Editorial Miércoles, 14 de agosto de 2019 | Edición impresa

El desconocido mundo de las Leliq

En medio del debate electoral ha aparecido la cuestión sobre qué hacer con las Leliq, debido a las tasas exorbitantes que se pagan por ellas

Por Redacción LA

Los argentinos viven agobiados  con las noticias de las tasas de interés de las Leliq, como antes lo estaban con las de las Lebac. Una serie de nombres raros para el común de las personas pero que terminan influyendo en las tasas que pagan los bancos a los ahorristas y las cobran a los tomadores de crédito. 

Las Leliq son títulos emitidos por el Banco Central, entidad autónoma separada del gobierno, que tiene al Tesoro. Este Tesoro es el que cobra los impuestos y hace los pagos de los gastos del gobierno. Cuando le falta plata emite Bonos. En cambio, el Banco Central no tiene ingresos y, por definición, no debería tener deudas ya que no tiene ingresos. Las únicas operaciones válidas son los préstamos que le hace a corto plazo, a las entidades financieras, conocidas como “redescuentos” ya que dichos préstamos se hacen contra la cesión de carteras de crédito.

Las Lebac significaban Letras del Banco Central. Las Leliq significan Letras de Liquidez. Está claro que la autoridad monetaria no debería emitir deuda por no tiene ingresos para pagarla y cuando debe hacerlo tiene que emitir moneda, lo que va en contra de la función asignada que es la de custodiar el valor de la moneda. Tampoco puede emitir bonos, que son de largo plazo, y recurre a las letras, que son a corto plazo (7 a 10 días).

Las Lebac nacieron durante la gestión de Néstor Kirchner. En esa época el gobierno había decidido mantener la moneda devaluada, mientras se devaluaba el dólar en el mundo. Esto generó un margen de competitividad fenomenal, con el agregado que subieron los precios de los productos exportables a niveles impensados, algo que difícilmente se vuelva a repetir. Esto hizo que aumentara de modo notable el ingreso de dólares y generaran una tendencia a la baja. Para evitar dicha baja de la divisa, el Banco Central compraba dólares en el mercado y para ello emitía dinero.

Con el fin de neutralizar dichos excedentes para que no generaran inflación nacen las Lebac, que podían ser suscriptas con particulares, bancos o fondos de inversión. Eran títulos a 7 días. Esto se incrementó a partir de 2007 cuando el gobierno, gastando más de lo que le ingresaba, comenzó a tener déficit y lo financiaba con emisión monetaria. 

Cuando asumió el gobierno de Macri, el stock de Lebac superaba los u$s 40.000 millones, y se decidió cambiarlo por otro instrumento.

Así nacen las Leliq, como una letra distinta para ser suscripta solo por los bancos, que ya acumulan una deuda en pesos de $1,2 billones y que es un problema. Estas letras son inflación reprimida y, a su vez, una promesa de emisión futura. Además, subsisten porque el Banco Central paga tasas exorbitantes para que los inversores no se refugien en dólares. 

Dado que actualmente hay una restricción para el crecimiento de la base monetaria, las autoridades deben absorber mayor cantidad y, aunque parezca raro, su crecimiento genera expectativas inflacionarias, sobre todo por tratarse de títulos de corto plazo.

El primer camino para solucionar este tema debe ser bajar la tasa pero hay que hacerlo con cuidado para que lo que se ofrece a los ahorristas no sea inferior a las proyecciones inflacionarias, que para los próximos doce meses son del 30 por ciento. 

Otra alternativa, más drástica, sería canjear las Leliq por bonos del Tesoro a un plazo de 10 años, pero habrá que ver la respuesta de los ahorristas, que son los dueño del dinero.

Por ahora, las Leliq son un problema controlado pero que requiere una solución clara para despejar expectativas inflacionarias y permitir bajar las tasas de interés y que se reactive la producción y le consumo. Cualquier solución que se implemente debe ser tomada con cuidado para evitar sobresaltos o acciones que deriven en una nueva estafa a los ahorristas.