Opinión Sábado, 21 de diciembre de 2019 | Edición impresa

Diciembre - Por Jorge Sosa

Estamos en diciembre, ha de renovarse la fe, y también la esperanza. habrá brindis para todos, salvo para el que maneje a la vuelta.

Por Jorge Sosa - Especial para Los Andes

Es el duodécimo mes del calendario aunque por su nombre debemos deducir que es el décimo, como para confundir más y debe de ser uno de los meses más importantes del calendario por los acontecimientos que en él se involucran, sobre todo las fiestas de fin de año. 

¿Uno celebra el año nuevo porque por fín se va el anterior o porque tiene esperanzas de que el que viene va a ser mejor?

Se cierra el año y es el momento de hacer lo que se llama memoria y balance, es decir desmenuzar el tiempo transcurrido para comprobar si transcurrió con bien o nos dejó cicatrices importantes. 

Para los argentinos no ha sido un año fácil, no hemos podido superar las deudas que tenemos con nosotros mismos y en el Gobierno, en varios aspectos, orinaron a dos metros del tarro. 

Pero viene el 20-20, ya está signado su nombre, será el 20-20 por toda su duración. 

Este diciembre ha sido, dentro de los diciembres, un mes muy especial porque en él cambiamos de gobierno. El nuevo gobierno tiene pocos días de haber asumido y no se le puede pedir mucho en tan poco tiempo. Vamos a ver cómo lo evaluamos cuando sea diciembre del 20-23, entonces tendremos oportunidad de decidir si sigue o mejor se manda a guardar para que otro tenga la oportunidad de mejorar este país que tiene todas las condiciones, pero al parecer las tiene en el cajón del olvido. 

Ahora vienen las fiestas y después, ya entrados en el año nuevo, las vacaciones. Las fiestas tienen sus implicancias porque crean verdaderas disyuntivas, por ejemplo ¿dónde pasar las celebraciones o con quien pasarlas? No es fácil porque uno tiene la familia repartida y cuesta elegir, con el agravante de que el que perjudicado es el elegido, porque tiene que soportar la invasión de parientes en su propio terreno y eso significa un trabajo extra, extremo y muy especial. 

Hay dos comidas que se usan en estas fiestas y después quedan postergadas durante todo el año. El pan dulce es una de ellas, herencia de la gastronomía nórdica, se hace indispensable su presencia en las fiestas, en la de Navidad sobre todo. No sé a quien se le ocurrió ponerle fruta abrillantada al pan dulce, pero me parece que no fue una buena idea porque en una breve encuesta que he tomado bajo mi responsabilidad el 80 por ciento declaró no llevarse bien con ese aditamento. 

La otra comida usual es el vitel toné. Alguien siempre se toma el trabajo de prepararlo pero después no aparece en los encuentros periódicos de la horda familiar. 

Otros menesteres que implican estas fechas especiales es cómo calmar a los chocos cuando reaccionan ante los fuegos artificiales. Es una tortura sonora para las buenas mascotas muy difícil de contrarrestar. 

Es diciembre, y uno llega a él con el lastre que significó atravesar a salvo los más de trescientos días que lo anteceden. Se siente, nos sentimos, realmente cansados y esperamos el descanso anual complementario para reponer fuerzas y que el año nuevo nos encuentre en plenitud de condiciones, pero no es fácil, porque muchas veces las vacaciones cansan más que los períodos de trabajo y entonces uno precisa vacaciones de las vacaciones.

Y encima llega el verano así que aguántate termómetro que allá vamos. 

Estamos en diciembre, ha de renovarse la fe, y también la esperanza. Habrá brindis para todos, salvo para el que maneje a la vuelta.