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Enrique Pfaab: "Si es cierto que la crónica es una moda, me parece que ha durado mucho"

El periodista y escritor mendocino acaba de publicar su segundo libro, "El Ánima Parada y 20 sucedidos de pagos chicos".

Por Rolando López - rlopez@losandes.com.ar

Considerado como uno de los dúctiles cronistas de la provincia, Enrique Pfaab acaba de editar “El Ánima Parada y 20 sucedidos de pagos chicos”, su segundo libro (en 2018 publicó “Relatos de Rodeo del Medio”). Se trata de un compilado de crónicas, un género en el que el autor se mueve con la solvencia y sobre todo con una gracia difícil de encontrar en los textos periodísticos actuales, “hoy se cree que con una información de tres párrafos es suficiente”, opina Pfaab.

Al margen del mercado editorial, el autor ha encarado la venta del libro en las redes sociales. Y no le ha ido mal: “los voy vendiendo a tandas”, sostiene mientras cuenta los billetes que, sin prisa ni pausa, le deja la obra.

Querido y admirado por sus colegas, Enrique -alguien que puede contar con gracia el nacimiento de un átomo- deja algunos conceptos sobre el género de la crónica que hoy, según él, “no es una moda” y goza de salud.

 

- Especialistas afirman que el auge de la crónica iba a ser una moda pero parece que se ha instalado, ¿qué decís al respecto?

- Cuando era niño, leía crónicas de los años ‘50. Una tía me había regalado una colección muy completa de Selecciones, del Reader's Digest. Había buenas cosas allí. Si es cierto que la crónica es una moda, me parece que ha durado mucho. Y si se refieren a que todos quieren escribir crónica en estos días, me parece que eso se contradice brutalmente con la teoría de que ahora nadie lee. Me parece que la cuestión es más simple: siempre se ha escrito crónica, por más que no se la haya llamado así.

- ¿Por qué algunos editores impulsan a los periodistas a hacer textos cortos en detrimento de los de largo aliento?

- Porque están confundidos. Creen que la información urgente debe ser breve y que publicar primero es lo único que vale. Yo puedo asegurar que en una información de tres párrafos la mayor parte de la historia se quedó afuera y no se está contando. No está mal como un adelanto de una información, pero solo es un adelanto y nada más que eso.

 

- ¿Qué no le debe faltar a una buena crónica?

- Un buen primer párrafo, y un segundo, y un tercero, y así. Lo primero es un relato. A mí me gustan aquellas que se detienen en los detalles, que sacan de foco lo que podría ser noticia y la comienzan a contar desde otro lado. Pero una buena crónica no se hace con un molde y quien quiere escribirla, no debe ir atado a ideas o formas preestablecidas, porque corre el riesgo de desperdiciar una buena historia.

- ¿Y a un buen cronista?

- Si yo lo supiera, sería uno. Pero todavía estoy tratando de serlo o, al menos, de ser mejor. En todo caso, puedo decir que un buen cronista debe tener los ojos y la cabeza abierta y una libreta de apuntes. Y no olvidar jamás que lo importante siempre es la historia y no quien la escribe.

 

- ¿Cuál de los textos de tu último libro es el que más te gusta y por qué?

- Estos 21 textos son historias de pueblo contadas por vecinos, seleccionadas de unas 80. Por lo tanto, he elegido las que más me gustaron. Es cierto que alguna de ellas tiene cierto contenido autobiográfico y, por ende, es la que más me llega a mí.

- ¿En qué modificó -para bien y para mal- la irrupción del periodismo online?

- Creo que el periodismo es uno solo, el resto es un invento de las empresas periodísticas. Hay periodismo bueno y malo, sin que influya el soporte. Hay cosas excelentes en internet y bodrios espantosos en papel, y a la inversa.

- ¿Cuáles son tus referentes en la crónica?

- Ayer Truman Capote, hoy Leila Guerriero, mañana veremos. Mi opinión varía con el clima.

- ¿Cómo te las arreglás para publicar en medio de la gran crisis editorial?

- No lo sé. Improviso, supongo. Este libro me lo diagramó un amigo y me imprimió los primeros 20 ejemplares casi por sorpresa. Los vendí, mano en mano, e imprimí otros 50. Y voy haciendo así, a tandas. Trabajé vendiendo libros en la calle en otra época de mi vida y me siendo muy cómodo haciendo esto. Incluso en otro tiempo era cronista de policiales de un diario de mi ciudad y por las noches salía como canillita a vender los primeros 30 ejemplares que salían ¡Y ganaba más como canillita que como periodista! Por ahora no imagino meterme con una editorial. Soy cuentapropista y me sienta bien.

- ¿Qué es lo mejor que te ha dado el oficio?

- Desde 1998, momento en el que empecé a escribir como forma de ganarme la vida, este laburo me ha permitido alimentar a mis hijas, comer y beber con mis amigos, generar nuevos afectos. Seguramente lo hubiera conseguido también si seguía trabajando de jardinero, mi oficio de la niñez, pero resultó que fue este, el de periodista / escritor, y estoy agradecido por eso.