Sociedad Jueves, 7 de noviembre de 2019

El rebuscado y maléfico argumento de Hitler para intentar exterminar al pueblo judío

En 1931, el líder alemán planteó una lucha contra el capitalismo porque lo consideraba "imposible" para subsistir.

Por Luciana Sabina - Especial para Los Andes

Francisco Melgar, autor español del siglo pasado, realizó reflexiones muy atinadas sobre la figura de Adolf Hitler y el futuro de Alemania. Eligió para ello el semanario “Ahora” de Madrid. Corría el año 1931 y aún no estaba definido el futuro del país germano:

“Entonces –señaló-, ¿qué queda? Esta situación no puede durar... ¿Hitler? Hitler es muy posible, mucho más posible hoy día que el comunismo. Hitler, el hombre sin patria, responde al ideal germánico, nacionalista, romántico, enamorado de las nubes, saturado de ternura y de brutalidad”.

 

Faltaban casi dos años para que el dictador tomara por completo las riendas, pero en poco tiempo había formado en torno suyo un núcleo fanáticos dispuestos a todo. Hitler llevó su prédica por cientos de ciudades con entusiasmo, reproduciendo siempre el mismo mensaje: “Alemania, despierta; raza alemana, depúrate y levántate...”. Sus ideas, que tanto daño hicieron a la humanidad, lograron adeptos dentro de los márgenes de un pueblo humillado, en crisis y con altas dosis de resentimiento. Cóctel ideal para el crecimiento de cualquier fascismo.

Hitler planteó desde un principio el exterminio del pueblo Judío, más de diez años antes de llevar a cabo el Holocausto estaba presente en su discurso. Este punto suele pasarse por alto, centrándose el imaginario colectivo en la atroz “solución final” como un momento aparte.  

 

Algo que también suele dejarse de lado es uno de los motivos primordiales que utilizó Adolf Hitler para justificar sus atrocidades. Todo se planteó como una lucha contra el capitalismo, de hecho él mismo lo señaló:  

"Todos estamos convencidos que esta sociedad capitalista es incapaz de dar pan y trabajo a los cinco millones de alemanes—mañana serán diez—que están con los brazos cruzados. Es imposible que subsista este orden que ha fracasado del modo más absoluto. Odiamos todos al comunismo que pretende implantar la esclavitud del trabajador; odiamos a los judíos que son los implantadores del régimen capitalista que padecemos (…) ¿Cómo vivir en estas condiciones, con estas dos amenazas de ruina y de muerte? Tenemos que reaccionar violentamente, encontrar un sistema enteramente nuevo, tan alejado del capitalismo Judaico como del comunismo moscovita. Ese sistema debemos buscarlo en la tradición gloriosa de nuestra raza inmortal, que fue grande cuando Alemania era de los alemanes; hemos de volver a la época en que los hombres eran libres”.

 

Pero como especifican los artículos de la Casa de Ana Frank, esta idea no fue forjada por Hitler. Era un mito existente en la población a la que dio un uso perverso y utilizó para ganar las elecciones en 1932. Una vez en el poder, comenzaron las medidas contra los judíos y el resto de la historia es tristemente conocida.