Opinión Domingo, 20 de octubre de 2019 | Edición impresa

El debate - Por Jorge Sosa

Por Jorge Sosa - Especial para Los Andes

Y claro, uno tiene una opinión sobre cierto tema y la expone, pero resulta que, al lado suyo, hay otro que tiene una opinión distinta, y también la expone. Entonces se produce un debate donde ambos contendientes sostienen sus posturas y aún tienen la remota esperanza de convencer al otro. 

Debatimos en muchos momentos del día. El diálogo se hace intenso y los argumentos vienen y van a veces rozándose, a veces chocando de una manera estruendosa. 

Hay muchos tipos de debate y generalmente se hacen agudos, “debaté”, cuando se trata de política. La política es una sustancia que cada uno de nosotros respira aunque hay millones que no saben qué cuernos están respirando. 

Uno de esos debates significativos, promocionados, influyentes son los debates presidenciales, o sea la confrontación de aquellos que pretenden sentarse en el sillón de Rivadavia que ha sido maltratado durante años por el poto de distintos dignatarios. 

Son debates entre candidatos donde cada uno expone, ante preguntas específicas, su pensamiento relativo al tema o las acciones que piensa tomar para mejorar la situación del país. 

Eso es lo que importa, la situación del país, y las soluciones que cada uno de los debatientes tienen con respecto a los problemas que nos agobian a veces brutalmente. 

Por lo tanto, en los debates presidenciales los contendientes son, hasta ese momento, meros candidatos que pretenden encaramarse en la cima del poder. 

En toda democracia, estas diferencias expuestas en los debates se resuelven con las elecciones. Las elecciones son un acto de opinión masivo donde la mayoría de los votantes se deciden por una fórmula. 

Hemos tenido este año una andanada de actos eleccionarios para poder cambiar o mantener a aquellos que han venido usufructuando el poder durante algún tiempo. 

Ahora se vienen las elecciones llamadas secundarias, o sea las definitivas. Las primarias, denominadas PASO, ya dieron su veredicto y ahora falta confirmar lo que las PASO insinuaron con el voto definitivo. Pero no es el último paso. De no haber promovidos en la elección secundaria deberemos ir a votar nuevamente entre las dos fuerzas que más voto hayan juntado para conocer el resultado de una manera definitiva. 

Este año ha sido un voterío. Nos hemos perdido varios domingos por tener que meternos en un cuarto oscuro que esta vez parece haber estado más oscuro que nunca y todavía queda tela para cortar. 

Por lo tanto, antes de las elecciones, se habrá de producir el debate presidencial. Los candidatos se presentarán bien trajeados, muy encorbatados, con peinados acordes y harto perfumados (no se para qué si en televisión el perfume no se huele). Y dirán lo que tienen para decir de acuerdo a las preguntas que le hagan un grupo de periodistas minuciosamente elegidos para tal fin. 

Expondrán sus planes, aparecerán afables, hasta sonrientes, tratando de persuadir, esa es la palabra que corresponde: persuadir a una audiencia que se aburrirá porque todo lo que dirán ya está dicho y no habrá ninguna variante en los decires. 

¿Mueve la aguja un debate presidencial? Según los expertos, no. Ya la cosa está definida en la gran mayoría de los votantes. Tal vez algún indeciso se sienta influenciado pero los grandes números no han de variar. 

Pero es digno de verse, uno de los debatientes será el futuro presidente y es bueno saber a quién tendremos que insultar en el mañana, respetando la investidura, por supuesto.