EDICIÓN U Lunes, 7 de octubre de 2019

Educar empresarios con un propósito desde la academia

El movimiento B también se inserta en las aulas latinoamericanas de la mano de la Academia B. Mendoza no es la excepción.

Por Mariano Rivas

Puede aparecer, cuando se empieza a conocer el Sistema B, un cuestionamiento desde el escepticismo hacia las mismas bases que sustentan el movimiento: ¿es realmente posible concebir un empresariado consciente, que combine los objetivos de rentabilidad con las miras de impactar positivamente en la sociedad y el medio ambiente? La clave para responder esta pregunta parece estar en la formación. Para enseñar y explicar cómo una empresa puede ser exitosa de otra manera, el economista Heraldo Muñoz coordina Academia Mendoza Impacta (AMI), una adaptación “bien mendocina” de la Academia B, como él la llama.

En medio de las iniciativas del Encuentro +B, AMI nació con un grupo de profesores que se propusieron traer una visión académica a
Mendoza. “De ahí la impronta nuestra, más atendiendo a las cosas que creemos que son más importantes para la academia mendocina que para la academia latinoamericana y norteamericana”, señala Muñoz.

Él también es conferencista y se desempeña en tareas de desarrollo pedagógico en la UNCUYO. A su entender, lo que más distingue a Mendoza dentro del contexto en el que está inserta es que “tiene un sector empresario muy alejado de las instituciones académicas porque considera que la educación formal no es tan importante, en gran parte por culpa de las instituciones universitarias, que son muy teóricas”.

Con ese diagnóstico, AMI intenta acercar la teoría a la práctica organizando encuentros periódicos y debates. “Nacimos aproximadamente en mayo de 2018 y tuvimos una agenda importante: fuimos a casi todas las universidades de Mendoza, un mes cada una. Hay mucha sed de cosas como esta”, subraya el economista.

La perspectiva que plantea que la economía B brinda un plus, que otorga un propósito o un motivo a empresarios y científicos que se
desempeñan en esta ciencia, está muy presente en el discurso de referentes como Muñoz. Lo que puede calificarse, en cierta forma, de revolucionario es que esta concepción permite que los empresarios “duerman bien”. Ahí está otra clave del Sistema B: rompe con la aparente contradicción que plantea que la economía solo puede ejercerse de forma deshumanizada.

Así lo explica Muñoz: “Gran parte de los estudiantes de Economía a veces sienten una cierta dualidad, porque llegan a creer que deben tener una forma muy fría de hacer las cosas en pos de la eficiencia. Eso les hace ruido con sus valores más profundos. Entender que se puede hacer una economía más conectada con la humanidad, con los valores, con los principios, una economía más generadora que depredadora, los conecta mucho con el oficio. Incluso, a veces la enseñanza tradicional genera vacío existencial: ahí tenés a los economistas o empresarios que de un día a otro dejan todo y se van a vivir a la montaña, fenómeno que se está dando tanto sobre todo en el Primer Mundo. ¿Por qué pasa eso? Porque van de un extremo al otro. Entonces, estas concepciones son formas armoniosas de ejercer la economía, el empresariado y las finanzas”.

Qué es la Academia B

Hace cuatro años, la abogada colombiana María Emilia Correa, cofundadora del Sistema B, decidió impulsar la Academia B para invitar a docentes e investigadores a ser “agentes de cambio” de esta concepción empresarial. La idea de esta instancia de alcance internacional es promover la investigación y la divulgación de la visión de la economía de triple impacto para ser un puente entre el sector académico y el movimiento B.

En el mismo tono que el economista mendocino, la jurista cuenta: “Miles de estudiantes venían a decirnos que querían ser empresarios y ser parte de la solución, pero en las universidades no encontraban eso”.

A través de congresos académicos en diversas partes del mundo, del financiamiento de investigaciones y talleres de formación experiencial (que fomentan el aprendizaje mediante la simulación y, por ende, la experiencia directa), Academia B contribuye a difundir las ideas del movimiento que la sustenta. “Somos 1500 académicos de 33 partes del mundo”,  destaca Correa.

El Sistema B tomó el concepto de empresa B, surgido en Estados Unidos a comienzos del siglo, y lo plasmó en un movimiento transversal formado por políticos, empresarios, periodistas y especialistas de otras áreas. El Sistema B dio pie a la Academia B hace cuatro años, cuando se detectó que lo que faltaba era el desarrollo de conocimiento.

“La pregunta (por la posibilidad de una economía ‘consciente’) tiene que ser una fuente de innovación para crear soluciones. No es preguntarse si se puede, sino ver cómo lo hacemos”, propone la abogada.

Si bien esta entidad y Academia Mendoza Impacta no tienen relación formal, sí comparten la visión; además, trabajaron juntos en actividades en el marco del Encuentro +B. “El fuerte de Academia B son las universidades de Estados Unidos, sobre todo en Boston —explica Muñoz—. Si bien ellos buscan desarrollar esta mirada del proyecto en América Latina, nosotros hicimos una adaptación
bien mendocina”.

Desde AMI, plantean la economía de triple impacto como una “evolución”. De hecho, no es difícil darse cuenta de que, bien comunicado, el valor de ser una empresa B es una fuerza a favor de la imagen corporativa, por lo que puede atraer nuevos clientes.

“A una empresa que se gane una buena reputación y un buen prestigio le va a costar menos vender, tener los mejores talentos, conseguir capitales inversores, porque de alguna manera, están mostrando otro atributo de valor, que es el capital social comunitario”, corrobora Muñoz. Concluye en que la economía B “es más una oportunidad de hacer buenos negocios evolucionados que una contradicción entre ganar plata o hacer el bien. Es al revés: voy a ganar plata haciendo el bien porque hoy en día está todo conectado”.