Guarda14 Martes, 6 de agosto de 2019

Tierras aztecas, cuna del vino americano

Las crónicas dicen que fue a 33 años de la llegada de los españoles y a 12 meses del desembarco en México.

Por Redacción LA

Los primeros viñedos plantados por los españoles en este continente brotaron en México, en 1521, unos 33 años después del descubrimiento y a escasos doce meses del desembarco ibérico en territorio azteca, explica contundente Hugo Sabogal en su crónica, publicada en El Espectador de México, y posiciona a su país como el "primer productor de vinos de las Américas".

La necesidad de producir vinos era vital para los conquistadores, quienes los requerían no sólo para la eucaristía, sino para proporcionarse alimento, calorías y algo de placer.

Por eso, en uno de sus primeros edictos, Hernán Cortés ordenó a los nuevos colonos españoles plantar sarmientos (mil plantas por cada propiedad entregada en concesión).

La orden de Cortés recibió el aval del rey Carlos V, quien en 1531 decretó que cada embarcación enviada al Nuevo Mundo transportara vides para cultivar. Resultaron tan acertadas estas decisiones que, hacia finales del siglo XVI, México se había convertido en productor autosuficiente, reduciendo sus compras a las vitícolas andaluzas.

En 1597, México produjo su primer vino comercial en las instalaciones de la Misión de Santa María de las Parras, en el estado noroccidental de Coahuila. El recinto alberga hoy a Casa Madero, la bodega más antigua del continente.

Inspirado en Santa María de las Parras, el sacerdote Juan Ugarte fue estableciendo misiones con bodegas anexas, hasta llegar al actual estado de California, principal productor de vinos de Estados Unidos.

También florecieron viñedos en Aguascalientes, Baja California (Valle de Guadalupe), Chihuahua, Durango, Guanajuato, Nuevo León, Puebla, Querétaro, Sonora y Zacatecas.

Pero no todo fue prosperidad. En 1699, el rey Carlos II introdujo medidas proteccionistas que prohibían la elaboración de vinos en las colonias americanas. Fue un rudo golpe para México, que solo quedó autorizado para elaborar vinos sacramentales.

En consecuencia, pocos viñedos mexicanos quedaron en pie. En los siglos posteriores, la vitivinicultura estuvo llena de altibajos, entre ellos una serie de violentos conflictos entre colonos y la población nativa. Pero uno de los mayores retrocesos se dio con la decisión de los revolucionarios mexicanos de prohibirle a la Iglesia tener posesiones en suelo nacional. Lamentable, porque, durante centurias, la Iglesia fue depositaria, tanto en Europa como en América, de todo lo relacionado con el arte de hacer vino.

Posteriormente, en el siglo XX, también hubo tiempos de bonanza y de crisis. Pero más recientemente, en los albores del XXI, se ha visto un renacimiento gracias al apoyo de conocidos cocineros, quienes incluyen en sus restaurantes vinos locales al lado de reconocidas etiquetas europeas.

Variedades tintas (como cabernet sauvignon, cabernet franc, merlot, petite syrah, zinfandel, nebbiolo, barbera y tempranillo) y blancas (como colombard, chenin blanc, chardonnay y sauvignon blanc) conforman el repertorio de vinos mexicanos. Asimismo, el turismo enológico va en ascenso, beneficiando a regiones y bodegas por igual.

Fuente: https://www.elespectador.com