Guarda14 Miércoles, 23 de octubre de 2019

En el INTA, los vinos de vides criollas tienen otro sabor

Allí, se realizó el II Encuentro de Vinos y Variedades Criollas de Argentina. Más de 80 personas evaluaron los vinos mediante degustación.

Por Redacción LA

Por estos días, se realizó en la Bodega Experimental del INTA Mendoza, el II Encuentro de Vinos y Variedades Criollas de Argentina. Contó con la asistencia de productores y elaboradores de la región de Cuyo, comprometidos con la valoración de las variedades criollas.

La primera parte del encuentro estuvo dedicada al trabajo técnico que se viene realizando en el INTA Mendoza en las últimas temporadas. En la primera disertación, a cargo de Jorge Prieto, investigador de la institución, se desarrolló el alcance del proyecto, los objetivos y el modo de abordaje de la problemática.

 

El proyecto consta de tres etapas: identificación de variedades en la colección de vid de la Estación Experimental Mendoza INTA y en viñedos antiguos de productores; luego, la caracterización genética con la cual se determina la variedad y el origen parental del varietal; y la caracterización enológica, evaluando su potencial y la tecnología que se adapta a la elaboración.

Más de 80 asistentes participaron y degustaron elaboraciones con estas uvas. / Gentileza.

La segunda charla, a cargo de Rocío Torres, de INTA Mendoza, trató sobre la diversidad de variedades criollas de vid que se han identificado en el marco del proyecto, destacando que muchas de ellas permanecen desconocidas por el sector productivo y que representan una oportunidad para el desarrollo de productos de calidad y con identidad propia.

Durante su disertación, Torres explicó que las variedades criollas son las que descienden de la cruza de los cepajes traídos a Sudamérica durante el periodo colonial, y por ello sólo se encuentran en algunas regiones vitícolas de Sudamérica.

Sandra Neme, de la consultora MDZ Wine, hizo referencia al mercado internacional y los requerimientos que los productos deben cumplir en relación a los estándares de calidad actuales. Hizo referencia a la historia del malbec, a la problemática de la exportación de vinos de Argentina y a las ventajas de nuestros productos respecto a los de otros países competidores.

Las variedades criollas son las que descienden de la cruza de los cepajes traídos a Sudamérica durante el periodo colonial.

En la segunda parte del encuentro, se abordó la caracterización sensorial de los vinos de las variedades en estudio. Estuvo dirigida por Gustavo Aliquo y Santiago Sari, de INTA Mendoza.  

Se cataron 10 cultivares diferentes, elaborados a escala piloto: Uva Anís, Blanca Oval, Moscatel rosado, Canela, BV 12, Moscatel amarillo, Ferra, Criolla n°1, Criolla chica y Balsamina Patagónica. Al momento de elaborar el vino, en algunas de estas variedades se probaron variantes tecnológicas como la estabulación y la aplicación de levaduras no saccharomyces.

La importante concurrencia al encuentro (aproximadamente 80 personas), constituyó un plus para lograr un espectro más amplio de opiniones, recogidas durante la degustación.

 

Los asistentes en general destacaron el perfil aromático, la buena acidez y el volumen en boca de las muestras. Para el equipo multidisciplinario del INTA que impulsa desde hace años este tema -integrado también por Elena Palazzo, Federico De Biazi, Esteban Volcato y Martín Fanzone- fue útil y estimulante que el público del sector pudiera apreciar la diversidad de productos obtenidos, de alta calidad enológica a partir de cultivares criollos.

Por último, también se degustaron muestras comerciales de distintas variedades criollas (11 vinos). Hay que resaltar que algunos elaboradores han visto en las variedades criollas una posibilidad de diferenciar sus productos y no parece un camino a desestimar, ya que existe una buena aceptación de los consumidores, sobre todo los jóvenes, lo que hace pensar en perspectivas positivas de venta en el mercado local e internacional.

Organizada por INTA Mendoza, la jornada fue posible gracias al apoyo económico de la Universidad Juan Agustín Maza y la colaboración de la UNCuyo y el programa Cambio Rural del INTA.