Espectáculos Sábado, 21 de abril de 2018 | Edición impresa

Eduardo Hoffmann: “A Mendoza la llevo tatuada de nacimiento”

A punto de volar hacia Los Ángeles, el artista mendocino nos comparte su visión acerca del mundo de la plástica.

Por Mariana Guzzante - mguzzante@losandes.com.ar

Acaba de imprimir los catálogos para su próxima gira a Estados Unidos pero parte de él -siempre- está en Mendoza. Desde su taller de Barracas, ese refugio porteño en el que pinta 20 obras al mes, se entusiasma con la idea de visitar en Los Ángeles a su amigo Nick Mayer, el director de dos largometrajes de la saga “Star Trek”.

Allí, Eduardo realizará una muestra mientras suena música de Piazzolla. La gira comprende, pues, a dos músicos: la chelista Christine Valevska y el pianista Daniel Goldstein. 

– ¿Has pensado incursionar en las artes audiovisuales?

– Tengo la esperanza. He ido mandando unos escritos. Me tienta e interesa lograr algo allí. Aunque todavía no siento ni siquiera que haya podido lograrlo con la pintura. Así, la brújula de la charla pasa de esa fiesta hollywoodense en la casa de Mayer con invitados como Leonardo Di Caprio, a las sureñas montañas de su Mendoza natal. 

– ¿Qué sueño tenés pendiente?

– Tengo un gran proyecto con Karina Pahissa, mi pareja, que sueño hacer en mi provincia. 

– ¿Qué hay aquí para vos?

– Eso que se tatúa de nacimiento.  Por ese trazo indeleble es que, a cada viaje, hay un regreso. Su obra, en estos momentos, integra una muestra en Atamisque (Tupungato), junto a otros dos artistas: Mica Priori y Carlos Calise. En ese idílico paraje del Valle de Uco hoy impactan sus obras en gran tamaño. 

“Tengo 60 años y me gusta mucho más lo que veo que lo que hago”, confiesa. Menciona una larga lista de artistas contemporáneos que lo deslumbran. En especial el diseñador de moda Alexander McQueen cuyo trabajo es, según Hoffmann, “una poesía de otra galaxia”. 

De Argentina, le seduce la obra de León Ferrari, Macció y, por supuesto, Berni. 

– ¿Y entonces cuál es tu diálogo personal con tu obra? ¿Qué querés lograr?

– Yo hablo mucho a veces, me entrego a cierta verborragia. Pero la pintura dice más. Siempre dice más. Prescinde del palabrerío. Es como un haiku. 

“El Gran Camaleón”

Así lo llama su antiguo compañero de artes Egar Murillo. Y aquí, Hoffman le devuelve el gesto: “No necesito ir al Tíbet. Estar cerca de él es como estar en un templo”.

No es casualidad que juntos hayan planeado una muestra llamada Tobiano: “Esa combinación que no es blanco ni negro o tal vez ambos”. 

– Un punk y un rugbier

– Ésa es la fusión.

– ¿Qué te dejó el deporte?

– He recordado esto varias veces. Antes de salir a la cancha nos poníamos en ronda y decíamos: “Con huevos de oro, a divertirnos y a ganar”. Lo pienso cada vez que entro al taller. Es la misma consigna. Tener coraje para decir algo y pasarla bien. Mientras puedas. 

Por los años en que Egar y Eduardo cursaban, en la cátedra universitaria estaba el maestro Ducmelic. Quizá el artífice de que ambos -tan distintos- no sólo hicieran migas sino que generaran, cada uno en su búsqueda, una obra de relevancia nacional e internacional. 

“Ducmelic pintaba en pijamas. Tengo una imagen suya, mientras yo acomodaba un cuadrito en el techo del Fiat 600. Salió con esa ropa de cama y me dijo: ‘Cuando tenga una casa en el mar, invíteme’. Ésa fue la última vez que lo vi”. 

– Todavía no tenías el taller en la costa pero tenías el “fitito”.

– Ni siquiera era mío, me lo prestaban. En ese tiempo tenía una bicicleta. Pero Ducmelic no lo decía por “pitoniso”, era un gran conocedor. 

Las preguntas de su hijo Amancio -ha dicho- es una constante fuente de inspiración. Ahora que el niño está de campamento, lo extraña horrores. 

“Me mantiene en estado”, dice. "Sus compañeros me dijeron que me veo más joven que un abuelo". Hoffmann se ríe del extraño cumplido. “Lo cierto es que te mantienen en permanente actualización”. 

La tecnología -asegura- impregna la totalidad de su trabajo. Convive tanto con impresoras digitales tanto como con chapas caladas. “La computadora es como el aire”, consiente. 

– ¿Cuál es tu desafío inmediato?

– “Hace una semana recibí un mail que me alegró mucho. Me proponían trabajar en un mural para el Teatro Mendoza. Eso me entusiasma: un gran tamaño con temática teatral”.

 Por lo pronto, las obras de Hoffman tienen un marco imponente. El nuevo espacio de arte en la Estancia Atamisque (La Carrera, Tupungato) abraza la vista del Cordón del Plata. “Es un paraíso”, advierten los tres artistas invitados a exponer allí, entre praderas y caballos. 

La Ficha

Muestra de arte: Eduardo Hoffmann, Carlos Calise, Mica Priori.
Abierta hasta el 5 de mayo,
Visitas: Martes, jueves y sábados de 10.30 a 16.30
Reserva previa a: informes@estanciaatamisque.com
Entrada: útiles escolares para la escuela Ricardo Palma. 
Lugar: Ruta 89 s/n La Carrera- Tupungato Desde San José (Tupungato)  son 23 km.