Opinión Lunes, 13 de mayo de 2019 | Edición impresa

El jesuita mendocino precursor de la Independencia - Por Roberto Azaretto

Por Roberto Azaretto - Miembro de número de la Academia Argentina de la Historia

El sacerdote jesuita Juan José Godoy nació en Mendoza el 13 de julio de 1728. Pertenecía a una familia arraigada en Cuyo desde la conquista hispana, Sus padres eran Clemente Godoy y Villegas y María del Pozo de Lemos de la Guardia. Este jesuita fue tío abuelo de Tomás Godoy  Cruz.

Se formó en Chile a donde se trasladó a los 15 años y en 1755 regresó a Mendoza. En esta ciudad lo sorprende la orden de expulsión de todos los integrantes de la Compañía de Jesús de España y todos sus  dominios, pero huye al Alto Perú. Al año siguiente, en 1768, se presenta ante el Arzobispo de Charcas,  para obtener permiso para oficiar como sacerdote, pero el prelado lo denuncia ante la Real Audiencia que ordena su apresamiento y lo envían a Europa.

El padre Godoy logra huir nuevamente y es otra vez capturado y llevado a la ciudad italiana de Imola. Luego de unos años de permanencia en Italia, logra llegar a Londres. En la capital del Reino Unido hace gestiones para que el gobierno británico colabore con la independencia de Chile,  Perú, el Tucumán y la Patagonia y presenta planos de los pasos cordilleranos que seguramente contribuyeron  al diseño del plan Maitland, el estratega británico que planeara un desembarco en Buenos Aires para por vía  terrestre llegar a Chile y una vez ocupada esa capitanía general embarcar en la flota para  tomar el Perú.

En Londres toma contacto con otro jesuita expulsado,  el peruano Juan Pablo Viscardo y Guzmán, también precursor de la independencia y redactor de la famosa Carta a los Españoles Americanos. El padre Godoy, desalentado por el desinterés del gabinete británico viaja a los Estados Unidos, recién independizado, en busca de apoyos.

Sus actividades provocan la alarma de los agentes españoles en ese país y a través del Arzobispo de Cartagena,  Antonio Caballero y Góngora, le tienden una trampa. Le hacen creer que va a estallar un movimiento revolucionario en Cartagena de Indias, induciendo a que viaje a ese puerto de Nueva Granada. Es, allí tomado prisionero y entregado a la Inquisición que lo somete a crueles torturas. Será trasladado, engrillado, a la fortaleza de Santa Catalina, aledaña a la ciudad de Cádiz, donde fallece en 1787.

Fueron varios los jesuitas que se comprometieron, luego de su expulsión en 1767 con la independencia americana. Uno de ellos, el tucumano Villafañe pudo regresar al país y celebrar la victoria de Belgrano en la batalla de Tucumán como la restauración de la compañía de Jesús.

Los reyes de España, como otros reyes católicos, no sólo expulsaron de sus territorios a los sacerdotes y hermanos de la orden fundada por Ignacio de Loyola sino que, también, obtuvieron  del papa Clemente XIV su disolución, que duró hasta el restablecimiento ordenado en 1814 por Pío VII.

Cabe agregar que la expulsión de los  jesuitas dio lugar a numerosos  incidentes y actos de rebeldía popular, tanto en las ciudades como en las reducciones y misiones de indígenas. Y también el trámite de confiscación y ventas de sus propiedades urbanas y rurales a escandalosos hechos de corrupción, pues en la mayor parte fueron comprados a precio vil y casi nunca pagados por  los funcionarios de la administración española en  América.

Bueno es recordar que la historia de nuestra tierra comenzó mucho antes del 25 de mayo de 1810 y que nuestro pueblo se comenzó a formar hace casi cinco siglos.