Opinión Sábado, 11 de enero de 2020 | Edición impresa

El saludo más genuino - Por Jorge Sosa

Por Jorge Sosa - Especial para Los Andes

El tipo puede saludar de muchas formas, con un protocolar saludo de escrito oficial; puede saludar con la mano, desde lejos; puede saludar con un movimiento de la cabeza y, por supuesto, saludar de palabra. 

El saludo es el inicio de cualquier charla. Se encuentran dos personajes y se dicen “Buen día”. Después protestan contra el clima y luego se zambullen en las conversaciones más diversas. Pero todo comienza con un saludo.

Decimos mucho con los saludos. Cuando decimos, por ejemplo, “Buenos días” le estamos deseando al otro que tenga un día hermoso, pletórico de felicidad. Cuando uno le dice “Hasta luego” se mete con el futuro. Le está prometiendo al otro que en un tiempo breve o largo han de volver a encontrarse. Es igual al “Nos vemos”, cuando se produce la despedida. Mejor todavía cuando dice “adiós” porque reducidamente está encomendando a Dios a aquel que saluda. 

El saludo viene acompañado de buenos augurios y deberíamos valorarlos como tales. Es un modo de demostrar interés o cariño hacia el destinatario del saludo. Inclusive al saludar nos contestamos nosotros mismos, decimos: “Hola, cómo te va ¿Bien?”. El tipo supone que al otro le va bien y asume de por sí la respuesta.

Tal vez urgidos por este nuevo tiempo que ha inventado la modernidad, por esta falta de oportunidad para ser extensivos, tendemos a apocopar el saludo. En vez de decir “Hasta luego”, decimos “Ta lué”; en vez de decir “Buen día” decimos “Uen dí”. En vez de decir “Hasta mañana” decimos “Ta mañá”. Hacemos chiquitito lo que en esencia es bien grande.

Hay distintas clases de saludos: el que armamos cuando alguna persona importante visita nuestro país. Éste es un saludo con alfombra roja al pie del avión y, traductores mediante, la bienvenida de rigor y el agradecimiento de rigor de aquél que nos visita.

Puede existir un saludo meramente protocolar, tal como  hizo el Papa en su visita a Chile y al cruzar el espacio aéreo argentino. Todavía se discute si este saludo fue el adecuado o debió ser un poco más cariñoso, al atravesar el aire del país que lo vio nacer. 

Cuenta el saludo de los jugadores de fútbol cuando entran al campo de juego y mandan su mensaje a la tribuna. En esto los jugadores de Independiente de Avellaneda son especialistas porque tienen un saludo que viene de aquellos tiempos cuando el club ganaba cuanta copa se le pusiera adelante. Ahora, ver el saludo final de un equipo que ha sido derrotado, es una verdadera lágrima. 

Pero el saludo más significativo es el saludo carnal, por ejemplo el apretón de manos, que viene de la época de María Castaña y representaba el hecho de que quienes se saludaban no portaban armas. Ahora se lo ha remplazado por distintas acciones que realizan los jóvenes: palmaditas, manos que se chochan, puños que también se chocan a veces por arriba y otras veces por abajo, todo un ceremonial que ha complicado mucho el simple hecho de darse la mano. 

Pero el saludo más íntimo, más genuino, más amplio en la generalidad del cariño es el abrazo. El entrechocar los cuerpos y rodear al cuerpo del versus con los brazos. Está diciendo mucho ese saludo, muchas cosas, pero la principal es “te quiero”, “significás mucho para mí”. Es muy lindo ver a la gente involucrada en este tipo de saludo, aunque más lindo es que uno sea el que participa del abrazo. Es como una gragea que aleja todo signo de soledad.