+ Deportes Opinión Miércoles, 2 de octubre de 2019

El temeroso Alfaro y la espada de Damocles - Por Pablo Philippens

Por Pablo Philippens

Mientras disfrutaba de una lujosa cena llena de alimentos de primer nivel, sentado por un día en el sillón de Dionisio I y rodeado de bellas mujeres, el cortesano Damocles notó la enorme espada sobre su cabeza. Peligrosa. Amenazante. Luego el miedo, la renuncia y el retorno a su vida de ciudadano común. Todo un símbolo de la cultura griega. 

La Real Academia Española definiría el concepto de esta leyenda como "la persistente amenaza de un peligro". 

Y el Damocles de estos días en el fútbol argentino podría ser Gustavo Alfaro, el entrenador de Boca Juniors que quizá transite sus últimos partidos al frente del "Xeneize" culpa de sus repetitivos esquemas mezquinos y defensivos frente a River Plate, el rival de toda la vida. 

¿Respeto, prudencia o miedo? 

"Nacho Fernández es el mejor jugador del fútbol argentino", aseguró a la TV Juan Román Riquelme una vez consumado el histórico triunfo riverplatense en Madrid, lo que se tradujo en la cuarta Copa Libertadores de América para los de Marcelo Gallardo en diciembre de 2018. 

Román tenía razón. El flaco de River marca, quita, genera, asiste, ordena y llega al gol. Todo lo que se le puede pedir a un jugador top. Aunque no solo el ex Gimnasia La Plata brilla en el rojiblanco, que con la victoria 2-0 en el Monumental quedó muy cerca de volver a sacar del camino a Boca para acceder a una nueva final continental. 

Armani, Casco, Pérez, De la Cruz, Palacios y Borré son solo algunos de los artífices de este presente "Millonario", comandados todos por un sobresaliente Gallardo que cada vez entiende mejor el juego. 

Hasta ahí todo claro, pero... ¿Gustavo Alfaro debía respetar tanto a River? ¿Reconocerse tan inferior y tomar decisiones siempre ligadas al retroceso de sus líneas no le jugaron una mala pasada? ¿Es Boca digno de esta clase de planteos, esquemas tácticos y estrategias? 

Alfaro, ex DT de Arsenal, Tigre, Atlético de Rafaela y Huracán, entre otros, parece no haberse enterado que desde hace un tiempo conduce al primer equipo de uno de los clubes más importantes del mundo. Su conservadora y temerosa manera de planificar los encuentros ante River no le ha dado buenos resultados: 0-0 por la Superliga sin cruzar mitad de cancha y 0-2 por la Copa, siempre en el Monumental. 

Cómo se explica la necesidad de cuidar el cero en el arco propio a costas de dejar en el banco de suplentes a figuras desequilibrantes como Mauro Zárate, Sebastián Villa, Eduardo Salvio y el propio Carlos Tevez. 

¿Por qué Soldano jugó de volante por derecha cuando siempre ha sido centrodelantero? ¿El ex Unión es más que Salvio y Villa en la posición del 8? ¿A qué entró Tevez, en el marco de qué sistema? ¿Por qué el Xeneize llegó solo tres veces con peligro al área rival en 95 minutos?  

Alfaro supo conseguir resultados cuando le tocó dirigir equipos "chicos", con intérpretes sin mucha presión, en torneos locales. Pero Boca es otra cosa, su historia, la lista interminable de pergaminos internacionales, las estrellas históricas, la gloria que supo conseguir... demasiado como para que todo eso quede despilfarrado por el erróneo convencimiento de que primero hay que defenderse bien y después ver qué pasa. 

Es cierto también que si a este River le jugás golpe por golpe muy posiblemente te termine haciendo daño. Tiene mejor funcionamiento, orden táctico y resto físico. Y una mentalidad ganadora que imprimió Gallardo en el plantel desde su arribo como adiestrador. Pero Boca es Boca y no puede darse el lujo de seguir dejando esta imagen. Debe ir al frente casi por una cuestión de obligación. 

El VAR, siempre el VAR 

Mucho se habló del videoarbitraje (VAR) en el juego de ida de semifinales. Veamos. ¿Fue penal de Mas a Borré? Claramente sí. ¿Merecía Lisandro López ver la roja por doble amarilla? Sí. ¿Podría Enzo Pérez haber sido amonestado antes? Sí. ¿Estuvo bien expulsado Capaldo en el final? Sí. ¿Incidió la labor del brasilero Claus en el resultado final? No. 

Pos derrota en Núñez, no hubo autocrítica en el elenco visitante. Ni del DT ni de sus jugadores. Las declaraciones mediáticas solo apuntaron al árbitro y a supuestos dotes actorales de los futbolistas riverplatenses.  

Pareciera que el problema no es el funcionamiento del VAR, el problema es cuando falla en contra del equipo al que apoyamos. Y contra esa forma de pensar no hay argumento técnico ni discusión posibles.  

Cerca de la medianoche del martes 22 de octubre llegará a su desenlace esta nueva historia entre River y Boca por la Copa Libertadores. El elenco rojiblanco va con ventaja de dos goles, pero el hincha Xeneize sabe que los jugadores dejarán la piel para dar vuelta el resultado. ¿Es posible la remontada?  Sí, siempre y cuando su entrenador abandone, al menos por 95 minutos, su doctrina tradicional y excesivamente preventiva. Si no cambia a tiempo, la espada de Damocles se terminará desprendiendo del pelo de crin de caballo.