Opinión Domingo, 13 de octubre de 2019 | Edición impresa

El Guasón y Thomas Edison se ríen de nosotros - Por Leonardo Rearte

Por Leonardo Rearte - lrearte@losandes.com.ar

1. 1921, Menlo Park, Estados Unidos. Thomas Edison saca del fuego una cremosa sopa de zapallo. Sirve un plato que nunca tomará, y que coloca con pulso de cirujano en el centro de una diminuta mesa redonda en su oficina,  al lado de una cuchara y un salero. No es la hora del almuerzo, pero ese caldo es parte clave del “experimento” que el genio llevará a cabo en minutos.

 Golpean la puerta, Edison limpia sus manos con el delantal, se lo saca, y abre con premura. Del otro lado un tembloroso joven se presenta con esfuerzo, valiéndose de un hilito de voz. En un mar de nervios, Timothy estira su brazo, y dice que es un sueño para él la posibilidad de trabajar con el inventor más prestigioso del mundo. Se dan la mano; Edison ofrece una mueca que parece una sonrisa, y dice que “no hay tiempo para formalismos” y que además “está por verse si será admitido”.

“Timothy, me dijo que se llama, ¿no? Antes de que charlemos, pase por favor y tómese una sopa caliente. Le pido por favor, que no se niegue”. El aspirante al cargo de ayudante, se sienta frente al plato. Del otro lado, en un sofá, Edison observa atento como el rostro de Timothy se nubla detrás de la humeante sopa. En segundos, el inexperto veinteañero sabrá si Edison lo aceptará, o no, como parte de su equipo.

2. El Guasón no es un payaso. Es un comediante que pinta su cara color violencia, y despierta en la sociedad de Ciudad Gótica una idea colectiva que permanecía dormida: “la revolución puede ser desatada por la persona menos pensada, y con las intenciones más insólitas”.

La reciente película de Todd Phillips se convirtió -como se suele decir en la prensa- en un éxito de crítica y público. La actuación de Joaquín Phoenix es consagratoria, cargada de una potencia artística que recuerda a aquel Robert de Niro de “Taxi Driver”, por citar una obra similar en cuanto a sensibilidad e inteligencia para narrar temas complejos en apenas un par de horas.

Lejos del registro colorinche de las películas de superhéroes, este Joker es un largometraje que -aunque esté situada en los 70- desnuda los problemas más acuciantes de las urbes del 2019. “Guasón” habla de agresividad, de grieta,  de la falta de empatía, de cómo la política y el poder acorralan al hombre común, y con ello, lo llevan al extremo. 

La cinta trata sobre la vida de Arthur, un tipo de clase media empobrecida que vive con una madre anciana. El hombre de 40 y pico sufre problemas mentales, pero de alguna manera es contenido por un trabajo que le satisface, una charla deficiente pero charla al fin con la trabajadora social que el Estado dispuso para él, y la esperanza de algún día brillar en la televisión como comediante.

¿Qué puede pasar cuando todo eso en lo que se apoya se destruye? 

Una carcajada profunda puede ser contagiosa o terrorífica. Solo depende del contexto…

3. Es curioso y dramático a la vez: el país más poderoso del mundo no puede solucionar la problemática de los tiroteos de sus propios ciudadanos en lugares públicos. Es una nación en donde se han cometido 2.220 balaceras masivas desde el ataque en 2012 a la escuela primaria de Sandy Hook, en Connecticut, y la tendencia no afloja.

Quizá por eso hay tantas voces que se levantan contra la violencia que supuestamente emana “Joker”. Por ejemplo, los parientes de las víctimas fatales del ataque en Aurora, Colorado, en el que perdieron la vida 12 personas mientras asistían al estreno de la película “Batman: el caballero de la noche asciende”, el 20 de julio de 2012, enviaron una carta a la productora Warner quejándose de los contenidos explícitos de la peli de Phillips. 

Las personas que condenan la obra esgrimen que “no son los tiempos adecuados para una película que retrata a un hombre blanco que se convierte en un asesino en serie que es producto de las fallas en el sistema, la inestabilidad mental y el aislamiento social”, tal como publicó la BBC, citando a espectadores enardecidos manifestándose el día del estreno. En ese sentido, Stephanie Zacharek, de la revista Time, firmó que la película era culpable de una “idiotez agresiva y posiblemente irresponsable”.

Todo lo contrario piensa el director Michael Moore. Director entre otras del documental “Bowling for Columbine”, el hombre de la papada rotunda y la gorra juvenil se niega a creer que visionar esta proyección represente algún peligro. Concretamente dijo: “El peligro para la sociedad puede ser que no vayas a ver esta película. La historia que cuenta y los problemas que plantea son tan profundos y tan necesarios que si apartas la mirada del ingenio de esta obra de arte, perderás el regalo del espejo que nos ofrece. Sí, en ese espejo hay un payaso perturbado, pero no está solo, nosotros estamos justo al lado de él”.

Al parecer es más fácil cargar las tintas sobre la supuesta mala influencia de las películas violentas que analizar el hecho fáctico de que la salud mental en Estados Unidos no es atendida por el Estado y pasa a ser una mercancía más a la que solo pueden acceder los ricos. 

Es más fácil echarle la culpa a los fantasmas que generan los cómics, los videojuegos, el imaginario de un payaso que supuestamente “perturba” la mente virgen de los adolescentes, que sentarse a analizar la situación real y palpable de que en Estados Unidos se puede conseguir un arma directamente en el supermercado de la esquina.

Los prejuicios nos generan perjuicios, y podría ser un juego de palabras si no fuese que de juego no tiene nada.

4. Timothy, finalmente, no fue aceptado por Edison. El aspirante cometió un error del que nunca se enteraría. Frente a la sopa, tomó el salero, y lo agitó sobre el plato hondo. Acto seguido, mojó la cuchara. El mago de Menlo Park explicaría años después que consideraba el “método de la sopa” infalible para detectar quién era lo suficientemente inteligente para entrar en su estudio. 

No más misterios: Edison descartaba a todos aquellos que le ponían sal a la sopa antes de probarla, porque basaban su acto en una suposición. 

“Los preconceptos, los prejuicios, son enemigos de la inteligencia”, solía decir, con una mueca que se parecía demasiado a una sonrisa.