Arquitectura Sábado, 6 de julio de 2019

De casona a la italiana, a chalet pintoresco

En la ciudad de San Rafael y a comienzos de la década del 40, el ingeniero Juan Carlos Gómez recibió un encargo especial.

Por Graciela Moretti, Magister en Historia de la Arquitectura y el Urbanismo Latinoamericanos

Se trataba de la remodelación de la casa de Elena y Fausto Burgos. El matrimonio conformado por María Elena Catullo y el escritor tucumano nacido en la villa de Medinas se radicó en el sur de Mendoza hacia 1916. Provenientes de La Plata, ciudad donde se habían conocido, llegaron para ejercer la docencia en la Escuela Normal  creada un año antes.

Al poco tiempo de instalados adquirieron un lote en esquina, distante unas cinco cuadras al oeste de la plaza departamental. En aquel momento la propiedad -situada en Chile y Saavedra- era considerada algo retirada del centro. Construyeron inicialmente una casa de un nivel cuya fachada a la italiana estaba rematada por una cornisa ondulante. A diferencia de las casas chorizo, tradicionales de la época, la casa del matrimonio se caracterizaba por estar retirada de la línea municipal, con jardín frontal y rejas de hierro forjado.

Quizás las raíces españolas de Burgos, pero especialmente el gusto de ambos por el arte americano y por la arquitectura colonial andina, influyeron para que luego de un viaje realizado en 1927 por Bolivia y Perú el matrimonio encarara una radical transformación de la vivienda. La ciudad de Lima, uno de los lugares visitados, se caracteriza  por contar con casonas virreinales con bellos balcones de madera, elementos que identifican el paisaje urbano limeño. La casa de Torre -Tagle, la de Osambela, la del Oidor y su balcón esquinero seguramente los maravillaron.

Por ese tiempo, además, se estaba construyendo también en Lima, la sede de la Embajada argentina, un edificio en esquina proyectado por el arquitecto Martín Noel, uno de los máximos referentes de la arquitectura neocolonial y autor de obras como la casa de Carlos Noel, actual Museo Fernández Blanco, en la ciudad de Buenos Aires.

De regreso a Mendoza, la pareja convocó a uno de los cuatro ingenieros con que contaba San Rafael hacia 1940. Se trataba de Juan Carlos Gómez, quien había estudiado Ingeniería Civil en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. Gómez firmó todo los planos que se presentaron a la Municipalidad. En ese tiempo los mismos no llevaban una carátula, sino que debían contar con las firmas del profesional y del propietario. Por ello las rúbricas de Gómez y Burgos están en cada documento gráfico que reflejaba el nuevo lenguaje adoptado para la casa, ahora de dos niveles.

A partir de 1943 la casa Burgos se convirtió en una de las obras más relevantes del neocolonial en su vertiente hispánica. Diversos tipos de balcones de madera, con celosías, tanto del tipo cajón como esquinero, se colocaron en el primer piso. Fueron traídos desde Perú desarmados y tallados y aquí se los instaló. Poco tiempo después, y para reforzar el carácter pintoresco del chalet, se revistieron los muretes exteriores y los enmarques de las aberturas con piedra “Mar del Plata”, de diversos tonos pasteles y ocres.

Así, la casa de Elena y Fausto  Burgos, en San Rafael, adscribe a un tipo de arquitectura que ha sido definida como de la “restauración nacionalista”, aún cuando sus elementos remitan a otras geografías o sus materiales provengan de otras latitudes. Así como su volumetría ya es un símbolo de la ciudad, el recuerdo y aporte de sus antiguos dueños para con la cultura nacional es su más preciado legado.