Opinión Miércoles, 24 de abril de 2019 | Edición impresa

Con estanflación no hay crecimiento posible - Por Luis Sarmiento García

Lo que debe hacerse para superar la crisis económica es achicar el estado y disminuir impuestos, previo una seria reforma fiscal.

Por Luis Sarmiento García - Doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales

Promesas falsas  

En esta época pre electoral los políticos en campaña prometen crecimiento, desarrollo, estabilidad monetaria y cambiaria, exportaciones, precios cuidados, consumo, en suma, volver al país del primer mundo que éramos. No es verdad! Ninguno explica cómo, ninguno dice la verdad. Porque la verdad es que con estanflación –inflación con recesión- ninguna de estas promesas es posible.

Ninguno dice que la causa de la inflación es el monstruoso Estado que produce déficit fiscal. Que la emisión monetaria para cubrir el déficit no se puede suprimir porque el pago de impuestos y la presión fiscal (48% del PBI) no alcanzan para cancelar el obsceno gasto público. Ninguno dice que no lo quiere decir ni aceptar porque afrontar la solución les restaría votos y como en general son populistas y fracasados en sus gestiones anteriores, siempre los mismos, prefieren hacer promesas que no podrán cumplir y ser elegidos para saborear algún tiempo el poder y mantenerlo echando la culpa de su seguro fracaso al neoliberalismo, a la oligarquía y obvio, al gobierno anterior.

Es interesante leer a Roberto Cachanosky en Infobae, 3 de abril de 2019 en “La sustitución de importaciones nos llevó a más pobreza” y mi último trabajo en Los Andes del 21 de marzo: “Por qué nuestra inflación es ingobernable”.

Fundamentos

Estanflación y recesión: cuando un país sufre estos fenómenos macro, provocados por los gobiernos, no puede crecer porque nadie invierte ni crea riqueza; solamente cobra cuantiosos impuestos para cancelar el gasto público y así, tampoco alcanzan por su enormidad, de modo que el gobierno emite sin pausa y se endeuda con desenfreno. Se cierran comercios e industrias porque no pueden pagar los impuestos exorbitantes, se despiden empleados y sigue profundizándose la recesión. La curva de Laffer es muy ilustrativa: el contribuyente paga impuestos in crescendo pero al llegar a cierto nivel le es imposible seguir pagando e incurre en mora. La recaudación disminuye y hay que sustituirla con más emisión sin respaldo, acrecentando la ya muy alta inflación.

En estas condiciones, pretender inversores locales es absurdo. Y los inversores extranjeros de ninguna manera optan por invertir en países enfermos. Así prometer crecimiento y desarrollo es una simple mentira electoral. Estos candidatos no pueden ser votados porque se vuelve a otra -ya innumerables- frustración o estafa electoral. Aunque parezca absurdo que los precios suban cuando no hay actividad económica por recesión, continúa la emisión monetaria y el alza de precios. Argentina es el ejemplo perfecto.

La inversión que no llega

Muchos resuelven invertir en un país estable con escasa o nula inflación. Los gastos y costos estables le permiten una utilidad segura, y con mayor inversión, aumentará también la utilidad y la inversión y así sucesivamente. Pero en un país inflacionario, la utilidad disminuye cada vez más y los costos y gastos generales aumentan hasta tal punto que el empresario pierde toda su inversión y necesariamente recurre a procesos preventivos, concurso de acreedores y quiebra. Ante este sombrío panorama, haberse animado a invertir resulta funditorio para la empresa.  

Esto es lo que sucede en Venezuela, Argentina y demás países inflacionarios. Los políticos prometen crecimiento pero sin empresarios que inviertan, resulta imposible. Esto es el populismo, las mentiras de campaña, las promesas que no se pueden cumplir, todo lo cual deriva en una nueva frustración del pueblo. Así pasó durante 80 años en nuestro país.  

¿Qué debe hacerse entonces?

Lo reitero: achicar el Estado y proporcionalmente bajar el número y disminuir el monto de los impuestos, previo una seria reforma fiscal, previsional y laboral. Achicar el Estado significa adecuarlo a la capacidad contributiva de la población disminuyendo ostensiblemente la presión fiscal.

El ahorro que ello conlleva se destina al consumo y reactivación de la economía y a la salida de la recesión con inversiones genuinas y crecimiento, ahora sí, de la producción de bienes y servicios o sea, del producto bruto interno (PBI), eliminando paulatinamente la nefasta inflación porque la emisión descontrolada ya no será necesaria.

Por qué fracasó económicamente Macri

Ya sabemos de su gradualismo y de los errores políticos y comunicacionales de su gobierno, sumados a la inexperiencia e ineficacia de sus ministros y colaboradores. Pero lo fundamental es que no solo no achicó el Estado ni bajó los impuestos sino que manteniendo y agrandando al monstruo, superó la inflación de Cristina y de los inútiles gobiernos anteriores. A la fábrica de billetes anexó la toma de préstamos de miles de millones de dólares que han agravado aún más la comprometida situación del país. Y para coronar sus errores confirma su rumbo como correcto sin escuchar ni pedir asesoramiento muy calificado no político, como el que tiene el país.

Pero no podemos intentar solucionar estos problemas volviendo al pasado y al populismo y demagogia. Las recetas de estas deformaciones de la democracia ya las conocemos: consumo con mayor emisión, sustitución de importaciones, precios cuidados mentirosos, mantener el Estado como agencia de colocaciones políticas, regalar el costo de servicios públicos, no aumentar el número de contribuyentes y preparar las sucesivas crisis que hemos padecido décadas cada diez años. Sin trabajo, seriedad y sacrificios nada se logra.  

Es increíble que Cristina, en silencio total, gane en las encuestas frente a Macri, multiprocesada por corrupción, lavado, defraudación y otras delicias.

Este es el mejor regalo que nos brinda el Presidente: volver al pasado que tanto nos dañó.