Fincas Lunes, 12 de agosto de 2019

El consumo de pollo sigue creciendo y ya borró la brecha histórica con la carne vacuna

Los argentinos están consumiendo 49 kilos de bife y asado, contra casi 46 kilos de pechuga, pata y muslo, según datosde Senasa e Ipcva

Por Clarín Rural especial para Los Andes

Hace 30 años, a principios de los '90, en la Argentina se comían unos 70 kilos de carne vacuna por persona cada año y el consumo de pollo era tres veces menos: 26 kilos y sólo 5 kilos de cortes porcino y en su mayoría como fiambre. Pero, en los últimos años hubo un cambio disruptivo en lo que era la ecuación histórica del negocio de la carne en el país.

El combo pechuga, pata y muslo le borró la brecha al bife y al asado. Cada argentino está consumiendo unos 46 kilos de carne de pollo contra 49 kilos de carne vacuna y 17 kilos de bondiola, costillitas y matambre de cerdo, según las estadísticas del Senasa, el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (Ipcva) y la Secretaría de Agroindustria de la Nación.

“La ganadería tiene que asumir que la carne bovina ahora juega un partido muy equilibrado en el mercado interno con las otras carnes, como nunca había sido”, subrayó Aníbal Pordomingo, especialista en ganadería del INTA.

Es la primera vez en la historia, contó, que el consumo de carne aviar casi equipara a la bovina y hay un fuerte crecimiento en la elección de carne de cerdo, la más consumida a nivel global.

Según datos de la Secretaría de Agroindustria de la Nación, en los primeros seis meses de 2019 el consumo de carne de pollo aumentó un 0,8% en la comparación interanual y el sector avícola logró un crecimiento interanual del 4,5% en producción, con más de un millón de toneladas de enero a junio de 2019.

Claudia Gallinger, especialista en avicultura y directora del INTA Concepción del Uruguay en Entre Ríos (la provincia en la que se concentra más del 40% de las granjas avícolas argentinas), aseguró que en los últimos años hubo una importante desmitificación de la carne de pollo, motivo por el cual pasó a ser considerada por los consumidores como un alimento saludable, incluso más digestible que las carnes rojas.

“Esta carne se ofrece en el mercado con una gran diversidad, lo que atrae a los consumidores y aumenta el consumo. La carne de pollo, además, siempre resulta una alternativa a la vacuna en cuestión de precios, en especial en contextos de crisis económica”, aclaró.

En esta línea, Pordomingo aseguró que a pesar de la coyuntura económica del país y las nuevas tendencias alimenticias, no se modificó el consumo total de carne por habitante por año, sólo que, ahora, la canasta es más amplia.

Para Gallinger, la carne de pollo se posiciona cada vez más en el mundo debido a sus numerosas ventajas productivas con una tendencia de consumo en constante crecimiento. En este sentido, destacó las características productivas beneficiosas tales como su buena conversión, la posibilidad de generar una crianza intensiva muy bien controlada y que su consumo no está afectado por cuestiones religiosas.

Con respecto al incremento de la demanda de la carne aviar, la investigadora de Concepción del Uruguay subrayó que los productores argentinos están tecnológicamente preparados para afrontar los desafíos que implican un mayor consumo de pollo.

Pero reconoció que el sector, aún, debe mejorar su competitividad, lo cual no solo obedece a los índices productivos, sino también a cuestiones económicas internas del país.

“En la actualidad, la Argentina exporta el 30% de la producción total de carne aviar porque no conseguimos nuevos mercados, aun teniendo las capacidades para producir más”, indicó Gallinger.

Es que la producción de las granjas y plantas avícolas sobre todo tiene en la mira el mercado interno que está en constante expansión, con cifras que crecen año a año y hoy se ubican entre los 43 y 46 kilos por persona por año.

Un dato no menor si se tiene en cuenta que el argentino tiene un consumo de proteínas de origen animal muy alto a escala mundial que supera los 100 kilos de carne por habitante por año.

La investigadora indicó que la industria aviar tiene una alta demanda tecnológica y de equipamientos, dadas las características propias del sector que simplifican su implementación. “Al tener ciclos cortos de producción, su dinámica es mucho más rápida que la bovina, lo que complejiza el adecuado acompañamiento por parte del Estado”, concluyó.