Opinión Domingo, 8 de diciembre de 2019 | Edición impresa

El sello de una gestión - Por José Luis Toso

Por José Luis Toso - jtoso@losandes.com.ar

Alfredo Cornejo deja en pocas horas la conducción provincial. ¿Queda su sello político? Sin duda, marcó notables diferencias en el estilo de gestión y de adaptación a las circunstancias con respecto a mandatarios anteriores, incluso de su mismo signo político. Se ha dicho con razón que es una suerte de profesional de la política. Es la política su mayor pasión.

Precisamente, Cornejo elaboró su construcción política con mucha antelación a su llegada al poder provincial. Eran tiempos de su paso por la comuna de Godoy Cruz. Todo se fue gestando en 2011, cuando dio un paso al costado para dejarle la candidatura provincial a Roberto Iglesias, pero quedando bajo su control la conducción del radicalismo y de la Legislatura a través de sus figuras leales. El congreso partidario supo de su capacidad para unir voluntades y conseguir aliados.

Tras haber piloteado una oposición exigente al gobierno de Francisco Pérez llegó el tiempo del armado de una opción electoral que lo respaldara en su trayecto hacia el Gobierno. La coalición Cambia Mendoza fue un hábil armado opositor que nucleó a la gran mayoría de los sectores partidarios locales, incluso sin priorizar lo ideológico. Sólo la izquierda no se sumó. Por eso el espacio que llegó al poder aquí liderado por Cornejo, en 2015, contuvo a sectores que a nivel nacional serían luego claramente opositores a Macri sin necesidad de pertenecer o ser cercanos al kirchnerismo. 

El triunfo electoral fue meritorio porque se hizo dentro de los plazos que fijaba el desdoblamiento dispuesto por el gobierno de Francisco Pérez. Por eso la transición resultó eterna; seis difíciles meses marcados por la crisis en los números provinciales.

Ese tedioso trayecto hacia el recambio institucional le sirvió a Cornejo para comenzar a trazar su estrategia de gobierno. Prácticamente a mitad de camino debió acordar con su antecesor un plan de endeudamiento para poder garantizar un traspaso medianamente ordenado. No obstante ello, el final del período justicialista fue muy complicado para los números y de ese modo el pago de sueldos y aguinaldos a los empleados estatales tuvo retrasos. La flamante gestión encabezada por el radicalismo logró con esfuerzo encauzar esa situación.

De ese modo, con tremenda limitación económica arrancó la gestión de Cornejo. Eso llevó al nuevo gobernador a otro desafío: encarar una gestión austera por necesidad, como señaló más de una vez el mandatario que mañana deja el mando a Rodolfo Suárez. Un desafío especial, porque con ese complicado panorama debía poner en marcha la maquinaria apuntalando los servicios que el Estado debe garantizar, uno de los preceptos de toda administración cornejista.

Se elaboró una agenda política en la que se priorizó la administración y la gestión. A pesar de las limitaciones existentes, en el nuevo gobierno sabían que no se podía dejar de aplicar una más prolija determinación de políticas destinadas a la salud, la educación, la seguridad y la justicia.

El trato con los gremios estatales fue otro de los grandes desafíos del Gobernador. Es una discusión que hay que dar, repetía antes de asumir cuando se le consultaba sobre el vínculo que tendría con organizaciones que muchos dolores de cabeza habían generado a administraciones anteriores, sin distinción de partidos.

La eficientización de los servicios fue una de las obsesiones de Cornejo y así fue como surgieron acciones fuertes, como el Ítem Aula en el área educativa, un control más estricto del funcionamiento de la Policía y distintas acciones que apuntaron desde el arranque a evitar erogaciones innecesarias. La reestructuración de la empresa de transporte provincial fue un claro ejemplo.

Poner en orden las cuentas de la Provincia y garantizar un alto nivel de cumplimiento de las obligaciones del Estado fue premisa para todos sus colaboradores, sea cual fuere el área o la función encomendada. 

La lógica indica que así debe ser siempre y no se puede decir que gobiernos anteriores no obraron de esa manera. Pero en este caso el manejo tutelado de los números no fue exclusivo del área de Hacienda.

Imposible dejar de mencionar el capítulo de la Justicia, otra de las obsesiones del gobernador saliente. En el marco de la eficientización de los servicios, la celeridad en la tarea de jueces y fiscales fue siempre motivo de preocupación. Y la elaboración de herramientas legales para que los magistrados garantizaran esa dinámica deseada se cristalizó a través de proyectos de reforma que en gran medida elaboró, a modo de usina de ideas, su primer ministro de Gobierno, Dalmiro Garay, a quien luego nominó con éxito para sumarse a la Corte al producirse una vacante en ese tribunal. Así, el gran ejecutor judicial de Cornejo quedó instalado en la cúpula de un poder muy cuestionado por él para intentar apuntalar lo conseguido a través de las leyes de reforma.

Por otra parte, en el marco de la pretendida imposición de una justicia más ágil y rápida, el Gobernador también provocó una clara confrontación con los llamados sectores garantistas, siempre en su afán de hacer valer la fuerza del poder, en este caso sobre los acontecimientos delictivos en todas sus formas.

Hay, sí, un detalle no menor. Cuando las iniciativas tendientes a la reforma de los procedimientos judiciales llegaron al ámbito legislativo, mayormente no hubo reparos de parte de la oposición y los proyectos correspondientes tuvieron su aprobación. En cambio, cuando desde el oficialismo se buscó avanzar en asuntos más complejos sin el suficiente consenso, el cornejismo sí tuvo que resignarse. Ocurrió con temas institucionalmente fuertes, como la reforma constitucional o la posibilidad de ampliación del número de miembros de la Suprema Corte, casos en los que, incluso, hubo choques con dirigentes aliados de la coalición gobernante.

Y en el plano electoral el cornejismo también dejó su huella. La conveniencia de mantener unificadas las elecciones de 2017, de medio término, cuando el macrismo obtuvo una victoria que parecía consolidar sus políticas, se diferenció notablemente con la decisión de apelar al desdoblamiento fijado por ley en la provincia este año, para proteger al oficialismo local de la brusca caída de imagen y credibilidad de Cambiemos en el plano nacional.  

Dijo Cornejo más de una vez que no se podía valorar de igual manera una elección nacional de una provincial. Y el riesgo que corrió el Gobierno aquí fue grande, porque la convocatoria a las urnas para elegir a su sucesor quedó inmersa en el calendario nacional. Pero la prédica a favor de la provincialización dio sus frutos y se hizo  aprovechando la ventaja que siempre dio la alta valoración que los mendocinos mayoritariamente tenían de la gestión local. No sólo el triunfo fue muy claro el 29 de setiembre; un mes después, con motivo de la primera vuelta presidencial, la lista de diputados nacionales encabezada por el Gobernador arrastró a Macri a un triunfo notable en esta provincia, revirtiendo la caída producida en agosto, en las PASO nacionales.

Cornejo deja reglas de juego en distintos ámbitos del Estado que a primera vista no será fácil modificar.

Su relación con el empresariado también fue trascendente. Hubo, sí, algún choque con determinados sectores, pero, en definitiva, el orden administrativo impuesto generó mayormente confianza.  

Quedan, como se ha señalado en otras oportunidades, propuestas y obras que deberá ejecutar el gobierno de Suárez, pero sobre las bases que deja la gestión que finaliza. Seguramente su proyecto ahora inicia un nuevo capítulo nacional lleno de expectativas. Habrá que esperar.