Sociedad Jueves, 14 de noviembre de 2019 | Edición impresa

Cuando un amigo se va... ¿queda un espacio vacío?

Los poetas, pero también los profesionales, encuentran en esta relación aspectos que no se dan en ningún otro vínculo.

Por Victoria Navicelli - Especial para Los Andes

Muchas de nuestras amistades las elegimos por tener algo en común, existe una afinidad que hace que queramos pasar tiempo con esa persona e, incluso, que sintamos que nos complementa. Se transforman en compañeros de vida. 

Este vínculo afectivo ha llegado a decirse que es mucho más fuerte que uno amoroso pues se conserva por mucho más tiempo y solo se acaba en casos excepcionales. Ya lo pensaba Aristóteles en sus años esplendorosos de estudio, cuando afirmaba que “la amistad es la relación más noble y libre que puede tener un ser humano”. 

Noble por la entrega y, libre por no ser exclusiva. Y, si bien las palabras del griego son indiscutibles, en la actualidad hay filósofos amateurs que sostienen que un amigo es como un hermano que vive en otra casa. Interesante forma de de describir a quien nos acompaña de manera incondicional día a día. 

Pero, ¿qué pasa cuando ese “hermano” nos decepciona? Según los profesionales, cuando esto sucede se produce un gran vacío que duele mucho más, incluso, que la ruptura de una pareja. Además, luego de esa experiencia comenzamos a ser más selectivos.

 

Retomando un poco lo que Aristóteles decía, para él existían tres tipos de amistad (aún en vigencia): por utilidad, o sea, aquellas que buscan un beneficio; por placer, las que comparten algo que les genera satisfacción pero cuando ese “algo” se termina, las relaciones se disuelven y; las verdaderas, las que sentimos como parte indispensable de nuestra vida. 

Esta última clasificación hace referencia a aquellos “compinches” que le dan sentido a nuestras experiencias y que sostienen esta afirmación científica que dice que, mientras más tiempo pasamos con amigos, más reforzamos nuestra salud y combatimos las consecuencias del estrés. 

Según la Universidad de California, tanto en las relaciones amorosas como en las de amistad, los sentimientos que las unen son el respeto, la espontaneidad, el apoyo incondicional y la valoración. Si bien en el caso de las relaciones amorosas prevalece la atracción sexual y la “exclusividad” (aspecto que hoy está en controversia); en la amistad suma la estabilidad, la aceptación y la tolerancia. Por eso mismo es que se sostiene que la pérdida de estas relaciones causa heridas más difíciles de sanar. 

 

En esta sintonía, la psicóloga Cecilia Bariain, dice que “la relación de amistad requiere de respeto, confianza, reciprocidad y se caracteriza por ser una relación donde uno elige estar de una manera voluntaria. Se encuentra no solo pares donde se pueden compartir momentos placenteros, sino también el apoyo cuando uno está atravesando un momento doloroso o estresante”. Tiene el plus de no requerir exclusividad del otro, como suelen necesitar las parejas amorosas, y suele haber más tolerancia; por lo que es más difícil que se generen rupturas. 

Éstas suelen existir cuando alguno se ha sentido decepcionado o engañado por el otro, donde ha habido una falta de respeto grande hacia los valores o la integridad, y la persona se puede haber sentido dañada por las acciones del o la amigo/a. Por lo tanto, “también suelen ser más dolorosas, ya que seguramente ha sido mucho lo ‘puesto’ en esa relación, y uno debe atravesar el proceso de duelo por esta pérdida”.

Las relaciones de amistad, como otras, “pueden irse modificando con el tiempo y las circunstancias que se van presentando a cada uno de los amigos. Por lo tanto, no se puede hablar de caducidad, sino de modificaciones en las vivencias que se dan en el encuentro de las personas. Hay momentos de mayor afinidad y otros en que la distancia en pensamientos y experiencias generan tensión entre los amigos”, sostiene la psicóloga Denisse Rubert. 

Lo que nos decepciona de un amigo puede variar dependiendo de la clase de relación que hemos establecido y de las características de las personas. Hay amigos que toman como decepción la disminución de la frecuencia de contacto, por ejemplo, pero puede haber muchas otros motivos. “Con el tiempo y los cambios en las rutinas se van generando otros intereses que pueden afectar a los distintos miembros de la relación de amistad”, añade la profesional.

 

Para continuar en la amistad es necesario romper con el ideal romántico de que “es para siempre e incondicional. Requiere que las partes pongan de sí, y tolerar que el otro no es perfecto y puede tener errores. Volver a intentar construir la amistad, si ha sido sana en su mayor parte del tiempo, suele valer la pena, ya que las razones por lo que se generó es la afinidad de puntos en común: proyectos de vida, gustos; pero, principalmente, el deseo de querer compartir momentos y experiencias y también sentirse valorado por ser la persona elegida del otro”, sostiene Bariain. 

En algunos casos las relaciones de amistad exceden en tiempo a las relaciones de pareja en distintas etapas de la vida. “El hecho de conocerse con alguien por mucho tiempo puede influir en gustos, intereses y proyectos puestos en común. Por otro lado, una conversación entre amigos puede incluir temas que difícilmente mencionaríamos frente a una pareja, podríamos sentirnos menos juzgados y obtener una devolución sincera sin el compromiso de la pareja”, afirma Denisse Rubert. 

Cuando en la relación de amistad ha habido características poco sanas sostenidas en el tiempo, como la desvaloración, celos, denigración, es necesario evaluar si continuar esta amistad es beneficioso o existe una dependencia patológica hacia el otro. 

Aquí se requiere una mirada hacia uno mismo, por qué se han elegido este tipo de amistades y comenzar a pensar que es necesario un cambio. 

Pero, mayormente las relaciones de amistad suelen desvanecerme casi por inercia “cuando las situaciones de los integrantes cambian por encontrarse en otro momento de la vida”, dice Bariain. 

Si una relación de amistad sufre remezones y riesgos de desaparecer, lo bueno es saber que se puede salvar y, en varios casos, vale la pena. Los momentos compartidos y la complicidad son más fuertes y abren paso al reencuentro y la reconciliación. 

Para Denisse Rubert, “las diferencias que pueden surgir en la amistad y los desacuerdos son la excusa perfecta para un encuentro a solas donde ambos puedan decirse todo frente a frente. Las amistades que no pueden superar esta instancia inevitablemente comenzarán a distanciarse, algunas de forma abrupta y otras con el paso del tiempo, en la indiferencia”. 

Si una amistad está destinada a prosperar, siempre hay momento para retomar el dialogo ya que, si a pesar de los enojos vuelven a buscarse, es porque allí late una verdadera amistad.