Escribe el Lector Sábado, 14 de diciembre de 2019 | Edición impresa

Dimas Agüero, uno de los últimos jurisconsultos

Por Alberto Darío Lucero

Oscar Dimas Agüero  fue quizás unos de los últimos jurisconsultos de estos tiempos. Destaco el calificativo “jurista” y “consulto”. Él conocía los principios de la Ciencia Jurídica como pocos, y por ello fue fuente de consulta de muchos profesionales. A la par de su categórico conocimiento jurídico rescatamos su personalidad, un hombre de bien y de carácter fuerte. No cedió nunca a sus convicciones. No calló nunca su pensamiento, peleó y presentó batalla siempre, con el respeto que lo caracterizaba, aún en condiciones muy desfavorables en contra de quien fuese, colegas, magistrados, autoridades. Fue un hombre esencialmente “leal”. Leal con sus pares , leal con sus amigos, leal con el derecho y la justicia.

En su vasta trayectoria, se destacó como eximio penalista, un gran catedrático. 

Contribuyó con la Facultad de Derecho de la UNCuyo en momentos decisivos de su creación como decano normalizador.  

Abrazó la seguridad social de los abogados, fue un defensor inclaudicable de Caja Forense en la cual se desempeñó como presidente. 

Uno de los últimos juristas con una pluma muy refinada y aguda, siempre debidamente fundada. Pudo y debió alcanzar la Suprema Corte. Los secretos del poder sabrán por qué no alcanzó tan merecido galardón.

Desde el llano, siempre con generosidad e hidalguía, fue el jurista buscado de aquellas causas que por su complejidad eran sólo para unos pocos profesionales. En muchas de ellas, por su afán de lealtad, defendió y asesoró sin cobrar honorarios a colegas, magistrados, autoridades y amigos.

Se ha ido un jurisconsulto, con el respeto y reconocimiento de todo el foro, aún de sus ocasionales adversarios. 

Su ejemplo de ejercicio profesional será, o debería ser, el norte de todo hombre del derecho.

Alberto Darío Lucero

Abogado - Universidad de Mendoza. Docente universitario