Opinión Sup. Economía Domingo, 21 de julio de 2019 | Edición impresa

Con miedo, la economía no puede funcionar - Por Rodolfo Cavagnaro

La campaña política está teñida con anuncios de catástrofes, pero ninguna propuesta que sea creíble para superar la crisis.

Por Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes

“El miedo ha sido siempre fiel aliado del poder. Nos han inoculado el miedo a la inseguridad económica, al paro, al otro, al que viene a disputar los pocos empleos que se crean… Y ese miedo, que adopta rostros inéditos, da paso al cabreo y a la indignación: estamos entrando con lentitud en esa segunda fase”; La economía del miedo; Joaquín Estefanía, Barcelona, 2011.

Esta frase del libro, del ex director del diario madrileño El País, pone de manifiesto el rol que juega el miedo en la economía y cómo es usado por los políticos para obtener favores de los votantes en su beneficio. Esto, más allá de los intereses en juego, donde también intervienen funcionarios, economistas, medios de comunicación y ataca a operadores, empresarios consumidores temerosos de perder algo, ya sea material o simbólico, desde un ahorro hasta la vida misma.

El miedo paraliza. En economía se estudia mucho el rol de los incentivos, que son las señales que los operadores reciben autoridades y operadores significativos. Esos incentivos pueden ser positivos y consisten en señales que generan confianza y hacen que los empresarios decidan hacer inversiones que llevan un tiempo hasta recuperarse y a los consumidores a asumir deudas que están seguros podrán pagar.

Los incentivos negativos son las señales que hacen advertir a los operadores de la presencia de riesgos potenciales a corto o mediano plazo. En una sociedad como la Argentina, los ciudadanos están tan acostumbrados a la crisis que generan los políticos, que han desarrollado una sintonía fina para advertir estas señales. Esto se traduce en corridas a comprar dólares, fuga de capitales, menos producción y aumentos de precios preventivos, temor a perder trabajo. Tanto las expectativas positivas generan acciones que termina generando la situación esperada, lo que suele graficarse como “profecía auto-cumplida”.

Mis referencias al miedo son porque se advierte en actual campaña política un uso casi vergonzoso, tanto del oficialismo como de la oposición de escenarios de miedo y terror si ganara el otro. El planteo de estas expectativas han conseguido paralizara los ciudadanos. Desde los empresarios hasta los consumidores todos actúan con miedo y esto alimenta la recesión, por menor consumo y menor trabajo y alta inflación, por la cobertura de las empresas ante el miedo de perder algo.

Leves mejoras en la crisis

Argentina sigue viviendo una profunda crisis, expuesta al terminarse el financiamiento externo y la necesidad de tener que hacer ajustes, aunque, nuevamente, lo está haciendo el sector privado para beneficio del sector público. Uno de los flagelos ha sido el de la inflación, que se aceleró el último año, con varios rebrotes, como ocurrió en marzo pasado.

Desde entonces, el índice de precios comenzó a bajar lentamente alentado por dos factores fundamentales. El primero fue la autorización del FMI para que el BCRA pudiera intervenir en el mercado cambiario. Esto tranquilizó al mercado, cuando los operadores se dieron cuenta del poder de fuego de la autoridad monetaria. El otro factor fue la decisión de no hacer más ajustes de tarifas, que habían sido las que habían motorizado la escalada de precios en el primer trimestre.

Esta semana el Indec confirmó una leve desaceleración de la inflación, ya que el IPC de Junio dio 2,7%, contra el 3,1% de Mayo. Lo más significativo es que haya bajado de los 3 puntos y pueda seguir bajando, aunque los registros siguen siendo muy elevados. En este sentido preocupa la persistencia de los aumentos de algunos rubros como alimentos, donde los lácteos siguen presionando fuerte. 

Es posible que, ante la cercanía electoral, muchas empresas hayan decidido aumentar precios aprovechando la leve recuperación del consumo, ante la mejora de muchos salarios. Esto se hace para cubrirse y es otra manifestación del estado de miedo (que en algunos casos significa pánico). No obstante, los precios mayoristas y de la construcción crecieron un 1,7%, la tasa más baja desde enero pasado y esto augura una baja en los minoristas para Julio.

También comienzan a aparecer algunas mejoras en la actividad industrial, que se verán reflejadas de los índices del mes de junio, mientras en el sector comercial ya se aprecian mejoras en las comparaciones intermensuales. El movimiento turístico de las vacaciones de Julio dejará, posiblemente, nuevas mejoras, como indicador de estas mejoras que también se reflejan en las estadísticas de confianza de los consumidores.

En el caso de la economía provincial, es notoria la mejora en el consumo de vinos en el mercado interno, así como también se registra una mejora en las exportaciones. En otros rubros, la rebaja de 1 peso en las retenciones a las exportaciones de frutas y hortalizas podrían mejorar también el nivel de las exportaciones, habiendo muchas expectativas en el caso de las ciruelas desecadas y en el ajo mendocino. 

Lo que venga en el futuro dependerá de que se terminen con los miedos y los escenarios de catástrofes que se anuncian de un lado y del otro. El crecimiento vendrá de la mano del restablecimiento de la confianza y la esperanza de un futuro mejor y con más trabajo. De los políticos deben venir las señales, con discursos y medidas que apuntalen las mismas. De lo contrario entraremos en el cono que señalaba Joaquín Estefanía donde crecen “el cabreo y la indignación”, y ese no es un buen escenario.