Opinión Domingo, 21 de abril de 2019 | Edición impresa

El drama social que va dejando la crisis - Por Gastón Bustelo

Por Gastón Bustelo - gbustelo@ losandes.com.ar

Amontonados en un pequeño barco maltrecho que busca pasar la tormenta, vamos al ritmo angustiante y enloquecedor del dólar y la inflación. Más de un año en esta situación nos deja exhaustos y sabiendo que nada va a cambiar en el corto plazo.

Los que marcan que el inicio de la crisis fue el 22 de diciembre del 2017 cuando el gobierno cambió las metas de inflación no se equivocan, a partir de ése día el dólar no paró de subir. Estaba a $18,34 y cerró en diciembre del 2018 a $39,23, ahora acaricia los $43 y rozó los $45 el 9 de abril. La dinámica es perversa, si sube aumenta todo y la inflación se come el beneficio del tipo de cambio competitivo con lo cual se pedirá otra devaluación. Por el contrario, si el precio de la moneda norteamericana se queda quieto, muchos verán necesario que la cotización se incremente para que el valor de los productos locales mejoren en el exterior. Y en el medio la gente en un barco mal
trecho que va dejando personas en el mar.

En 12 meses, entre marzo del año pasado y marzo de 2019, los alimentos se incrementaron en Mendoza 62,3%, esparcimiento 56,7%, transporte y comunicaciones 55,3%, el rubro vivienda y servicios básicos del Indice de Precios al Consumidor 50,8% y educación 32,8%.

Un estudio realizado por la consultora Focus Market durante el 2018 en 515 puntos de venta de todo el país, demostró el alto nivel de concentración de las empresas de alimentos, con 18 compañías hegemonizando el 60% de la producción.  

“Estas serían algunas de las categorías donde correspondería realizar una investigación sobre concentración y formación de precios en el mercado”, indicaron desde Focus Market.

Precisaron también que en alimentos, 18 empresas componen el 60% de la participación de mercado sobre un total de 260. Y añadieron que en cuanto a la facturación, el 7% de los fabricantes se llevan el 60% del total.

Este escenario permite que el manejo de precios sea discrecional, mientras que las empresas le reclaman al Estado que les garantice condiciones de total libertad de mercado.

Esta tensión lleva años en Argentina y no está resuelta, ningún gobierno se ocupó de lograr una solución sensata. Mientras tanto, pagamos y seguimos naufragando.

A todo esto, el gobierno se tomó un año para advertir que la inflación, el ajuste y los tarifazos están complicando la situación económica de muchas personas, no porque estén atentos a los problemas de la gente, sino porque saltó en los focus groups que realizan los consultores de la Casa Rosada.

Y las personas se siguen cayendo del barco, al igual que los inmigrantes que intentan llegar a un lugar donde puedan vivir dignamente escapando de las crisis.  

La Canasta Básica Total (CBT) -que se usa para medir pobreza- , entre febrero del año pasado y el mismo mes del 2019, pasó de $15.090 a $24.163, son $9.073 más en Mendoza; es decir, un 60% de incremento. La tasa pasó del 26,4% en el segundo semestre del 2017 al 30,7% en los segundos seis meses del 2018 en nuestra provincia. Se sumaron 42.000 mendocinos al grupo de personas pobres, 115 por día.  A diciembre del 2018, el salario promedio neto en Mendoza -último dato disponible del Ministerio de Trabajo de la Nación- llegó a $23.228. El monto de la CBT de ése mes fue de $22.243 pesos, sólo 985 más que el salario promedio. La cuenta es más complicada para los salarios que no tuvieron todavía incrementos por paritarias. Tomando los $23.228 promedio de ingreso y comparados con los $24.163 de la CBT de marzo, quedaron en $935 por debajo de la Canasta.

En Mendoza la desocupación se duplicó, pasó del 2,7 en el cuarto trimestre del 2017 al 5,9% en el mismo período del 2018. Durante el año pasado, 26 mil personas buscaron empleo y no lo consiguieron y por eso son consideradas desocupadas. Son casi 95 por día que pasaron a estar en esa situación durante el año pasado.

A esto hay que sumar los cuentapropistas que se ven obligados a cerrar sus negocios o dejar de prestar servicios.

Una vez más, como tantas veces en la nuestra historia no tan lejana, el esfuerzo -si es que tiene sentido hacerlo en pos de un futuro venturoso que nadie saber con certeza si llegará- no lo están haciendo todos. El cambio cultural que dice el oficialismo que comenzó con su gobierno y al que apelan mantener para que la gente los vote, es inviable si hay desempleo y altas tasas de pobreza.

Las crisis recurrentes que hemos enfrentado desde el atroz ajuste del Rodrigazo, nos recuerdan los costos de crisis anteriores y nos obligan a enfrentar la situación actual pensando también cómo quedaremos, si tendremos empleo, si lograremos ingresos para no caer en la pobreza; y si todo eso sale bien, estaremos en condiciones de enfrentar la próxima devaluación, recesión y alta inflación.  

Macri dijo el año pasado, cuando el dólar volaba y pasó un fin de semana elaborando reformas en su gabinete, que esta tenía que ser la última crisis. Para muchos lo es, muchos no volverán a conseguir empleo ni podrán salir de la pobreza, su vida no será igual. Otros se verán obligados a que sus hijos dejen el colegio privado y tengan que educarse en la escuela pública, que no les garantizará demasiados saberes y está bastante lejos de terminar con las desigualdades de cuna. Quién pensará en rescatar a los que van quedando naufragando en el mar.