Fincas Miércoles, 8 de enero de 2020

El Estado se queda con el 60% de la renta agrícola

Los impuestos y tasas nacionales, provinciales y municipales capturan $64 de cada $100 que genera la soja, según la fundación Fada

Por Clarín Rural especial para Los Andes

En el último tramo del 2019, la presión impositiva sobre el campo se aceleró. Un estudio de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (Fada) determinó que los distintos niveles del Estado se quedan con el 60% de la renta que generan la soja, el maíz, el trigo y el girasol.

Esto significa que cada $100 que se obtiene de una hectárea agrícola, los impuestos y tasas nacionales, provinciales y municipales “capturan” $60, una vez descontados los costos de producción.

Un dato interesante, además, es que la participación del Estado en la renta agrícola se incrementó en cuatro puntos porcentuales en los últimos tres meses. “Si comparamos con la medición anterior de septiembre de 2019 aumentó un 4%, ya que la anterior fue de 56,4%”, advirtió David Miazzo, economista jefe de la Fundación Fada.

El estudio divide el porcentaje de la renta agrícola que recibe el Estado en cada cultivo. El promedio de los cuatro da 60%, pero en la soja es más alto (64%) y también en el girasol (63%). En los cereales es más bajo: en el maíz y el trigo es del 53% la participación del fisco en las ganancias.

En el reparto de la torta de impuestos y tasas que gravan la renta agrícola, el Estado nacional se “come” casi toda la torta solo y apenas coparticipa un tercio de lo que recauda. “El 95,5% pertenece a impuestos nacionales, el 3,9% a provinciales y el 0,6% a municipales. De esos impuestos nacionales, el 62,1% son de carácter no coparticipable, mientras que el 33,4% es coparticipable con las provincias”, precisa el estudio.

Las retenciones son la clave para explicar esta asimetría. El informe de la Fundación Fada señala que los impuestos no coparticipables están compuestos principalmente por los derechos de exportación y también por el impuesto a los créditos y débitos bancarios. Los coparticipables, en cambio, son en su mayoría el impuesto a las ganancias y el IVA.

Las provincias reciben parte de este 33,4% como coparticipación y también recaudan impuestos propios. En el Índice FADA nacional se consideran el impuesto inmobiliario rural y el impuesto a los ingresos brutos. En el caso de los impuestos municipales y comunales, el componente central son las tasas viales.

Al comparar el índice de septiembre y el de diciembre -el informe es trimestral- Miazzo indicó que los impuestos nacionales no coparticipables incrementaron su participación, pasando del 55,6% al 62,1%, mientras que todo el resto cayó.

“Este cambio en la composición es resultado del incremento de los derechos de exportación, que son un impuesto no coparticipable, que al mismo tiempo reduce un impuesto coparticipable como es el impuesto a las ganancias”, explicó Miazzo.

Estos cambios, explica la economista Natalia Ariño, significan una reducción del federalismo por tres motivos: el primero, es que se incrementan los recursos no coparticipables en manos de Nación; el segundo, es que se reducen los recursos coparticipables por reducción del impuesto a las ganancias; el tercero, es vía los recursos que salen de las regiones productivas en el marco de la suba de derechos de exportación.

En relación a este último punto, en un informe anterior la Fundación Fada estimó que cada cinco puntos de derechos de exportación salen del departamento Río Cuarto los recursos equivalentes al presupuesto de la Municipalidad de Río Cuarto, por tomar un ejemplo.

Respecto al índice anterior, se observaron mejoras en los precios de soja y maíz, y una reducción sustancial en trigo. La mejora de los precios internacionales ayudó a amortiguar el efecto de la suba de derechos de exportación.

En los últimos 12 meses, el incremento del tipo de cambio fue del 59%. Se pasó de un dólar a $37,70 a otro a $59,80. En los últimos 3 meses, se incrementó un 4,9%. Y este dato no contempla las subas de los últimos diez días.

Los costos en dólares se han mantenido relativamente estables. Mientras que los costos en pesos, fletes y labores agrícolas, todavía no se han actualizado completamente. “Esto es así porque la actividad agrícola es estacional; es decir, cuando es época de siembra y cosecha es cuando estos precios se actualizan”, recordó Ariño. Por esta razón, los costos en pesos se depreciaron producto del incremento del tipo de cambio.

El índice mostró, además, que un 60% de los costos de una hectárea de soja están dolarizados, mientras que el restante 40% están pesificados. Si se considera el costo de la tierra dentro del esquema de costos, los costos dolarizados pasan a representar el 71%.

En el caso del maíz, como los fertilizantes y semillas tienen más peso que en el caso de la soja, los costos dolarizados ascienden al 66% de la estructura, mientras que los pesificados alcanzan el 34%. Si se considera el costo de la tierra, el peso de los costos dolarizados asciende al 72%.

El componente en pesos también suele tener una alta relación con el dólar por dos motivos: la rápida transmisión de la devaluación a los precios que hay en una economía inflacionaria como la argentina; y porque dentro de los costos pesificados está, por ejemplo, el flete cuyos valores dependen en gran medida del precio del combustible y este está ligado directamente al precio del petróleo y del dólar. Lo mismo con las labores. Además de que el valor de los camiones y maquinaria también guarda correlación con el tipo de cambio.

Para profundizar en cada caso, el índice analiza los costos de una hectárea de maíz. Se toma desde el valor FOB al resultado después de todos los impuestos: los costos de exportación (fobbing), comercialización, transporte, seguros, administración y producción.

Al analizar los costos resaltan dos puntos. El primero, los gastos de fobbing representan entre el 10% y el 12% de todos los gastos involucrados en una hectárea de maíz.

El segundo punto, son los fletes, donde se puede ver claramente cómo se va incrementando la participación a medida que uno se aleja del puerto. En el caso del maíz, el flete representa el 16% de los costos en Buenos Aires, en Córdoba el 18%, en San Luis el 21% y en La Pampa el 18%. En Santa Fe, como el grueso de la producción se encuentra relativamente cerca de los puertos, representa el 10%.

Así, entre fobbing y flete, suman entre el 26% y el 31% de los costos de una hectárea de maíz, sin considerar el costo de la tierra.