Policiales Domingo, 14 de abril de 2019 | Edición impresa

Cuando los ojos de un civil son herramientas de la Policía y la Justicia

Miembros de las fuerzas de seguridad deben valerse de testigos para realizar tareas como allanamientos.

Por Ignacio Zavala Tello - izavala@losandes.com.ar

Gastón no entendía bien lo que pasaba. Dos tipos se bajaban de un auto particular con chalecos policiales en las primeras horas de la mañana y le indicaban que debía acompañarlos. Él había leído sobre robos encabezados por falsos policías en Mendoza y por segundos hasta lo que le habían contado de épocas de la dictadura pasó por su cabeza. Pero se tranquilizó cuando comprobó que eran efectivos que estaban haciendo uso de una herramienta legal a la que no podía negarse, por tratarse de un deber ciudadano: fue testigo de actuación en un allanamiento.

 

Los testigos de actuación de procedimiento policial o judicial son los que las fuerzas de seguridad convocan para dar legalidad a una diligencia procesal en el marco de una causa penal. Es deber de todo ciudadano y una carga pública estipulada en el Código Procesal Penal (CPP), por lo que negarse a participar no es una opción.

“Por ley, necesitás llevar una persona que no esté relacionada con la causa investigada, ni con policías, ni con el lugar allanado o las personas sospechadas porque si no el procedimiento puede estar viciado de nulidad”, explica a Los Andes un policía con 25 años en la Fuerza.

Y agrega: “Se identifica al testigo en la vía publica -cerca de la Terminal de Ómnibus, por ejemplo- se le explica de qué se trata y, por más que la persona no quiera, debe acompañar al personal. Luego se le toman y todos sus datos y se procura resguardar su integridad física en todo momento”.

 

El artículo 141 del CPP establece que “no podrán ser testigos de actuación los menores de 18  años, los dementes y los que en el momento del acto se encuentren en estado de inconsciencia”.

De manera que, salvo esas excepciones, los demás ciudadanos están obligados a desarrollar esa tarea. Aunque puede depender de las circunstancias personales del testigo, de la situación y de la “flexibilidad” de los uniformados en cada ocasión.

Por ejemplo, hace dos semanas Pablo (36) se dirigía a su trabajo. Cuando faltaban 10 minutos para las 7, horario en que debía ponerse detrás de un micrófono radial, una camioneta de la Policía se detuvo frente a él.  

Dos policías descendieron y le indicaron que debían llevarlo como testigo a un allanamiento. Cuando Pablo les explicó a los uniformados adónde se dirigía y cuál era su profesión, los policías desistieron y lo dejaron continuar su camino. 

En los ojos del testigo

“Estaba en la parada del micro en calle Pedro Molina. Eran las 8.15 porque entro a las 9 a laburar. Estaba con mi cafecito en la mano cuando vi un auto particular que frenó y bajaron dos tipos con chalecos que decían ‘Policía’ pero estaban de civil”, recuerda Gastón, un chef de 40 años.

Y sigue: “Me preguntaron para dónde iba y me dijeron que me tenían que llevar como testigo de un allanamiento. No me negué porque sabía que no podía. En total eran cuatro, me hicieron subir al auto y me preguntaron si tenía que avisarle a alguien. Llamé al laburo y avisé que iba a ir más tarde”.

Cautela. Los testigos se buscan lejos del lugar a allanar. | Los Andes

Una mezcla de sensaciones lo invadieron. “Al principio sentía nerviosismo y miedo porque no sabía de qué se trataba, me daba miedo no saber dónde me iban a llevar. Después se me pasó. Me tomaron todos mis datos y cuando les pregunté adónde íbamos, me respondieron y me llevaron a un barrio en Guaymallén, cerca del carril Urquiza”, relata el cocinero.

La seguridad del testigo es primordial. Por ello los uniformados de distintas fuerzas deben asegurar primero el lugar. Una vez que las amenazas hayan sido neutralizadas y todo esté bajo control deben hacer ingresar al testigo a la escena. “En muchos casos al testigo se le coloca un chaleco, no sólo por su seguridad, sino para despistar a los sujetos allanados y que no se la agarren con él o lo reconozcan como testigo”, aclara un efectivo consultado.

 

Un miembro de la Dirección General de Lucha Contra el Narcotráfico agrega que en los allanamientos por drogas se busca que los testigos sean de zonas alejadas para evitar posibles represalias de los narcos con el observador. En esos procedimientos la velocidad de irrupción de la Fuerza y del testigo es clave porque los buscados intentarán deshacerse cuanto antes de las sustancias ni bien sepan que han llegado por ellos. 

“Tenemos una orden”

“Llegamos a una casa-esquina, de clase media de dos pisos. Se presentaron y dijeron que estaban buscando a tal persona. El dueño de casa les dijo que era el nieto pero que no estaba. Yo escuchaba todo desde adentro del auto. Le explicaron que tenían que entrar porque tenían una orden. Me hicieron bajar y me pidieron que estuviera atento y no me comunicara con nadie de la casa, sólo con ellos”, continúa su relato Gastón.

Los nervios del cocinero ya se habían disipado y ahora de él se apoderaba la curiosidad. “Tenía que ver la búsqueda de varios objetos como celulares, una tablet, ropa. Esos elementos estaban denunciados como robados por el pibe que buscaban. La Policía les dijo a todos que si tenían dinero en sus habitaciones, lo buscaran y se lo quedaran”, recuerda.

“El testigo tiene que ir detrás del oficial que va revisando. Debe ver cada cajón que abre, si da vuelta un colchón, debe estar atento a todo el accionar del personal. Porque después va a ratificar o rectificar el accionar de los efectivos ante la Justicia”, explica un experimentado investigador.

Como el procedimiento se realizó hace pocas semanas, Gastón tiene vívidos en su memoria los momentos: “Acompañé a dos policías que iban habitación por habitación revisando todo. No encontraron nada. Después volvimos al living, donde estaba toda la familia reunida y había otros cuatro policías que habían llegado. Les explicaron el procedimiento y les hicieron un montón de preguntas, como dónde podían encontrar al chico que buscaban”.

 

“Me hicieron firmar el acta que se labró y me trajeron hasta el laburo. En total, estuve dos horas y monedas”, detalla Gastón. El procedimiento que le tocó observar fue relativamente corto. Dependiendo del operativo, un testigo puede permanecer por horas en ese rol, sin que esté estipulado un término máximo.

Una vez que el procedimiento ha concluido, y si el testigo de actuación ha sido “levantado” en otro lado, una comisión policial lo trasladará a su casa o al lugar que indique. Tras la firma de las actuaciones, la Policía extiende una constancia sellada de la participación como testigo de actuación para presentar ante quienes lo requieran. “Me dieron una constancia, me pusieron el horario en el que habían terminado de requisar todo y lo presenté en Recursos Humanos de mi trabajo para justificar las horas que me había ausentado”, detalla el chef. Y concluye: “Debo reconocer que los policías fueron muy respetuosos y laburaron bien; nunca trataron mal a nadie. Se comunicaron con respeto hacia todo el mundo”.

 

Con la firma del testigo, el efectivo que tenga a cargo el registro de las actuaciones sólo habrá iniciado otra etapa de un extenso papeleo.

Claves

- Los efectivos de las distintas fuerzas deben buscar un testigo, que puede ser presencial (que vio los hechos) o de actuación (para procedimientos que vayan a realizarse). 
 
- La persona no puede negarse a ser testigo ya que es un deber ciudadano contemplado en el Código Procesal Penal. Se los busca en la vía pública y se los traslada al lugar donde se desarrolle el operativo en cuestión. 
 
- En el lugar, el testigo debe acompañar en todo momento a los uniformados y observar todo lo que ocurra. Luego deberá firmar el acta del procedimiento y recibirá una constancia de su participación