Mundo Domingo, 31 de marzo de 2019 | Edición impresa

El Papa busca profundizar los lazos interreligiosos

Francisco insiste en viajar a las periferias de la Iglesia. Ayer aterrizó en Marruecos en el que sólo el 0,07% de la población es católico.

Por Especial y Agencias

“Siguiendo los pasos de mi predecesor Juan Pablo II, voy como peregrino de la paz y la fraternidad, en un mundo que tiene tanta necesidad de ellas”. Con esas palabras el Papa emprendió su viaje a Marruecos, en su segunda visita en dos meses a un país islámico, luego de haber viajado a Emiratos Arabes a fines de enero.

Francisco no ha realizado visitas apostólicas a mecas del catolicismo como España o Francia, pero en cambio sí aterrizó en países como Corea, Egipto, Birmania, Turquía o Bangladesh. El pontífice insiste en viajar a las periferias de la Iglesia, por eso ayer pisó el suelo de un país donde prácticamente toda la población es musulmana. Sólo hay 23.000 católicos, el 0,07% de los habitantes.

Francisco es el segundo pontífice en ir a Marruecos. En 1985, Juan Pablo II llegó invitado por el rey Mohamed V, monarca descendiente del profeta Mahoma. En aquel viaje, la primera gran visita del papa polaco a un país islámico, el pontífice se detuvo durante seis horas en Marruecos al final de una gira por naciones africanas. Pasó por Casablanca, en el oeste de Marruecos, donde lo recibieron calurosamente y fue 
ovacionado por 80 mil musulmanes. 

 

Ayer

El Papa y el rey de Marruecos, Mohamed VI, abogaron ayer en Rabat, la capital del país, por la tolerancia y el diálogo entre el islam y el cristianismo en una jornada cargada de actos simbólicos.

Francisco fue recibido en la escalerilla del avión por el rey, y en vehículos separados recorrieron los cinco kilómetros que separan el aeropuerto de la ciudad entre una muchedumbre que los vitoreó a ambos lados de la carretera.

El primer acto de la jornada se desarrolló en la explanada de la Torre Hasán, el lugar más emblemático de Rabat, y junto a la mezquita del mismo nombre y el mausoleo donde reposan los restos del padre y del abuelo del rey Mohamed VI.

El monarca, que habló en cuatro idiomas -árabe, español, inglés y francés- proclamó que las religiones monoteístas no son el motivo del radicalismo, sino su mejor freno.

 

Y así, recordó que él, en su calidad de “Emir al muminín” (príncipe de los creyentes) es el padre espiritual de musulmanes, judíos e incluso de los cristianos extranjeros que ejercen sus cultos en Marruecos con total libertad, aunque evitó mencionar que las conversiones de musulmanes al cristianismo están prohibidas en Marruecos.

Le respondió Francisco con un mensaje similar desde lo que llamó “este puente natural entre África y Europa” (Marruecos), para subrayar la importancia del diálogo entre religiones para acabar con “las incomprensiones, las máscaras y los estereotipos que conducen siempre al miedo y a las contraposiciones y así abrir el camino a un espíritu de colaboración fructífera y respetuosa”.  

Tanto el rey como el pontífice fueron interrumpidos con frecuencia por los aplausos de los miles de asistentes que aguantaron impertérritos bajo la intensa lluvia durante las dos horas de espera más la hora que duró el acto.  

 

Inmigración

El Papa no desaprovechó su visita a Marruecos, país convertido desde 2017 en punto de paso obligado de la principal ruta migratoria entre África y Europa-, para referirse a las expulsiones “colectivas” de migrantes.  

“Las formas de expulsión colectiva, que no permiten un manejo correcto de los casos particulares, no pueden ser aceptadas. Por otro lado, los caminos extraordinarios de regularización, especialmente en el caso de las familias y de los menores, han de ser alentados y simplificados”, reclamó Francisco durante su visita a un local de Cáritas.  

 

El Papa destacó que lo que está en juego con la respuesta ante el flujo de la migración es “el rostro” que se da “como sociedad” y “el valor de cada vida”. Así, señaló que, aunque se han dado muchos “pasos positivos” en diferentes ámbitos, especialmente en las sociedades desarrolladas, “el progreso” de los pueblos debe medirse sobre todo por “la capacidad de dejarse conmover por quien llama a la puerta”.  

Sobre los migrantes dijo que con su mirada “estigmatiza y depone a todos los falsos ídolos que hipotecan y esclavizan la vida, ídolos que prometen una aparente y fugaz felicidad, construida al margen de la realidad y del sufrimiento de los demás”.  

“¡Qué desierta e inhóspita se vuelve una ciudad cuando pierde la capacidad de compasión! Una sociedad sin corazón... una madre estéril”, agregó.