Editorial Miércoles, 10 de julio de 2019 | Edición impresa

En Transporte, una cadena de errores

Se deberá revisar la incidencia de los factores humanos en el manejo de grandes unidades de transporte. Además, mejorar la señalización.

Por Editorial

Han pasado varios días pero aún se mantiene la conmoción por el grave accidente del ómnibus en la provincia de Tucumán y su penoso saldo de 15 personas muertas. Era un contingente de jubilados mendocinos, que viajaba feliz a pasar unos días de esparcimiento y descanso en las Termas de Río Hondo.

Con qué poco esas familias podrían haber concretado su paseo normalmente y no concluir en una tragedia. Los choferes deberían haber previsto una contingencia tan habitual en nuestros caminos en invierno, como son los bancos de niebla y haber llevado la unidad a una marcha baja o mediana, no importa que de esa forma los horarios de llegada se hubieran trastocado.

Inclusive, concedemos que el camino estaba en condiciones de regulares a malas y que la cartelería vial era pobrísima. Otorgamos estos aspectos a favor de los responsables de la conducción de la unidad, pero en el marco de sus funciones deberían haber previsto estas contingencias, empleando un manejo a la defensiva… No tuvieron en cuenta esas herramientas tan válidas y sencillas de cumplir, y el vuelco del pesado y elevado ómnibus arrastró a la muerte a varios pasajeros y causó heridas de distinta gravedad a otros usuarios.

Todo evitable, desde el punto de vista que estamos desarrollando… Lo mismo dijimos para otros incidentes seguidos de muerte de micros que tuvieron siniestros en Mendoza: en febrero de 2017, en la ruta nacional 7, a la altura de Horcones, un colectivo volcó y dejó 19 víctimas fatales. Se dirigía de Mendoza a Chile. La causa, la alta velocidad.  

Meses más tarde (junio de 2017), el escenario de la desgracia fue la ruta 144 (Cuesta de los Terneros), al perder estabilidad el ómnibus que llevaba chicos de una escuela de danzas de Gran Bourg (Buenos Aires): 15 muertos y 21 heridos. Meses después, en el fin de semana largo de la Navidad de 2018, una mujer y dos chicos fallecieron al volcar la unidad en la que se desplazaban de Chile a Mendoza. El chofer se quedó dormido. Todo evitable, repetimos, si en los cuatro casos se hubieran concretado los mecanismos de precaución y responsabilidad que hacen falta para trasladar de un punto a otro a millones de personas.

Hay que apelar a la reflexión y a la acción de todos los sectores involucrados en el traslado por vía terrestre de pasajeros, cuya demanda, pese a estos siniestros, seguirá siendo muy alta. Porque la necesidad pública de la “movilidad social” obliga, o debería obligar, a poner máximo rigor en la seguridad de la prestación.

Por eso sigue vigente la pregunta de ¿cuán seguro es el transporte automotor de pasajeros? ¿Este desenlace, del cual la comunidad local todavía no se sobrepone, era evitable? El conductor del ómnibus (y el colega que iba con él, en ese momento en pasiva) sabían que una medida elemental ante un banco de niebla o neblina, es disminuir significativamente la velocidad, manteniendo las luces de emergencia encendidas (sin hacer uso del destellador porque éste indica vehículo parado) y de esa forma reducir el peligro de alcance y choque del o de los vehículos que eventualmente pudieran venir detrás. De la misma forma con esa merma de velocidad, las posibilidades de que el rodado perdiera la estabilidad también bajaban considerablemente.    

A eso se añade que si la calzada no estaba en su mejor condición (como se ha probado), sin líneas horizontales visibles ni señalización vertical, también la respuesta a esa situación era desacelerar. Al bajar la velocidad, aumenta el tiempo que un chofer tiene para visualizar la carpeta asfáltica y maniobrar y apreciar el radio de giro de la curva y tomarla sin que se desestabilice el vehículo. 

Es lamentable que lo mismo se haya narrado  en ocasión de los accidentes que ocurrieron en Mendoza en 2017 y 2018, con grandes unidades de pasajeros accidentadas. Deberá insistirse de manera rotunda con la capacitación de los planteles profesionales de conducción y el control del estado de seguridad que deben acreditar los automotores de estos servicios, especialmente en lo que concierne a frenos y sistemas mecánicos, sin olvidar los cinturones de seguridad, que parece que ahora fallaron o no todos los viajeros los llevaban puestos, lo que siempre tiene que ser una obligación más que deben asumir los encargados del manejo.

Más allá de la responsabilidad que se determine judicialmente por el trágico accidente de Tucumán,