios internacionales, ellas demuestran que el mundo mira atentamente lo que escriben las mujeres argentinas.

Por Daniel Arias Fuenzalida - darias@losandes.com.ar

La literatura argentina pesa. Pesa con muchos nombres célebres, pero pesa especialmente en los últimos años por las mujeres que la escriben. Y a quien le quede duda al respecto, o quiera objetarlo, que apunte lo que pasó esta semana: en un lapso de pocos días, cuatro premios internacionales fueron a parar a las manos de cuatro escritoras argentinas. 

Nos referimos a Mariana Enríquez, quien recibió el codiciado Premio Herralde de Novela que da anualmente la editorial española Anagrama; a Selva Almada,  galardonada con el First Book del Festival del Libro de Edimburgo, Escocia; a María Gainza, Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2019 que otorga la Universidad Autónoma de México, y a Leila Guerriero, quien ganó el Manuel Vázquez Montalbán, distinción del Colegio de Periodistas de Cataluña a las voces imprescindibles de ese oficio.

 

El último premio es significativo, de hecho, porque a las cuatro (cada una desde su enfoque personal) las une un mismo nervio, que es el periodismo y, luego, la literatura de no ficción. Pertenecen a un magma que no puede ignorar a Claudia Piñeiro, a María Moreno, a Gabriela Cabezón Cámara y a Samantha Schweblin, entre otras.

Enríquez: fuego que crispa terror

El Herralde, que consta de 18 mil euros y la publicación de la obra premiada, “Nuestra parte de noche”, es nada menos que la consagración de Mariana Enríquez (46), escritora y periodista. Se convirtió así en la primera mujer argentina en ganar este premio, después de Alan Pauls (2003), Martín Kohan (2007) y Martín Caparrós (2011). Su nombre circula desde hace años en las librerías, editada por la propia Anagrama, cautivando a lectores con sus atmósferas oscuras, sus arrebatos sobrenaturales y una prosa que atrapa y de la que es difícil desatarse.

Enríquez, que es la subeditora del suplemento Radar del diario Página/12 y docente, dio muestras de su mundo “dark” en novelas (“Bajar es lo peor”, “Cómo desaparecer completamente”, “Éste es el mar”), libros de cuentos (“Los peligros de fumar en la cama”, “Las cosas que perdimos en el fuego”) e incluso sensibles crónicas, como

“Alguien camina bajo tu tumba”, un compendio de sus viajes por distintos cementerios del mundo. 

En “Nuestra parte de noche”, por lo que se sabe, vuelve a una historia de terror pero sin agotar el argumento en ello. Al contrario, hay lecturas políticas y psicológicas sobre los protagonistas: un padre y un hijo que atraviesan Argentina por ruta, desde Buenos Aires hacia las Cataratas de Iguazú, en la frontera norte, en plena dictadura militar. En el interior de esta novela, calificada por los jurados como una “novela total” (de la estirpe de “Cien años de soledad” o “Rayuela”) se descubren casas mutantes, pasadizos con monstruos, rituales con sacrificios humanos, andanzas en el Londres psicodélico de los años ‘60 y enigmáticas liturgias sexuales.

 

En palabras de ella, es “una novela gótica desmesurada y polifónica sobre la herencia como maldición”. Se publicará el 27 de noviembre en España y llegará a Argentina poco después. 

Almada: el dialecto del interior

Si algo caracteriza a Selva Almada (46) es su interés en el interior del país. Nacida en Entre Ríos, en sus libros se respiran páramos inhóspitos de nuestra geografía, pequeñas historias, muchas veces invisibilizadas. A veces son ficción, y otras veces no. Con “Chicas muertas” (2014), donde cuenta desgarradores casos de femicidios, dejó en claro que su literatura es ante todo política. Y tan bien retrata lo que se vive en las provincias lejanas de la Capital que fue convocada por Lucrecia Martel para escribir la crónica de rodaje de “Zama”, “El mono en el remolino” (Literatura Random House, 2017). Ése es su último libro, porque “El viento que arrasa”, con la que ganó el First Book del Festival del Libro de Edimburgo, data de 2012. 

Es que ese premio va destinado a las primeras traducciones a la lengua de Shakespeare. “The Wind That Lays Waste” se midió con otros 45 libros, elegidos por especialistas y finalmente por el voto del público, que destinó al libro de Almada comentarios como estos: “Este libro es una obra maestra: bello, oscuro, minimalista” o “Uno de los mejores libros que he leído hace tiempo”. 

¿La historia? En el Chaco, un reverendo junto a su hija inician un viaje por rutas perdidas.

En un auto destartalado, respiran el paisaje árido y el calor insoportable, hasta terminar en un taller mecánico, atendido por un hombre y un chico. Beatriz Sarlo elogió el estilo:

“Todo es raro y original para la ficción argentina que conozco: no era literatura urbana, no había ironía ni guiños a la comunidad literaria. La autora no contaba una historia autobiográfica”, dijo. “El viento que arrasa” fue editado por Mardulce y aún está en el catálogo de algunas librerías, por $ 450. 

 

Gainza: solitaria y audaz

Entre todas las premiadas, el caso de María Gainza es especial: también viene desde el periodismo, pero el especializado, pues ha sido crítica de arte de Radar de Página/12 y la revista ArtForum. Sin embargo, al contrario que sus colegas, es la que menos ha publicado y la que más rápido se ganó un nombre en las librerías internacionales, especialmente europeas. 

Para ello fue crucial la edición que hizo Anagrama de “El nervio óptico”, un texto inclasificable, que divaga entre el cuento y la novela; entre el minimalismo y cierta postura artificiosa; entre la reseña periodística y la más descarnada autobiografía confesional. Gainza continúa la mejor literatura argentina, porque su voz es difusa: es el narrador incierto que describía Piglia al referirse a Borges o Uhart. La idea de que a veces el sentido no se termina de construir y, en esa leve vacilación, el narrador se humaniza, al tiempo que el universo narrativo se difumina. “El nervio óptico” se tradujo rápidamente a varios idiomas y sólo tuvo elogios. 

Sin embargo, el Premio Sor Juana Inés de la Cruz corresponde a su segundo libro de ficción, “La luz negra” (Anagrama, $ 595), donde vuelve a jugar con el mundo del arte (una crónica detectivesca protagonizada por una crítica de arte) y un territorio híbrido.

Ésa es la palabra que mejor la define: “Me gustaría que me saliera una ficción clásica, pero mi estilo es un híbrido, calculo que porque soy periodista y mi formación transcurrió en el mundo del arte. No me muevo por los circuitos oficiales de la literatura”, contó a diario Clarín a raíz de este premio. 

Si en sus libros se traduce ella misma, podemos intuir a una mujer solitaria, con algunas obsesiones entrañables y, sobre todo, adicta a la pintura. Una mujer a la que le cuesta viajar en avión y prefiere el perfil bajo, por no decir pasar inadvertida. De hecho, pese a la gran proyección internacional que ha tenido, mucho más no se sabe de ella. 

Guerriero: la crónica pulsional

El Manuel Vázquez Montalbán es un codiciado de periodistas. Guerriero (52), muy conocida y leída a ambos lados del Atlántico, es una fuerza literaria descomunal. Todos sus libros, también en el catálogo de Anagrama, dan cuenta de su oficio, que es, desde un enfoque personalísimo de la realidad, poner a maquinar la escritura: sobre todo en base a personajes reales. Ella es una maestra del perfil. En su obra son abundantes, y el último publicado, un retrato entrañable y despiadado del pianista Bruno Gelber, fue aplaudido de pie. “Opus Gelber” (Anagrama, $ 950) es una auténtica joya de literatura de no ficción.