Sociedad Sábado, 17 de agosto de 2013 | Edición impresa

Custodias del tesoro de San Martín

Este año la entidad festejará sus cien años de existencia. Su historia da cuenta del afecto que el General guardaba por Mendoza. Un recorrido por el Museo que guarda muebles, documentos y trajes originales.

Por Zulema Usach
Sus ojos brillan con sólo nombrarlo y contar escenas de su vida. Es más, mientras relata cómo surgió la entidad que ha dirigido durante décadas, Milka Vicchi de Reboredo Correas hace de la historia del General José de San Martín una charla en la que no faltan testimonios, nombres, fotos, fechas precisas y lugares que describe a la perfección. Tal vez, ella es justamente una de las personas que más sabe a cerca del entorno que rodeaba al Libertador, sus conocimientos, sus sueños y añoranzas.

Habla de él como quien menciona a un amigo muy querido, un modelo al que todos deberían seguir. Sabe, por ejemplo, que José de San Martín en realidad cruzó ocho veces la Cordillera de los Andes y no sólo una.

Asegura en base a los testimonios que quedaron del pasado, que este hombre iluminado era, también, un apasionado investigador de la medicina natural. "San Martín era homeópata", afirma Milka y recuerda que entre los elementos que han perdurado hasta la actualidad hay un botiquín que él mismo llevó consigo para "curar a los soldados cuando enfermaban".

Además de haber escrito tres libros referidos a José de San Martín, ("Simplemente Remedios y José" es uno de ellos), Milka ha sido mentora de proyectos destinados a proteger y poner en valor uno de los tesoros más importantes que tienen los mendocinos: el Museo del General José de San Martín.

Ha sido ella inclusive, la encargada de recibir de manos de oficiales y familiares descendientes de los próceres, documentos, objetos, muebles y vestimentas que hoy se constituyen como el testimonio más sólido de lo que fue la estadía de José de San Martín en nuestra provincia y el amor que él sentía por estas tierras y su gente.

"San Martín está vivo para nosotros; lo que hacemos, es ante todo por respeto a todo lo que él enseñó y logró para el bien común de todos. Cuando ponemos amor en lo que hacemos, no hace falta nada más", dice Milka, quien desde 1957 ingresó como vocal en la Asociación Damas Pro Gloria y en 1972 fue nombrada presidenta. Desde el principio, ella dedicó todos sus esfuerzos a construir lo que hoy es quizá uno de los lugares del mundo que mejor atesora las secuencias históricas más importantes de la epopeya libertadora.

Custodias de la historia

Que Mendoza haya sido el lugar donde el General vivió junto a su esposa Remedios y su hija Mercedes, y que hayan sido estas tierras las que albergaron cientos de vivencias que se transformaron en la clave de los momentos previos al histórico Cruce de los Andes, genera cuando menos, un orgullo que permanece latente generación tras generación.

Milka sabe bien lo que esto significa. Al igual que las mujeres que la antecedieron en la presidencia de la entidad -que cumple cien años el 20 de diciembre de este año- la mujer ha defendido con uñas y dientes el patrimonio más importante de los mendocinos, sin subsidios y con un trabajo totalmente ad honorem.

La historia de la Asociación Damas Pro Gloria, la única de este tipo en el país, se remonta hacia 1910, exactamente un siglo después de la Revolución de Mayo.

En ese entonces, en los tradicionales chocolates que se organizaban en las casas de familia para conmemorar la fecha, un grupo de mendocinas vio la necesidad de comenzar a rescatar todas aquellas reliquias que habían quedado en la provincia luego de que el General José de San Martín cumpliera su mandato como Gobernador Intendente de Cuyo y arribara hacia el otro lado de la cordillera para cumplir su plan liberador.

"Se juntaban en esos desayunos los bisabuelos, abuelos, padres y nietos. Algunos habían estado con San Martín o habían escuchado algo sobre él. Siempre se contaban nuevos relatos", cuenta Milka y explica que la asociación surgió a partir de la necesidad de lograr que estos testimonios (materiales, escritos y orales) perduraran a través del tiempo, es decir, que no se perdieran.

La mendocina Laura Lemos fue la pionera. Su idea fue fundar una entidad que se dedicara específicamente a recibir y custodiar las piezas que quedaron de José de San Martín y de todos los patriotas que de alguna u otra forma colaboraron con la causa independentista. Y así fue.

Sin embargo, ella, a pesar de ser la verdadera fundadora -cuenta Milka- nunca pudo ejercer como tal, sino que quedó sólo en el rango de secretaria porque era soltera.

"Uno de los requisitos para presidir la fundación era que las mujeres estuvieran casadas", lamenta Milka. Estas iniciativas, lejos de quedar truncas, florecieron. Tanto fue así que la etapa inicial de la asociación contó con la adhesión de 351 patriotas. Muchas de ellas, sobre todo las damas que integraron la primera Comisión Directiva eran descendientes de familias patricias, de mendocinos ilustres y de aquellos que cooperaron a la epopeya sudamericana.

Con su personería jurídica en regla y después de golpear muchas puertas, ellas lograron contar con un primer lugar donde establecerse. De hecho, hacia 1948 estas mujeres bregaron por la aprobación dos leyes provinciales que estipulaban la expropiación del Solar que perteneció a José de San Martín (iniciativa que recién este año tuvo respuesta de la Legislatura y la comuna capitalina) y la construcción del edificio donde funciona hasta la actualidad el Museo Histórico, la Biblioteca General San Martín y el Archivo Histórico de la Provincia.

Recorrido a través de tiempo

Ingresar al museo erigido en homenaje al Libertador significa hacer un recorrido por ese pasado en el que las palabras igualdad y libertad sentaron las bases para el cambio más trascendental de la historia de los pueblos de Sudamérica.

En las paredes de los pasillos se pueden ver cuadros con imágenes representativas de la época y cartas escritas de puño y letra de los próceres. Pero si hay algo que llama la atención es el modo en que los objetos que José de San Martín utilizó estando en nuestra provincia perduran intactos.

El sillón extensible al estilo de la época, sobre el cual el General reposaba durante su enfermedad, antes de ser llevado a Chile, la colcha que fue confeccionada a mano por un grupo de damas peruanas y hasta un reloj utilizado por San Martín aparecen entre las reliquias que fueron donadas al museo en diferentes oportunidades.

También se puede apreciar el botiquín de homeopatía, un baúl, la cama en la que nació Merceditas e incluso una puerta ventana que perteneció a la quinta de Los Barriales en la que el prócer vivió. Trajes y armas originales de granaderos oficiales se suman a las piezas históricas. Cada una guarda en sí misma, un acontecimiento único y trascendente.

Otras, simplemente hablan de la humanidad de los hombres y mujeres que formaron parte del círculo inmediato de San Martín. Colgado en una de las paredes del museo, aparece un cuadro con dos rostros y en el centro, un mechón de cabello que fue enviado a Mendoza desde París, tras la muerte de Mariano Balcarce (esposo de Mercedes, hija de José de San Martín y Remedios Escalada).

La historia cuenta que la pieza fue encontrada entre sus manos fuertemente cerradas al momento de morir. Su esposa había fallecido diez años antes.

El circuito por el paseo se complementa con un monolito que fue cedido por la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos a través de la Ley 1.266 y culmina con la muestra del uniforme original azul con guantes blancos utilizado por los granaderos. "Él -por San Martín- diseñó estos atuendos de manera tal que los soldados que lo acompañaron en la cruzada no pasaran frío", asegura Milka.