Sociedad Miércoles, 22 de mayo de 2019

Un casting que vuela alto: las historias de los mendocinos que se postularon para Emirates

Los nervios y el frío impacientaron a los jóvenes que mostraron su talento para convertirse en tripulantes y viajar por el mundo.

Por Nicolás Nicolli - nnicolli@losandes.com.ar

Cualquiera que pasara temprano este miércoles por el hotel Park Hyatt pensaría que una estrella internacional estaba alojada. Pero en realidad, al acercarse, la realidad era totalmente distinta: una fila repleta de jóvenes que estaban a un “sí” de cumplir su sueño de volar por el mundo y trabajar como tripulantes de cabina en la conocida Emirates Airlines.

Si bien la hora pactada del Open Day Mendoza era a las 9, desde las 7.30 un grupo de 10 valientes se congregó en calle Chile, frente a la plaza Independencia. Los temblores corporales eran una extraña mezcla entre los nervios por la anhelada entrevista y las inevitables consecuencias de hacer vigilia en la mañana más fría del año. Debajo de los abrigos, por supuesto, la indumentaria requerida para guiar a los pasajeros en altura.

 
Orlando Pelichotti / Los Andes

Marcela, de 22 años, fue una de las primeras en llegar. “Había unas 10 personas cuando llegué a las 8. Vine a probar suerte, tengo estudios de Hotelería, pero es mi primera vez en una entrevista de este tipo”, contó a Los Andes. A medida de que transcurrían los minutos, los interesados debían dar la vuelta por Sarmiento para ubicarse al final y obligar así a los organizadores a acelerar los llamados.

En consecuencia, el ingreso al hotel céntrico fue de grupos de unas 100 personas y las entrevistas apenas se extendieron por 30 segundos, de acuerdo con lo que contaban los que salían aliviados.

Orlando Pelichotti / Los Andes

“Me preparé para azafata en el Centro Nacional de Estudios Aeronáuticos (Ceneas). Hay que tener manejo de idiomas. Es la primera vez que vengo a uno de una aerolínea. Queda el o la que tenga predisposición para trabajar. La aviación es una pasión”, confió Ayelén (22).

Facundo (31) llegó al Hyatt acompañado por Celina (29), a quien conoce por trabajar en un hotel. Ambos licenciados en Hotelería y Turismo, coincidieron en el carácter estricto de la profesión, aunque destacaron que es el momento ideal en su vida para dar el “volantazo”.

“Es mi segunda vez en un casting, antes fui en Buenos Aires hace unos años. Pero esta es la revancha. La propuesta es muy interesante y es una chapa que te da una de las mejores empresas. Estoy cómodo donde estoy trabajando, pero vengo a probar suerte”, subrayó Facundo.

 

Algunos optaron por seguir a rajatabla los requisitos de la búsqueda de la empresa, pero otros se animaron a romper paradigmas y salir de la zona de confort prestablecida.

Si bien la mayoría se desconocía entre sí, había una pasión en común. De allí que el caso de Nahuel (22) y Florencia (25) destacara sobre el resto. Ambos son hermanos. Él estudia Hotelería y trabaja en un hotel. Ella viene de un universo totalmente ajeno: es arquitecta. Curiosamente, la calculadora del clan convenció al otro de asistir al casting para Emirates Airlines.

Nahuel (22) y Florencia (25), los hermanos que se animaron a postularse. | Orlando Pelichotti / Los Andes

“Soy arquitecta y me recibí hace un año. Ahora estoy con trabajos particulares, pero la cosa viene dura. Me gusta viajar, hablo inglés y estoy aprendiendo idiomas. Tengo expectativas positivas, pero es cierto que viene mucha gente profesional”, señaló Florencia, tras dirigirle una mirada cómplice a su hermano.

Con valija en mano: algunos mendocinos delinearon hasta el último detalle para la ocasión. | Orlando Pelichotti / Los Andes

Otro caso es el de Martina (21), quien cursa segundo año de Arqueología en la Universidad Nacional de Cuyo. “He trabajado de moza. Estuve dudando hasta el final de presentarme porque estaba haciendo la carrera. Lo que más quiero es viajar y no importa dejar la familia. Mi plan era estudiar y luego irme a otro lado. Es sacrificado, pero tiene sus puntos a favor. Las oportunidades laborales son pocas”, dijo.

 

Mientras tanto, en la entrada del hotel, los cafeteros ambulantes también jugaban a la suerte porque, sea cual fuera el resultado, los que salían de su entrevista no podían negarse a un café y una tortita tras vivir horas de desconcierto e intranquilidad.

“Se mezclaban la ansiedad, los nervios, el estómago que te duele… Es linda la experiencia. Una vez que entrás, te relajás. Te explican cuáles son los requisitos básicos. Sería ideal quedar. A la tarde nos avisan. Si tu nombre está resaltado quedás y pasás a la siguiente etapa”, comentó Cintia (26), entre suspiros y notable alivio a la espera de cerrar una jornada que, pese a lo que ocurra, quedará guardada para su prometedor futuro.