Sociedad Policiales Lunes, 11 de marzo de 2019

El doloroso relato de la mujer violada por su hijo: "Ruego todas las noches para morirme"

Maximiliano fue detenido pocos días a 15 kilómetros de Salta Capital, lo sorprendieron mientras intentaba abusar de una joven.

Por Redacción LA

La historia de Carina Ortega horrorizó país. El enero pasado, la mujer de 42 años denunció que había sido violada por su hijo de 22, un joven con problemas de adicción y esquizofrenia.

 

El aberrante hecho ocurrió en su propia casa ubicada en el interior del barrio El Palenque, en Salta. Allí, en esa casa Carina padeció la desidia y la falta de recursos para criar a Maximiliano.

"Cuando mi hijo tenía ocho años, mi ex me lo quitó. Se lo llevó a vivir con él para criarlo porque decía que era su único varón. Cuando fuimos a la Justicia me argumentaron que yo no era solvente para criarlo por mi trabajo de empleada doméstica, pero si su padre. A pesar de eso yo nunca lo dejé, desde ese día hice de todo para recuperarlo", contó en una entrevista con Infobae.

Con apenas 11 años, Maximiliano conoció las drogas. "Andaba a las 4 de la mañana por la calle. Cuando le pregunté a mi ex por qué dejaba que ande a esa hora solito me decía que él lo estaba criando para que sea bien hombre y libre”, dijo la mujer que pidió las restitución de la tenencia en varias oportunidades.

 

Con los años, el joven se fue volviendo cada vez más violento y en el 2014 le diagnosticaron con esquizofrenia psicótica. Tenía 17 años.

"Todo se volvió incontrolable, él empezó a consumir pasta base, cada vez se puso más violento y robaba. Se golpeaba a él mismo, le pegaba piñas a la pared, decía que le estaba pegando a personas, que veía gente muerta" contó Carina.

Posteriormente, Maximiliano fue trasladado al Centro de Menores en conflicto con la ley en el barrio Castañares donde un año y ocho meses aislado por seguridad y a cuando cumplió los 18 años fue internado en el hospital de Salud Mental Miguel Ragone.

"Lo dopaban con 18 pastillas por días, él se ponía temeroso, era muy triste verlo así y no sabía cómo ayudarlo, a pesar de eso nunca lo abandoné. Era difícil pero yo iba a hacer lo necesario para ayudarlo. Lo bañaba, le daba de comer, estaba pendiente de las pastillas y la hora que tenía que tomarlas. Pero no terminó nunca el tratamiento, lo dejaron ir antes de tiempo", dijo.

En 2018, luego de seis órdenes judiciales, Carina logró que volvieran a internar a su hijo, pero para su sorpresa los profesionales lo pusieron en una sala con niñas con trastornos mentales. Finalmente, Maximiliano regresó a su casa y la violencia continuó.

 

La noche del horror

Una noche del enero pasado, Carina no recuerda la fecha con exactitud, Maximiliano llegó a su casa y atacó a su propia madre.

"Vino a las 8 de la noche con hambre y escarbó en las ollas. En la casa se come después de las 22. Yo le pedí que espere, pero se enojó. Tiró las ollas y vino por atrás, me agarró con el brazo en el cuello, hizo presión y me desmayé no me pude defender", contó la mujer.

"Cuando recupere el conocimiento estaba sin pantalón y él estaba encima de mí", recuerda. "Tenía mucha fuerza y no paraba. Intentando zafar agarré una botella y le pegué y logre sacarlo de encima. Lo que más recuerdo es su mirada, no era él, era una mirada hueca, no estaba su alma ahí, había odio", dijo.

Increíblemente algunas horas después del ataque el joven volvió a su casa y le preguntó a su madre que había de cenar. Al perecer no recordaba nada. Sin embargo, Carina realizó la denuncia policial aunque aseguró no había recibido asistencia del Estado.

Después, fue hasta la farmacia y compró la pastilla del día después como medida preventiva. "Yo sabía que algo iba a pasar. Yo había avisado que era peligroso, nadie me escuchó y nadie me quiso ver", lamentó.

Maximiliano fue detenido pocos días después a 15 kilómetros de Salta Capital, lo sorprendieron cuando intentaba abusar de una joven.

"Muchos vecinos venían a contarme que sus hijas o esposas habían sido víctimas de mi hijo. Yo lo único que podía responder era que lo denuncien o que lo maten. La impotencia de no poder ayudarlo me angustia. Yo ruego todas las noches para morirme porque me quedé sola. Mi familia se enojó, me dicen mala madre porque di a conocer el hecho. Me pusieron custodia policial, ¿pero para qué la quiero ahora?", afirmó Carina.