Opinión Fincas Sábado, 20 de octubre de 2018 | Edición impresa

Enólogos que trabajan para enólogos: ¿contrato laboral o de obra y servicios?

"El nuevo código dibuja un panorama mejor, al definir los contratos de obra y servicios".

Por Valentín Francisco Ugarte - Abogado especialista en derecho vitivinícola

El nuevo Código Civil y de Comercio recoge realidades, que no contemplaba el anterior, que resultan aplicables a la relación entre enólogos en la producción de cultivos de vid y elaboración de vinos, por medio de la regulación del contrato de obra y servicios. De esta manera aumenta la seguridad jurídica, al delimitar cuándo se está en presencia de contrato de obra o servicios o laboral  entre  esos profesionales. 

Hasta entonces existía una tendencia de disfrazar una verdadera relación laboral, utilizando un traje de contrato autónomo o profesional.  Tener a un enólogo en relación de dependencia implica desembolsar además del salario bruto, el coste de aportes patronales, ART, vacaciones, despidos, antigüedad y las indemnizaciones, etc.

Sin embargo, hay un único gasto para quien  contrata a alguien en un régimen autónomo: la cantidad a pagar por el trabajo que realice. Los límites entre uno y otro régimen (laboral/autónomo) no estaban del todo definidos legalmente. A veces, la relación laboral aparecía encubierta por una beca o pasantía, o de aparente autonomía de varios contratos temporales sucesivos, para satisface una necesidad no puntual.

Eran, en uno u otro caso,  los tribunales los que debían decidir, a la vista de las pruebas aportadas, si nos encontramos o no ante una relación laboral o una de carácter profesional o autónomo.  

Ahora, el nuevo código dibuja un panorama mejor, al definir los contratos de obra y servicios crea un obstáculo para evitar abusos, y facilita que un enólogo que es contratado por otro puede estar seguro de  las normas, del contrato de obra y servicio o laborales, que lo afectan por su trabajo. 

Cuando los servicios son prestados en relación de dependencia se rigen por las normas del derecho laboral, señala el nuevo código mercantil. Ajenidad en los resultados, dependencia y retribución suelen ser las tres notas definitorias para considerar que existe una relación laboral. Cuestiones como realizar labores de cuidado y conducción de cultivos, preparación de suelos para plantación (en el lugar propio o del empleador), a quién pertenecen las herramientas o medios con los que se trabaja (maquinaria, laboratorio, por ejemplo), o como responsable de bodega  conforme a instrucciones del empleador enólogo,  los horarios, una retribución fija, o tener vacaciones pagadas son aspectos que pueden ser claves para considerar como laboral a quien reclame es tipo de relación contractual.  

En contraposición a lo descripto respecto al contrato laboral, en el  contrato de obra o servicios, el profesional (enólogo) contratado a veces puede serlo para un misión independiente de su eficacia (asesorar en el modo de concretar la poda), o para otra, de obra, cuando se requiere un resultado eficaz, reproducible o susceptible de entrega ( análisis, certificaciones);  presta sus servicios con independencia, autonomía; con medios y organización propia; libertad horaria; posibilidad de delegación de encargos y retribución pactada, con factura.  

Con vistas a completar esta novedad el nuevo código, no deroga las previsiones especiales (por ejemplo en materia de regulación de la profesión del enólogo) que resultarán aplicables a las relaciones jurídicas subsumibles en dichos cuerpos normativos ante ausencia de previsión específica.