+ Deportes Opinión Domingo, 16 de junio de 2019 | Edición impresa

De Las Heras al mundo - Por Maxi Salgado

Mientras muchos buscan destruir a las instituciones siendo profesionales de las denuncias, destacamos la historia de Cementista.

Por Maxi Salgado - msalgado@losandes.com.ar Twitter: @maxisalgado

Mística, que según el diccionario tiene que ver con algo sobrenatural, un fenómeno inexplicable, es lo que tiene indudablemente esa esquina que da la bienvenida a Las Heras. Ese lugar que para muchos es un polideportivo sin muchos atractivos, pero que ha dado a la provincia un sinfín de alegrías: el Club Cementista o simplemente el Poli, cómo se lo conoce popularmente. 

Es que así nació. Era el lugar destinado a que la gente del barrio pudiera tener su lugar de esparcimiento. En ese playón que hoy intenta ser un estadio cerrado con todo el sacrificio que están haciendo sus dirigentes y socios, comenzó a gestarse una escuela que se convirtió en Universidad y hoy tiene a egresados de alto nivel.

Así como a unas cuadras de allí Don Paco Bermúdez creó la escuela de boxeo mendocino ( que pensaría hoy que ve que la Federación está envuelta en un problema legal bastante complicado), en Cementista se fue cincelado a grandes figuras del futsal.

Germén fundamental de un deporte que crece en nuestra región como la jarilla. Multiplicándose a raudales hasta llegar a invadir cualquier rincón que esté libre. El Poli fue esta semana noticia nacional y mundial. Cómo pasa en aquel evento multitudinario, todos comienzan a descubrir esos lugares que, en silencio y con mucho sacrificio, transforman la sociedad. Y entonces, después de ver a Estefanía Banini pisarla y pasando entre varias japonesas, los neófitos comenzaron a preguntarse ¿y ésta chica de dónde salió? “De Cementista”, contesta ella con el pecho inflado, lo que demuestra el sentido de pertenencia que generan esos colores.

Porque muchos olvidan su pasado y hasta quieren borrarlo cuando las luces de grandes ciudades los obnubilan.

Quizás muchos de los mendocinos y hasta algunos lasherinos no conozcan que Cementista también es la casa de Anita Ontiveros (mejor jugadora del último mundial femenino y líder del equipo del club que viene de coronarse bicampeón nacional de clubes de la selección mendocina que ganó tres títulos consecutivos, por ahora), de Renzo Grasso (también elegido el jugador más valioso en el Mundial de Misiones dónde Argentina se coronó campeón e integrante de la selección mendocina que desde hoy buscará el pentacampeonato en el Sur del país).

O que Cementista tiene dos equipos jugando en la Primera del futsal local y uno en la B que viene arrasando y para muchos es candidato al ascenso, con lo cual se daría la inédita situación de que un club tenga tres representantes en la máxima categoría.

Un ejemplo de cómo un pedacito de terreno puede cambiar la historia de una población.
Seguramente habrá cientos de historias como estas en el país y que lindo que así sea. Porque sino hoy no podríamos sentirnos orgullosos de que esa chica que jugaba con los nenes, porque su profesor (Perico Pérez) no la discriminó en épocas donde eso era muy común, fue elegida mejor jugadora de un partido de FIFA.

Porque sin instituciones cómo éstas, los mendocinos seguiríamos siendo los montañeses que tanto nos molesta, pero a la vez nos identifica.

Defendamos entonces las instituciones, no miremos para otro lado, ni las ataquemos por apetencias personales como está pasando hoy con el boxeo. Una serie de denuncias tiene al deporte de los puños con respirador artificial y no podemos dejarlo morir. Esto no quiere decir que miremos para otro lado si hay corrupción, sino que nos comprometamos, ayudemos, trabajemos. 

Quedarnos viendo Netflix para comprar una realidad lejana y después criticar desde el sillón, sólo hace daño. 

Un daño que no es para los dirigentes de turno, un daño que pagan los deportistas, que sin la necesaria organización, terminan abandonando la actividad. 

Más que gurkas de las denuncias, necesitamos gurkas del trabajo. gente que se arremangue y salga a la cancha.