Opinión Domingo, 15 de marzo de 2020 | Edición impresa

Coronavirus: de la indiferencia y la psicosis a la solidaridad - Por Alejandra Vargas

Por Alejandra Vargas - avargas@losandes.com.ar

Dicen que la letalidad es baja (aunque varía según los países), que otras enfermedades y males sociales matan más gente, que se trata de una alarma desmedida. Puede ser. No lo sabemos. La historia lo juzgará. La ciencia lo explicará. Por ahora, en lo único que hay consenso es en el alto -y sorpresivo- nivel de transmisibilidad.

Desde que se conocieron los primeros casos de coronavirus Covid-19 hasta hoy ha pasado mucha agua debajo del puente. Desde este punto del mapa se veía como lejano, como que nunca llegaría a estas tierras. Los comentarios xenófobos apuntaban a la sopa de murciélago que nos impactó con su foto y a otras costumbres orientales.

El mundo estaba más o menos ajeno hasta que Italia vio su realidad y decidió poner en cuarentena al país entero. Se tuvo que llegar a esto porque la falta de solidaridad impidió que funcionara el autoaislamiento preventivo -aquel por el cual debían quedarse en casa quienes tuviesen síntomas o hubiesen viajado a los países entonces expuestos al virus-. Hasta el jueves pasado 15.113 personas habían contraído el virus, de las cuales casi la mitad estaba hospitalizada, 1.016 habían muerto y otras 1.258 se habían recuperado. España, por su parte, ha registrado 5.200 enfermos, de los cuales 136 han fallecido y 193 se han recuperado. En tanto, Francia ha sorprendido con 800 casos nuevos en 24 horas, mientras China advierte que cada día tiene menos casos.

“Creo que nadie pensaba, y yo me incluyo entre ellos, que esto podía adquirir en un país como el nuestro las dimensiones que ha tomado”, admitió -al diario español El País- Santiago Moreno, jefe de servicio de enfermedades infecciosas en el hospital público Ramón y Cajal de Madrid, uno de los que está haciendo frente al coronavirus. Y apuntó hacia las ciudades españolas que tienen menos enfermos: “Sería un error pensar que como tiene pocos casos no las necesitan (las medidas preventivas como la cuarentena general). Si actúan así, es muy probable que acaben con muchos infectados. Pero si aprovechan la suerte de que no les ha llegado el virus con tanta intensidad e instauran las mismas precauciones, pasarán la epidemia más suave”.

Con el correr de las horas, los números cambian (seguramente, los datos anteriores no serán los mismos mientras se lee esta columna). Argentina apareció en el mapa con casos confirmados y muertes. Así, la Organización Mundial de la Salud declaró la pandemia: son 110 países los que cuentan al coronavirus entre sus habitantes, de esta manera creció la ansiedad y la paranoia en el extremo sur del planeta.

Entonces, ese microclima de Twitter y Facebook con memes, burlas, mensajes preventivos, alertas, conteos de casos, informes oficiales, fake news, recomendaciones médicas, preocupación, hartazgo, indiferencia… se trasladó a las calles, a las mesas familiares, a los cafés, a los grupos de WhatsApp (que a esta altura más que la herramienta de una red social se han convertido en un gran conventillo).

Los especialistas insisten en que no hay que alarmarse, que hay que respetar las indicaciones. Pero ante el “sincericidio” del ministro de Salud de la Nación -quien abiertamente admitió que el coronavirus llegó a la Argentina antes de lo esperado- cuesta mantener la calma. Y mientras se declaraba la Emergencia Sanitaria, se cancelaban uno a uno los eventos artísticos y deportivos programados para marzo y parte de abril, se reducen vuelos… muchos mendocinos salieron en masa a stockearse de alimentos y artículos de limpieza (antes, varios de ellos habían empezado a comprar barbijos y ahora, agotaron alcohol en gel y lavandina en algunos supermercados).

La psicosis colectiva pide a gritos que las autoridades escolares del país y de la provincia determinen la suspensión del dictado presencial de clases, así como ya lo han ordenado varios centros universitarios de Mendoza. En el mundo, según la Unesco, son 26 los países que han decretado el cierre de escuelas a nivel nacional y otros 20 que han ordenado el cierre localizado; se estima que son más de 376 millones de estudiantes privados de escuelas; por ello, el organismo internacional pide redoblar los esfuerzos para poner en marcha programas de enseñanza a distancia. El argumento que dieron los ministros argentinos (salvo el de Jujuy que ya suspendió las clases por dos semanas) es que el Covid-19 tiene mayor incidencia entre los mayores de 65 años y que si los niños no van a la escuela terminan al cuidado de los abuelos ya que los padres deben concurrir a sus trabajos y eso deja más expuesta a la población en riesgo.

Otro fundamento a nivel nacional es que Argentina -tal como resume el especialista mendocino Sergio Saracco a través de su cuenta de Twitter- está en la fase de contención, con algunos casos de transmisión local relacionada a contactos estrechos, pero sin circulación comunitaria.

Por eso, insisten en el lavado de manos con agua y jabón, en la desinfección de superficies con agentes basados en etanol o lavandina, en evitar tocarse la cara, en tomar distancia de los desconocidos. Han circulado canciones como la de Jorge Drexler o el video de Gloria Gaynor que enseña a lavarse las manos que se han viralizado, pero también hay un pedido constante en decenas de mensajes de anónimos que están viviendo su cuarentena en Italia o España: solidaridad para pensar en el otro y no ponerlo en peligro de contagio.

La colega Alejandra Beresovsky (diplomada en Periodismo de Salud, que se desempeña en el diario cordobés La Voz) lo resume claramente en su cuenta de Twitter: “Este es un momento para: Unirnos (de las emergencias se sale unidos); seguir las recomendaciones del día (porque esto es dinámico) de las autoridades sanitarias; evitar otras contingencias, incluidos accidentes”.