+ Deportes Domingo, 21 de abril de 2019 | Edición impresa

De jugar con los Funes Mori al futsal lasherino

La historia de Matías Sánchez, el amigo de los mellizos que se sumó a Municipal y recuperó la alegría que le quitó el fútbol profesional.

Por Maxi Salgado - msalgado@losandes.com.ar

Cuando una puerta se cierra, hay varias que se abren. De eso puede dar fe Matías Exequiel Sánchez, quien después de peregrinar durante muchos años en el fútbol, ahora disfruta de jugar al futsal más allá de que lo hace en un club nuevo y humilde como es Municipal Mendoza.

Matías se fue muy chico con su familia a vivir a los Estados Unidos y allí compartió equipo con los mellizos Funes Mori, lasherinos de nacimiento como él. Un video que Ramiro envió deseando éxitos al club lasherino nos llevó a conocer la historia de este jugador que puede ser la de miles de chicos que ponen todas las esperanzas en el fútbol profesional y no consiguen trascender principalmente por las trabas que el profesionalismo va poniendo en el camino.

“Con los chicos jugué unos seis años en CD Independiente, un club de Irving (Texas). Era un equipo de mexicanos y argentinos. Después ellos se fueron a otro equipo y de ahí a Inglaterra. Yo ya estaba en Argentina, porque un representante me trajo a los 17 años y me llevó a Aldosivi”, cuenta Mati en las tribunas del Cedrys 24 en un alto del entrenamiento.

 

“Siempre quedó la amistad, es más este año me fui a México a pasar un mes con Rogelio. Quería que me fuera en las Fiestas, pero yo tengo un reparto de fiambre y esa época es la de mayor trabajo, así que arreglamos y el 2 de enero viajé para allá”, recuerda y muestra fotos de sus juntadas con Funes Mori, Lionel Vangioni y Juan Pablo Carrizo, todos ex River que se volvieron a juntar en tierras aztecas.

Actualidad. Matías en el entrenamiento hoy.

“Fue muy duro para mí venirme sólo. Viví muchos años en pensiones solo. Mi familia se quedó en los Estados Unidos. En Aldosivi firmé el contrato pero no me gustó, me quería volver. Me vine a Mendoza, en dónde por lo menos estaban mis primos y me volví a encontrar con los chicos en Godoy Cruz. También tuve un paso en Gimnasia con Chacho Mancini y don Arrieta y después llegó el Cogote Dillon de técnico y me hizo debutar en Primera. A los Funes Mori le salió lo de River y me consiguieron un prueba allá. Estuve un año sin contrato, pero otra vez el tema de estar en pensiones y sin la familia. Después de terminado ese año, Juan José López no me hizo contrato y me bajoneó mucho”, cuenta con un dejo de nostalgia y agrega que estuvo nueve años sin ver a su familia.

“Lo que pasa es que nunca nos daban más de una semana de descanso y era imposible irse hasta Estados Unidos. Además, como estaba muy confiado en que me iba a quedar en River, yo en las vacaciones me iba a entrenar solo en un gimnasio”, repasa.

Después de River hubo un pase frustrado a O’Higgins de Chile y ese fue el detonante para que el sueño del fútbol profesional quedara archivado. Llegó el tiempo de armar una familia.

 

“Mi señora, que es mexicana, y a la que estuve todo ese tiempo sin ver, se vino para Argentina”, cuenta. Esa vida plagada de contratiempos y de horas de soledad se fue matizando siempre con el fulbito de los fines de semana con amigos, hasta que un amigo lo invito a probar en el futsal en Godoy Cruz.

Hice la pretemporada y me enganché. Estaba Dardo Palacios como técnico. Pero en ese año tuve un hijo y el trabajo me consumía mucho tiempo, así que dejé”, repasa mientras cuenta que más allá de que en Estados Unidos vivió cosas muy fuertes como todo adolescente, no abandonaría Las Heras.

Ese sentido de pertenencia lo llevó a engancharse en el proyecto de Municipal Mendoza. “Todavía no pude debutar, porque me lesioné en Copa Vendimia, pero estoy muy feliz. Es gente muy buena y somos todos amigos. Ya no me voy a ir de acá”, cuenta este zurdo de 30 años quien se destacaba de cinco en sus épocas de cancha grande, aunque hasta llegó a jugar de 3 y de wing.

 

Una historia de las tantas que tiene el verdadero futsal de la provincia, este deporte que tiene ese imán que te atrapa para no soltarte. Una actividad que le devolvió a Matías la posibilidad de ser feliz con una pelota en los pies, ese sentimiento que el fútbol de once había mandado a la jubilación.