Escribe el Lector Sábado, 18 de enero de 2020 | Edición impresa

Cuando las palabras duelen, adiós a José Martí - Por Mercedes Fernández

Por Mercedes Fernández - Poeta-escritora

Decir ¡adiós! a la mentira vana y hacia otras playas dirigir el vuelo... 

José Asunción Silva 

Todo es quietud: un artista se fue. “Pepe” Martí, para los amigos, José Martí para quienes lo conocieron como hombre de la cultura mendocina, ha partido. Le llegó el momento tan temido de la partida final.  

Dicen los que tal vez saben, que para quien se va le llega la hora de desenrollar las alas, de expandirse, de soltar amarras. Pero quienes quedamos expectantes ante la desaparición física, somos los que lo conocimos como amigo y como artista. 

Una de las cosas más tristes y amargas de la vida es tener que decir adiós, palabra maldita si se quiere. Pero aunque las palabras duelen, las palabras sanan, las palabras pueden ayudarnos a explicar lo que sentimos ante una pérdida. 

Porque las despedidas no son para siempre. Las despedidas no son el final. Simplemente quieren decir: te echaremos de menos hasta que nos encontremos de nuevo.

Nos quedaremos en este valle cuya brisa te sedujo hasta el apasionamiento y desde niño te empecinaste en pintar el aire mendocino, los patios de tierra, las flores del cardón, los cielos lujuriosos de estrellas, los perfiles de la cordillera sin la que no somos nada. 

He intimado con miles de cosas tristes, pero esta despedida es muy dura. Tener que decir adiós a alguien que, como “Pepe” Martí hizo de la amistad un altar, que sonrió siempre ante la felicidad o ante la adversidad, que fue un hombre con principios contundentes, agrega la congoja de saber que no volveremos a escuchar aquella risa reconocible ni a escuchar el candor de sus bromas chispeantes. 

José Martí nació en Mendoza en 1930, vivió gran parte de la vida en Las Heras junto a Ofelia, su gran compañera, y Hugo y Sandra, dos hijos que siguieron el camino del arte. Entrar al círculo de la familia Martí era asistir a un hogar en el que el arte se vivía en cada rincón de la casa.  

El mismo Pepe decía emocionado y con la vista perdida en incontables anécdotas del largo camino de artista, que para él “pintar era respirar”. Y lo señalaba muy frecuentemente como una lógica frase que lo describía como un pintor orgulloso de ese quehacer. 

Egresó de la Academia Provincial de Bellas Artes en 1963 con el título de profesor de Dibujo y Pintura. Fue docente y gestor cultural. Entre los años 1983 y 1985 se desempeñó como director del Museo Provincial de Bellas Artes Emiliano Guiñazú-Casa de Fader y entre 1985 y 1987 fue responsable de Cultura de la Provincia. Además, cuentan entre los antecedentes destacados, más de dos centenares de muestras en el país y el exterior.  

“Mis obras tienen mucho color y textura, porque el paisaje es brillante y se compone de múltiples formas”, dijo Martí en ocasión de un homenaje a la trayectoria como gestor cultural y como artista plástico que le hiciera la comuna lasherina en 2018. Es que las naturalezas elegidas del paisaje natural eran resignificadas por él en obras que expresan la entidad y los sentires de una acuarela, material que le era muy afín. Martí vivía la sensualidad del paisaje, lo escarbaba, lo profundizaba, lo percibía. Esas experiencias para él vitales, fueron traducidas en lo que nos deja: el legado claro de un lenguaje muchas veces figurativo, muchas veces abstracto, rebosado de formas, matices y tramas. 

¿Qué decir? ¿Que la vida sigue? ¿Que esto estaba ya establecido porque el tiempo es nuestro dueño? ¿Que ahora quedan los pinceles, los pomos, las obras a medio hacer, la incomparable y prolífica obra que tamizó la vida de nosotros, quienes gozamos de ella? Estas preguntas me las hice cuando nos dejara José Scacco. 

Adiós, Pepe. No, mejor, hasta pronto, amigo. Gracias por haber decidido desde pequeño ser un artista y retratar el mundo con óleos, acrílicos e incomparables acuarelas.

Mercedes Fernández - Poeta-escritora