Opinión Sábado, 14 de diciembre de 2019 | Edición impresa

El prefijo engañoso - Por María del Rosario Ramallo

Por María del Rosario Ramallo - Profesora y Licenciada en Letras

Todos usamos en la vida diaria palabras que comienzan con ‘a-‘, como prefijo, pero ignoramos que este prefijo no tiene siempre el mismo valor: puede funcionar como privativo, esto es, servir para negar el significado de la base; otras veces, puede indicar proximidad y, finalmente, puede intervenir, sin significación precisa, en la formación de algunos derivados. 

Analicemos cada una de las posibilidades. Cuando funciona con el primer valor va a servir para indicar la negación del contenido semántico de la base. Por ejemplo, ‘ageusia’ va a significar la pérdida total de la capacidad de apreciar sabores, pues el prefijo funciona como privativo o negativo y la base, derivada del griego “geúsis”, tenía el valor de “gusto”; de manera similar, tenemos el vocablo ‘anosmia’, en que podemos advertir que el prefijo privativo ‘a-‘ se ha transformado en ‘an-‘, porque la base comienza con vocal; en este caso, la palabra griega original “osmé” significaba “olor”, por lo que el vocablo derivado que señalamos va a significar “pérdida completa del olfato”. De modo similar, encontramos gran cantidad de palabras formadas a partir de una base a las que les precede el prefijo negativo: ‘afónico’ = “que no tiene voz”, porque “foné” significaba “sonido, voz”; ‘amorfo’, que no posee forma definida o regular ya que “morfé” equivalía a “forma”; ‘anaerobio’ une el prefijo ‘an-‘, con valor privativo, que ha tomado la ‘n’ porque la base comienza con vocal; en efecto, en la base está ‘aerobio’ (formado por los elementos compositivos ‘aero-‘= “aire, oxígeno” y ‘bio-‘ = “vida”) que, dicho de un ser vivo, significa “que necesita oxígeno para subsistir; por consiguiente, ‘anaerobio’ equivale a “que vive sin oxígeno”. Otros ejemplos cotidianos pueden ser ‘anestesia’, ‘anorexia’ y ‘anormal’; todos sabemos qué indica ‘anestesia’ y, etimológicamente, lo explicamos diciendo que es la pérdida temporal de las sensaciones de tacto y dolor producidas por un medicamento; a ese significado se llega por el valor privativo del prefijo ‘an-‘ y el significado de la base de origen griego “áisthesis” = “sensación”. ¿Y cómo se llega a determinar el valor de ‘anorexia’?: análogamente, en la base se encuentra el vocablo de origen griego “órexis”, que equivalía a “deseo, apetito”; sumado al valor negativo del prefijo, se llega a la definición del término como “ausencia de apetito”. Y algo ‘anormal’ ¿cómo se define, por su origen? La definición del diccionario académico nos indica que es anormal lo que “accidentalmente se encuentra fuera de su natural estado o de las condiciones que le son inherentes”; nuevamente, el prefijo tiene valor negativo y se suma a ‘normal’, que es lo que se ajusta a normas o reglas, entendiéndose por ‘norma’ aquella regla que deben seguir las conductas, tareas o actividades.  

La segunda posibilidad que se presenta con ‘a-‘ como prefijo tiene que ver con que indica proximidad. En efecto, nos llega desde la preposición latina “ad”, cuya traducción, entre otras, era “hacia” y “junto a”. Este valor se da en gran cantidad de términos y no debe ser confundido con el significado negativo visto más arriba. Podemos verificarlo en ejemplos como ‘atraer’, en que el prefijo ‘a-‘ indica dirección y proximidad, lo que se observa en el significado “acercar o traer algo hacia una persona”; lo mismo en ‘adoctrinar’, en que se advierte, a través del prefijo, que se acerca a alguien a los principios de una determinada creencia política o religiosa. La idea de proximidad se da en ‘acompañar’, definido como “estar junto a otra persona”; otro tanto sucede con ‘acomplejar’, que significa que se induce a alguien a adquirir complejo o sentimientos de miedo o de vergüenza. 

Hay ocasiones en que el prefijo ‘a-‘, que ya vimos derivado del latín “ad”, interviene sin significación precisa, en la formación de algunos derivados y sirve para intensificar el concepto contenido en la base. Lo advertimos en ejemplos como ‘abaratar’, ‘acortar’, ‘afirmar’ o ‘amansar’. ‘Abaratar’, por el valor significativo que le aporta el prefijo a la noción contenida en ‘barato’, ha de ser equivalente a “hacer algo barato o más barato o bajar su precio”; otro tanto ocurre con ‘acortar’, en donde el prefijo le confiere a la base el sentido de “disminuir la longitud, duración o cantidad de algo”. En el caso de ‘afirmar’, hemos recibido desde el latín “affirmare” (prefijo “ad”, el adjetivo “firmus” –firme- y el sufijo –ar usado para formar verbos) la idea de “poner firme, dar firmeza, asegurar o dar por cierto algo”. Algo similar ocurre con ‘amansar’ en donde, gracias al prefijo, se refuerza la idea de mansedumbre contenida en la base, pues el vocablo indica “domesticar o hacer manso a un animal”.

Acudir a la etimología de los términos siempre resulta esclarecedor, si la fuente es consultada es confiable y nos remite al verdadero origen: así, suelen atribuirse  a ‘alumno’ y ‘adicción’ etimologías erradas. En el primer caso, ‘alumno’ no posee ningún prefijo con valor privativo, sino que el vocablo se relaciona directamente con el verbo latino “alere”, cuyo valor significativo era “alimentar, hacer crecer”; esto significa que un alumno es un ser al que estamos nutriendo para hacerlo crecer. La falsa etimología ve un prefijo inexistente, con valor negativo, y le da al vocablo el valor de “sin luz”. También se le otorga valor privativo al prefijo en el término ‘adicción’, que se interpreta erróneamente como “sin palabras”; la etimología es falsa pues el origen está en el verbo latino “addicere”, que se traduce al español como “entregarse a, dedicarse a”. El valor del prefijo no indica, entonces, negación, sino proximidad o tendencia. No estamos en estos dos casos, respectivamente, ni ante seres sin luz ni ante sujetos sin palabras, sino ante personas que son nutridas para lograr su desarrollo mental y educativo o que, desafortunadamente, están entregadas a una actividad nociva, ya para su salud, ya para su equilibrio psíquico.