Opinión Miércoles, 11 de septiembre de 2019 | Edición impresa

Domingo Faustino Sarmiento y la labor educativa - Por Ana Araniti

Por Ana Araniti - Licenciada en Nutrición

Domingo Faustino Sarmiento pensaba en el maestro como quien debe ser formador de almas transparentes, forjador de esfuerzos futuros, como un humilde transmisor de conocimientos que se deslizarán al cerebro, para depositarse allí, pero con amor.

Lo veía como a un pájaro que puede volar y hacer volar tan alto, que ni los más avasalladores problemas, lo podrían doblegar. Al que, con ideas precisas, centradas, justas, procuraría llevar la mente de los jóvenes educandos, hasta el espacio del águila.

Y se aprende a volar, junto a los compañeros de trabajo, a las autoridades que se tiene a través del tiempo, pero fundamentalmente, junto a los alumnos, que con su gran empuje juvenil, colaboran en no hacer ardua la tarea.

Se considera que no hay maestro que triunfe si su alumno fracasa…   Por eso, “un maestro no sólo lo es por lo que ya sabe, sino también, por lo que todavía es capaz de aprender…”

Labor educativa

Debemos tener presente, que cuando hablamos de labor educativa, nos referimos al binomio educador-educando: es decir, al que imparte principios y enseñanzas y al que las recibe.

Pero…  he aquí que somos imprecisos, porque en la labor educativa, intervienen desde el edificio que nos alberga, hasta la vegetación del lugar. Desde la autoridad máxima de la Institución, que con su respetuosa figura respalda el diario quehacer, hasta quienes permiten desarrollar gran parte de la vida en condiciones higiénicas.

La educación es de relevancia para todos, porque todos tenemos un mensaje que transmitir, una enseñanza que dejar. No sólo se es docente del alumno, sino también del hijo, del amigo, del sano, del desvalido, del enfermo.

Todo es educación, ya que tenemos en cuenta dos aspectos de la pedagogía: lo esencial, la naturaleza del ser humano y lo accidental que es la coyuntura histórico-ambiental.

Lo primero incluye los conceptos de educación, educando, metas educativas, sistemas y técnicas funcionales a dichas metas. Lo segundo, se refiere a las distintas actitudes que hay que motivar en el educando, según la época y la sociedad en que hay que desenvolverse.

No es educación enseñar y aprender en un bello salón vidriado, donde los fulgurantes rayos del sol, penetran dando su luz. Educar, es también, volcarse a la comunidad, llevar una palabra autorizada a quienes claman por aprender, es poseer en el alma conceptos de enseñanza, haciendo que cada especialidad, tenga un encanto propio, un brillo, con el toque particular de cada autoridad.

Pero tenemos que ser ampliamente positivos, en un tema que no sólo interesa a nuestro país, sino al mundo entero: es importantísima la comunicación en educación, que no solo es televisión o radio. Hay quienes no las poseen. Pensemos que en el Congo (África), se comunican con tambores, y el mensaje llega; en otros lugares, con un tamborcito cerca de la esquina se predican cosas, y el que pasa, oye, y se detiene; otros emplean palomas mensajeras. 

Pero lo importante es que nos comuniquemos de alguna forma, para que aún, al más alejado, al más desvalido, llegue el mensaje educativo.

Evidentemente, existen varios factores a considerar en Educación. Es preciso estar actualizados en el panorama económico, cultural, social y tecnológico que incide en la educación que vamos a realizar.

En el aspecto económico, si nos referimos a alimentos, su producción, comercialización de los mismos y poder adquisitivo de la población nos marca una base; sin ella, caeríamos en  derroche de tiempo y esfuerzo.

En lo cultural, porque la adquisición de conocimientos permite un mejor desenvolvimiento al tener mayor ilustración.

En lo social, ya que la mujer se ha incorporado al trabajo fuera del hogar.

En lo tecnológico, porque el vertiginoso avance de la ciencia, obliga a conocer instrumentos y métodos que dan mayor destreza a los técnicos.

El niño en edad escolar

La última vez que el médico chileno, doctor Monckeberg, visitó Mendoza, hizo hincapié en que de estudios realizados, surge que, viviendo en  ambientes distintos, el rendimiento intelectual de los niños mal alimentados, es inferior a los nutridos correctamente, que el retardo mental está en correlación  con el peso y grado de desnutrición; que una disminución aparente del volumen del cerebro, acompaña a una afección severa de marasmo, y que el retardo en el crecimiento incluye un déficit en el crecimiento craneano , que a su vez tiene correlación con el cociente de inteligencia.

Por eso, la labor educativa se resiente en un escolar que no está bien alimentado.

En nuestra provincia, la Dirección General de Escuelas cubre, con los comedores escolares, las falencias alimentarias, que influyen en la educación. 

Esto permite al maestro desarrollar ampliamente la labor educativa.