+ Deportes Opinión Domingo, 12 de mayo de 2019 | Edición impresa

Cuidemos a las chicas - Por Maxi Salgado

El deporte cambia en el discurso, pero no en los hechos y las competencias femeninas siguen quedando en segundo lugar.

Por Maxi Salgado - msalgado@losandes.com.ar - Twitter: @maxisalgado

Más allá de que el discurso suele ser el políticamente correcto para los tiempos que corren, todos sabemos que la situación del deporte femenino en la Argentina sigue siendo diferente a la de los hombres.

¡Cuidemos a las chicas! debería ser un lema que todas las federaciones deportivas tendrían que ponerse como objetivo. El mito de que las mujeres no practican deportes es cosa del pasado y es un concepto machista el de que existen unos deportes para las féminas y otros para los hombres.

Hoy las mujeres practican casi todos los deportes, tanto a nivel amateur como profesional, las competencias internacionales de primer nivel como los juegos Olímpicos tienen chicas en todas sus categorías. Es más, los últimos Juegos de la Juventud, realizados en Buenos Aires el año pasado, tuvo la misma cantidad de chicas que de chicos.

De todas maneras, las competencias de las damas siguen teniendo miles de inconvenientes y sufren el mismo desinterés que hace décadas.

La tan promocionada profesionalización de la Primera División del fútbol argentino, llegó después de que los medios se hicieran eco de una catarata de situaciones disparatadas, lo que hizo que la dirigencia tuviera que salir a hacer algo para frenar las críticas. 

Recordemos que las chicas de la selección de AFA no tenían un viático como pasa como los hombres y muchas veces tenían que poner plata de su bolsillo.

Hoy pasa algo parecido en las instituciones de la provincia, las que no tendrían rama masculina sino fuera que se les exige como requisito para poder competir en el alto nivel del masculino.

Tanto se bastardea a la actividad, que a los clubes también se les exige tener todas las divisiones menores masculinas para participar de las competencias, pero no pasa lo mismo con las chicas. Es decir, no se milita el crecimiento de la rama. Nadie piensa en el futuro. Leyéndose en criollo, es démosle algo para que no molesten. 

Por otra parte, las chicas se entrenan en horarios nocturnos porque previamente tienen que cumplir con sus obligaciones (estudios, trabajo, cuidado de hijos), mientras que los hombres cuentan con otras comodidades. 

Esta semana pasó algo similar en el futsal nacional. Paraná organizó el Nacional de Clubes en dónde hubo 28 equipos de los distintos puntos del país y llamativamente, programó los partidos más importantes del certamen en una cancha que tenía las dimensiones de básquet y no de futsal.

Obviamente que las quejas resonaron en todo los rincones y terminó con una sentada de las chicas de Cementista y Jockey en el inicio del partido de ambos equipos por Octavos de final del torneo.

Más allá de las justificadas razones que se esgrimieron, la realidad es que la rama, que crecer sin techo, no se merece vivir estas situaciones.

En Mendoza, por ejemplo, hay 28 equipos que compiten en la Primera División y ya hay muchas instituciones que están armando sus planteles. Esto sin tomar en cuenta que ya hay 16 clubes que tienen sus equipos de divisiones menores.

Argentina, que viene de ser campeón mundial masculino en este deporte, debe mostrar otra realidad. Porque, además, las chicas jugaron la final del último certamen ecuménico y es de esos clubes que compitieron en Paraná de donde salen las jugadoras que terminan defendiendo la camiseta nacional.  El crecimiento de cualquier actividad debe darse en todos los ámbitos.

Pasa lo mismo en otras actividades como el básquet (las jugadoras de Mendoza deben ir a jugar a otras plazas para trascender) y el rugby, donde la parafernalia de la competencia masculina hace olvidar a las chicas. Y la lista puede seguir. ¡Ojo! los medios no quedamos fuera de esta crítica. Porque también invisibilizamos, muchas veces, a las competencias femeninas. 

Ojalá el apoyo deje de ser de boquilla y comience a hacerse efectivo. Ojalá ¡cuidemos a las chicas!